En la primavera de 2013 Estambul se vio envuelta en unas convulsas protestas, desencadenadas por los planes del Gobierno de Recep Tayyip Erdogan para construir un nuevo complejo comercial en el céntrico Parque Taksim Gezi. La amenaza contra este pequeño parque fue apenas la punta de un iceberg mayor: un proyecto megalomaníaco de urbanización y privatización de bienes comunes: bosques, recursos hidráulicos, espacios públicos y la demolición de barrios enteros; planes que, cuatro años después, continúan a pasos agigantados.
La gentrificación y el turismo de masas transforman la identidad de uno de los barrios con más solera de Bilbao. En el mismo palmo de realidad donde unos se frotan las manos, otros se las echan a la cabeza: apenas un puñado de céntricas calles en la margen izquierda de la Ría han pasado de sobrevivir ignoradas, a la sombra de estigmas como la prostitución, la pobreza, la delincuencia y la drogadicción, a convertirse en el destino de moda de la ciudad.
Sâo Paulo, Ciudad de México, Nueva Delhi, Madrid, Bilbao. Ya sean megalópolis o cuenten con menos de 100.000 habitantes, todas las ciudades afrontan en la actualidad retos en cuanto a contaminación y movilidad, y muchas de ellas hacen frente a problemas relacionados con la masificación turística y la gentrificación. Las ciudades del mundo se enfrentan a la necesidad de convertirse en espacios más sanos y habitables, con mejores políticas de transporte público, diseñadas no para los coches sino para desplazarse en autobús, en tranvía, en bicicleta o a pie, para hacer deporte, para crecer y jugar, en definitiva, para vivir.