La Economía Social y Solidaria aporta un rico y diverso abanico de emprendimientos socioeconómicos que funcionan con una lógica diferente a la lógica competitiva de los mercados capitalistas, rescatando modos de funcionamiento basados en la reciprocidad, el altruismo, la solidaridad y la cooperación y poniendo a las personas, y la sostenibilidad de la vida, por encima de la obtención de beneficios.
Más que hablar de economía, la propuesta tiene que ver con la v ida que queremos vivir. Necesitamos pensar modos de organización social que trasciendan los marcos interpretativos que le dan sentido en la actualidad, sobre todo los que constituyen y perpetúan sistemas de desigualdad. Desde los distintos feminismos existe una clara apuesta por un cambio en este sentido. Lo difícil en estas reflexiones es salir de las f ormas de entender las relaciones que establecemos entre nosotras[1,] el trabajo, la organización del tiempo, las maneras de hacer , cuando creemos que en nuestros colectivos “ya lo hemos superado todo”.
Escritora, activista y profesora de la Universidad de Hofstra de Nueva York, Silvia Federici es una referente en la economía feminista. Hablamos con ella durante el V Congreso Estatal de Economía Feminista [1] sobre cuestiones como el sistema capitalista, las alternativas soñadas y en marcha, la lucha salarial, el trabajo doméstico, la quema de brujas y el imaginario popular.
2014 ha sido el año de la lucha feminista, el año en el que miles de mujeres han ocupado las calles reclamando, una vez más, el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos y vidas. 2014 ha desempolvado pancartas y lemas para gritarlos con energía y rabia, a veces incluso con la perplejidad que suponía para algunas revivir momentos ya pasados. Ha sido un año que ha visto la creatividad y la vida de un movimiento feminista, uno, conformado por muchos diferentes feminismos. Un año entendemos duro para quienes llevan augurando la desaparición y la no vigencia de las propuestas feministas, para quienes califican de caduco y obsoleto un movimiento que nunca estuvo muerto pero que, incluso, se ha fortalecido y rejuvenecido en estos meses.
Ana Isabel Arenas es uno de los rostros académicos más habituales a la hora de analizar, desde un enfoque feminista, los engranajes del sistema económico colombiano. El auditorio Germán Colmenares de la Universidad del Valle y el teatro La Máscara del barrio San Antonio, ambos en Santiago de Cali, le sirven como telón de fondo para desglosar los avances de la Ley 1413 sobre la economía del cuidado. Con muchos menos argumentos se han conquistado derechos, pensó, y con muchos más se han perdido, calló. “Los programas tanto de ámbito nacional como territorial dependen de la voluntad política de la administración pública del momento; cuando hay cambios estos proyectos o iniciativas se caen”, reflexiona desde la experiencia que le otorga el ser consultora externa para varios organismos, entre ellos, la alcaldía de Bogotá. Responde a las preguntas días después de sus últimas reflexiones en público.