Son muchas las activistas que en estos momentos (da igual cuándo leas esto) están poniendo el cuerpo y arriesgando el pellejo en su lucha contra la precariedad generalizada para cimentar las bases de lo que Judith Butler denomina “un mundo sostenido y sostenible”[1], un mundo diverso donde quepan muchos mundos.
A las elecciones legislativas nacionales de Brasil, marcadas para octubre, llegarán con fuerza candidatos y candidatas de fuera de los partidos políticos para intentar sacar votos a nombres históricos, que ocupan desde hace décadas cargos en la Cámara Federal y en los estados.
Brasil vive días turbulentos. Ánimos a flor de piel, tensión palpable. Mucha incertidumbre acerca de lo que está por venir. Las informaciones nuevas cada momento cumplen el ambiguo papel de esclarecer pero a la vez sumar nuevos puñados de dudas, cada vez más densas y profundas. Cada paso es un salto hacia la oscuridad. Lo que queda es el sabor de la certeza de un futuro oscuro para los próximos años, marcado, posiblemente, por retrocesos democráticos sin antecedentes.
A siete meses de que se celebren las próximas elecciones presidenciales en Brasil, la polarización va incrementándose semana a semana en este país latinoamericano, que se encuentra en los primeros puestos del mundo en cuanto a número de amenazas y muertes de defensores y defensoras socioambientales, de derechos humanos y periodistas. El ascenso de Jair Bolsonaro, de extrema derecha, con un discurso machista, racista y a favor de la pena de muerte, demuestra lo conflictivo que se está volviendo el panorama político brasileño.
En latas de refrescos o paquetes de galletas. En los cubiertos o en las sartenes con las que te has preparado la comida. En el tren que te ha llevado al trabajo o en el coche que te ha traído a casa. Probablemente no seas consciente de la cantidad de veces que has hecho uso del aluminio a lo largo del día. Y es altamente probable que este aluminio provenga de extracciones mineras situadas en un lugar paradisiaco en medio de la Amazonía brasileña, donde haya dejado una estela de violaciones de derechos sociales y ambientales contra poblaciones que ya tuvieron que huir de la esclavitud para sobrevivir.
América Latina ha experimentado un cambio de tendencia en los últimos años que se ha concretado en el aumento de representación de los sectores más conservadores y en el posicionamiento en el espacio público de discursos que atacan directamente las luchas por la emancipación y la igualdad de derechos de las mujeres. El intento de desacreditar al movimiento feminista, pero también el incremento de la violencia y la brutalidad en los asesinatos de mujeres, se identifican con una estrategia de repatriarcalización conectada con la nueva fase capitalista y colonial de acumulación por despojo.