Núcleos urbanos que son ramas de reductos industriales donde la arquitectura y las personas se integran haciendo de las fábricas y chimeneas su entorno natural. La tecnología, los recursos naturales y humanos atraídos por las oportunidades económicas hacen que las vidas de mucha gente en busca de seguridad, e incluso de prosperidad, estén determinadas por el trabajo, las máquinas, el hierro, los salarios, el humo, los horarios, el ruido, la necesidad de respeto y la ilusión de progreso.
Al inicio de la década de los ochenta se abrió un período de reconversiones industriales en respuesta a la crisis económica de los setenta. Algunas personas dicen que tardó en llegar, pero lo cierto es que hoy alguna de aquellas empresas continúan en la cuerda floja y otras cayeron justo antes de esta última crisis, que reventó en 2008 y en la que mucha gente sigue atrapada. Más de 81.000 empleos directos del sector industrial (algunas fuentes multiplican por cuatro la incidencia total con el empleo indirecto) se perdieron entre los ochenta y los inicios de los noventa del siglo pasado en el ámbito vasco. Se calcula que el coste económico de la reconversión hasta los primeros años de los noventa en el Estado español superó los 7.500 millones de euros. Aunque hubo mucho dinero y se dijo que se reindustrializaría, aquellas zonas asoladas hoy son las que más problemas padecen porque la herida no se cerró, sigue en carne viva.
Se bautizó “Reconversión”, pero lo cierto es que el cierre continuado de industrias desde 1980 en el Estado español, el abandono de naves y la creación de polígonos fantasmales, la deslocalización todavía creciente o la turistificación exagerada de algunas zonas no coincide con la definición propuesta por RAE: “Proceso técnico de modernización de industrias”.
Una simpática estampa se ha tornado familiar en los últimos años para el tejido asociativo, social y político vasco: un enorme caballo de cartón-piedra a la cabeza de una marcha de protesta por las calles de una ciudad cualquiera de Euskal Herria. Es el “caballo de Troya” de los tratados de comercio e inversión, un cachivache que entraña una gestión logística cuando menos complicada, pero que genera un indudable impacto visual y simbólico, y que se ha convertido en el “amuleto” de la campaña vasca contra la arquitectura de la impunidad que representa la nueva oleada de tratados de comercio e inversión.
La gentrificación y el turismo de masas transforman la identidad de uno de los barrios con más solera de Bilbao. En el mismo palmo de realidad donde unos se frotan las manos, otros se las echan a la cabeza: apenas un puñado de céntricas calles en la margen izquierda de la Ría han pasado de sobrevivir ignoradas, a la sombra de estigmas como la prostitución, la pobreza, la delincuencia y la drogadicción, a convertirse en el destino de moda de la ciudad.
Que la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) sea un derecho no ha impedido que el Gobierno Vasco haya recortado desde el año 2012 su cuantía, endurecido sus requisitos e incumplido sistemáticamente las leyes que regulan su acceso. Ante esta situación, ocho activistas de diferentes colectivos sociales[1] iniciaron el pasado 24 de marzo una huelga de hambre indefinida en una carpa situada en la Plaza de las Mujeres 25N de Bilbao. Para este sábado 1 de abril se ha convocado una manifestación en la ciudad en defensa de los derechos sociales que partirá a las 17:30 de Sagrado Corazón. Hablamos con Iosu Balmaseda, uno de los portavoces de las personas en huelga de hambre.