Andrea Torres Bautista, abogada y coordinadora del área jurídica de la Fundación Nydia Érika Bautista de Colombia asegura que las víctimas de desapariciones forzadas en su país han sido olvidadas en las negociaciones de paz en La Habana y que la situación de violencia, amenazas y persecuciones sigue siendo alarmante.
Carlos Arturo Velandia, quizás todavía más conocido con su nombre de combate en el ELN, Felipe Torres, fue miembro de la dirección nacional del Ejército de Liberación Nacional y vocero político en diálogos de paz con los gobiernos de Ernesto Samper Pizano y Andrés Pastrana Arango, así como en los dos primeros años del primer mandato de Álvaro Uribe Vélez. Preso durante diez años, tras cumplir la pena se exilió siete años y dedicó este tiempo a formarse sobre sobre conflictos y paces en el mundo[1] . En 2014 publicó el libro ‘La paz es ahora, ¡carajo!’, donde a título personal, como en esta entrevista, reflexiona acerca del conflicto armado colombiano y el actual proceso de paz[2] .
Cualquier sociedad, por el mero hecho de estar formada por un conjunto de personas que interactúan entre sí con sus diferentes puntos de vista, intereses, percepciones y necesidades, necesita aprender a desarrollar competencias básicas que lleven a abordar los conflictos de manera creativa y pacífica. Si esto es así en cualquier sociedad, en una que, como la vasca, ha sufrido tanto la violencia, se antoja indispensable. En este contexto, numerosas personas, asociaciones e instituciones, se han implicado en los últimos 25 años para, desde el prisma de la Educación para la Paz y los derechos humanos, construir un país mejor.
Articulo mi exposición en tres apartados. El primero reflexiona sobre el papel de la sociedad vasca en el final del terrorismo de ETA; el segundo indaga en los materiales del enmarcado conceptual de la violencia terrorista desde la gramática del “conflicto”, que subyace a la formulación del “proceso de paz”; el último apunta unas consideraciones sobre el lugar y papel del autodenominado “tercer espacio” (TE).
El País Vasco ha vivido en los últimos años dos conflicto políticos: por un lado, el de no encontrar encaje administrativo satisfactorio dentro del Estado español; por otro, el de la violencia y violación de derechos humanos. Puesto que no parece que por ahora haya condiciones para avanzar en la 'verdad, justicia y reparación' en el marco de los partidos (ni el Gobierno ni el principal partido de la oposición trabajan por ello), lo que hay es que exigir tanto a ETA como al Estado pasos para desbloquear la situación de manera unilateral.
La historia contemporánea de Colombia nos muestra una presencia constante de la violencia y la guerra permeando las relaciones políticas e influyendo en la dinámica económica y social del país. Durante casi dos siglos, la lucha por el poder político se hizo por la vía de la violencia armada: el oponente era, ante todo, un enemigo al que derrotar y, de ser posible, destruir y desaparecer físicamente. El momento actual es clave como posibilidad de romper con el hilo histórico de violencia que ha impuesto el modelo oligárquico como opción para la acción política.