En la ciudad de Leiden, el historiador de la cultura Johan Huizinga publicó en 1923 lo que en principio iba a conformar el marco contextual que diese sentido a las pinturas de los hermanos van Eyck. El otoño de la Edad Media comienza su estudio desde las bases de la cotidianeidad: el tono de la vida. Se trataba de hallar los patrones de comportamiento, las improntas de mentalidad que subyacían en los Países Bajos y Francia durante la Baja Edad Media.
Hannah Arendt es sobre todo conocida por el gran público a raíz de que en 2012 llegara a la gran pantalla la película de Margarette von Trotta en la que se cuenta el episodio más conocido y controvertido de la historia de las ideas de la filósofa.
Este año se cumplen treinta años de la muerte de Michel Foucault (1926-1984). Pensador del que sería difícil trazar un retrato intelectual de un solo trazo (pues, según su propio testimonio, escribía “para no tener ya rostro”), consideraba sus libros ante todo como intervenciones. “Quisiera construir libros bomba”, decía, “libros útiles precisamente en el momento en el que alguien los escribe o los lee. Y que desaparecieran luego”. Así, Foucault soñaba con libros imposibles que brillaran con la fuerza del acontecimiento y posibilitaran una transformación antes de verse reducidos a ceniza.
“La comunidad carece del soborno capaz de tentar al hombre sabio”. Pareciera que estas palabras se acabaran de escribir en estos momentos. Casi a partir de ciertas noticias de actualidad. Sin embargo fueron escritas en el siglo XIX, en un breve tratado que Henry D. Thoreau llamó Desobediencia civil (1846)[1]. El autor acababa de ser encarcelado por negarse a pagar los impuestos y, a partir de dicha experiencia, ordenó en este pequeño librito su pensamiento y filosofía de vida.
Algo en lo que todas las especialistas (no sólo) económicas parecen concordar es en que la llamada “financiarización” de la economía ha supuesto una de las últimas transformaciones relevantes del capitalismo. Nosotras vamos a proponer la lectura de este proceso desde una categoría decisiva que hoy se convierte ya en urgente y global: la deuda. Y para ello nos apoyaremos en la última obra del filósofo italiano Maurizio Lazzarato: La fabrique de l’homme endetté (Paris, Amsterdam, 2011).
Es difícil en estos tiempos violentos y convulsos afirmar que “nada de lo humano me es ajeno”, y aún más difícil defenderlo en voz alta. Es complicado, en el sistema duro y mordaz en el que estamos instalados, afirmar e incluso defender “trata a los demás como quieres que te traten”. El autor que hoy nos ocupa así lo hizo.