2017 es un año de aniversarios para Addameer. La organización cumple 25 años defendiendo los derechos humanos de las presas y presos políticos palestinos y sus familias y sensibilizando por todo el mundo sobre lo que ocurre en Palestina, que vive bajo ocupación desde hace 50 años. Se están organizando multitud de eventos que conmemorarán esta efeméride. Aquí recogemos uno de ellos en una conversación con Sahar Francis, abogada, activista por los Derechos Humanos y directora de Addameer. Sahar nos invita a tomar conciencia, justo el significado del nombre de la organización en castellano, y actuar en pro de los derechos humanos.
La noche en que Trump ganó las elecciones a la presidencia de los EE UU, muchas palestinas y palestinos de Ramallah, la ciudad de Cisjordania donde se encuentra el Gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), estaban pegados, como no podía ser de otra manera, a las pantallas de sus televisores, esperando a que el pueblo estadounidense, con sus papeletas electorales, determinara el futuro de su propio país. Un país que aún está por nacer, tras 24 años de los Acuerdos de Oslo, que reconocía el derecho a la autodeterminación de Palestina, y 15 años después de que el Cuarteto de Oriente Medio diseñase la Hoja de Ruta para la paz.
Tras cumplir en abril los cien días de rigor, diarios y televisiones de todo el mundo abrían sus ediciones con crónicas en las que hacían balance de la presidencia de Donald Trump. “Mucho ruido y pocas nueces”, titulaba Peter Baker en la edición en español de The New York Times[1]; “La realidad vence a Trump”, destacaba Jan Martínez en El País[2]; “Trump, un pato cojo tras 100 días”, encabezaba su crónica Pablo Pardo, corresponsal del diario El Mundo[3] en Washington. Son solo algunos de los titulares que retratan el inicio de mandato del magnate metido a presidente, que parece haber oscilado entre la bravuconada y el choque con la realidad sin por ello perder pujanza política entre su electorado.
El atentado fascista en París contra la redacción del semanario 'Charlie Hebdo', que ha arrebatado la vida a 12 personas, entre ellas a los cuatro dibujantes Charb, Cabú, Wolinsky y Tignous, deja una doble o triple sensación de horror, pues está agravada por una especie de eco amargo y sucio y por una sombra de amenaza inminente y general. Está sin duda el horror de la matanza misma por parte de unos asesinos que, con independencia de sus móviles ideológicos, se han situado a sí mismos al margen de toda ética común y por eso mismo fuera de todo marco religioso, en su sentido más estricto y preciso.
La Unión Europea amplía fronteras y gana Estados a la vez que se incrementan las tensiones internas, avanza la extrema derecha elección tras elección y crecen las especulaciones sobre la ruptura de la eurozona. ¿Cómo es posible que se den todos estos fenómenos a la vez? El libro 'El último europeo', publicado por La Oveja Roja, intenta diseccionar la esencia de la UE, su comportamiento y jerarquía de intereses, abordando temas diversos pero complementarios: geopolítica, energía, armamento, migraciones y extrema derecha. En estas páginas preguntamos a Àngel Ferrero, Corina Tulbure y Roger Suso, coautores de la obra junto a József Böröcz, por algunas de estas cuestiones clave para entender dónde nos encontramos.
La caída del presidente ucraniano Viktor Yanukovich en febrero fue presentada a la opinión pública por la Unión Europea, Estados Unidos, Fondo Monetario Internacional (FMI) y los grandes medios de comunicación occidentales como el triunfo de la democracia y la modernidad frente a un anacrónico y autoritario oligarca prorruso. ¿Pero representa esos principios el nuevo presidente, Petro Petroshenki, el rey del chocolate, o es más de lo mismo? ¿Qué credibilidad tiene la defensa de Putin de los derechos humanos y la autodeterminación de la población rusa de Ucrania?