La situación de las personas refugiadas en las fronteras de la Europa Fortaleza sigue agravándose día a día, aunque en los últimos meses los medios de comunicación masivos hayan desviado la mirada hacia otras problemáticas. A un año de la primera manifestación convocada en toda Europa por parte de la sociedad civil organizada es muy difícil hacer un balance positivo sobre el desenlace de la mal llamada “crisis de los refugiados” (más bien es “Crisis de la Unión Económica Europea”) que no implique la necesidad de seguir recordando la importancia por seguir reivindicando en las calles e instituciones el pleno cumplimiento de los Derechos Humanos de toda persona y evidenciar la ineficacia de las políticas migratorias europeas.
El desalojo de tres centros ocupados para acoger a refugiados en Tesalónica marca otro episodio en la guerra del Gobierno griego contra los esfuerzos de solidaridad de base.
La mañana del 2 de septiembre de 2015 el mundo amanecía y veía cómo las portadas de diarios e informativos repetían sin cesar la imagen del cuerpo del pequeño Aylan Kurdi, de tres años, en la orilla de una playa turca.
La Unión Europea y cada una de sus instituciones nos están dejando cada vez más claro cuál es su papel fundamental. Mientras se desmorona la ficción de un proyecto europeo de unión solidaria de los pueblos para homogeneizar al alza nuestros derechos y libertades, tal y como nos vendieron en los ochenta, asistimos al surgimiento de un dogma. El dogma de que no existen alternativas a las políticas que imponen los poderosos a través de las instituciones europeas. Si antes presenciamos el chantaje para la implantación de políticas económicas beneficiosas para el pueblo y perjudiciales para la mayoría social, hoy volvemos de nuevo al no hay alternativa.
Negociación de cuotas que no acaban de traducirse en reubicación de las personas refugiadas, vallas, drones, controles internos, confiscación de bienes, trabas a la reagrupación familiar, pulseras identificativas, señalamientos y expulsiones. Ante las necesidades de acogida y asilo de las personas que están llegando a sus fronteras, la UE, yerma de sus ancestrales proclamaciones de libertad y seguridad, conculca sus obligaciones y acuerdos. Sin una nueva política europea de Asilo y Migración que priorice los derechos humanos, seguirán muriendo personas en el mar y con ellas se hundirá también el proyecto europeo.