Desde un comienzo, la singladura del barco del FSLN (Frente Sandinista para la Liberación Nacional) en su segunda oportunidad en el Gobierno fue trazada en dos coordenadas. En la económica, el Gobierno de Daniel Ortega apostó a garantizar los equilibrios macroeconómicos según los parámetros del FMI. Contando con el aval y los recursos de las instituciones multilaterales sería posible mantener ese expediente, demostrando a todos que el FSLN era más hábil que los gobiernos precedentes administrando el modelo neoliberal, combinando los equilibrios macroeconómicos con algunos programas sociales de erradicación de la pobreza
La situación política actual de El Salvador debe verse a la luz de la instalación del nuevo Gobierno encabezado por Mauricio Funes, a partir del primero de junio del presente año, resultado de la victoria electoral del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Este nuevo Gobierno ha iniciado su gestión en un contexto sumamente complejo y difícil, dada la situación internacional, que se sigue caracterizando por el estado de crisis económica generalizada y global, con epicentro en los Estados Unidos y con impactos severos sobre la economía del país. Esta crisis es especialmente grave pues, además de financiera, es una crisis que ha alcanzado al sector real de la economía, es energética y, principalmente, es ambiental; lo cual la hace especialmente grave, si la comparamos con la crisis de los años treinta del siglo pasado.
Diciembre de 2009, décimo tercer año de la paz y vigésimo cuarto de gobiernos democráticos. El balance resulta pobre: violencia, feminicidio, inseguridad, incertidumbre económica y social, incremento de la miseria, remilitarización, represión. Siete de cada diez mujeres y hombres sobreviven en condiciones de pobreza y pobreza extrema (distinción que apenas remarca la línea divisoria entre lo inadmisible y lo inaceptable)1. El 49 por ciento de la población padece desnutrición crónica. Se mueven anualmente 50 millones de municiones y circulan tres millones de armas ilegales. Son asesinadas 18 personas diariamente, 40 niñas y niños al mes, más de 600 mujeres cada año, estas últimas en contexto de tortura (al menos el 35 por ciento de los casos) y violación (al menos el 45 por ciento). Los dirigentes sociales sufren amenazas, persecución, encarcelamiento. ¿De verdad corresponden estas cifras a una realidad democrática y una convivencia pacífica?
Dos hombres anónimos en una ciudad cualquiera una tarde de tantas. Uno afirma ufano: "Me he insonorizado el despacho", a lo que el otro responde con cierta ironía: "Es poco eficaz, es mucho mejor insonorizarse la conciencia". No es un chiste, aunque despierte una sonrisa a medias; es sátira social. Su autor, un conocido dibujante, se deja mecer en su estudio madrileño por un silencio casi místico una mañana de marzo. No es un humorista gráfico, aunque a veces nos haga reír; es un pensador, un hombre que no está encantado de conocerse pero cuyo principal ejercicio es practicar el autoconocimiento. Cada palabra que escribe, cada trazo que dibuja, es una bofetada cariñosa a la conciencia del lector. Conversamos con Andrés Rábago, El Roto, filósofo de la cotidianeidad.
En abril de 2005 presentó su dimisión como presidente del Consello Nacional del BNG (Bloque Nacionalista Galego) y renunció a formar parte de sus listas electorales, que llevaba encabezando desde los comicios autonómicos de 1985. Dos meses después su partido llegaba por primera vez al Gobierno de la Xunta de Galicia, en coalición con el PSOE. Hoy Xosé Manuel Beiras sigue militando en el Bloque, pero en un sector crítico respecto a la línea actual. Ahora disfruta de más tiempo para continuar con la actividad docente, escuchar música, tocar el piano, escribir y acudir de "predicador" allá donde le llaman. En esta entrevista el líder histórico del nacionalismo gallego, economista, ensayista, columnista de prensa, pianista, y ante todo gran conversador, nos lleva de excursión por la periferia del sistema con la seguridad del conductor veterano.
Por si alguien albergaba alguna duda sobre el recrudecimiento del conflicto armado en Colombia tras la investidura de Uribe, la puede dar ya por despejada. La escalada de la violencia contra el pueblo colombiano parece no tener fin, mientras Álvaro Uribe Vélez, presidente reelecto en mayo e investido en agosto de este año, continúa con su estrategia de persecución y exterminio a organizaciones sociales y campesinas.