El balance de tres décadas de cooperación internacional al desarrollo que hemos conocido en Centroamérica nos deja un saldo que podríamos resumir esquemáticamente como: éxito del “desarrollo”, pinchazo de la “cooperación”.
El balance crítico de lo ocurrido en la última década con los llamados gobiernos progresistas no es una cuestión de pasar cuentas con el pasado, sino de estar en las mejores condiciones para afrontar el futuro próximo, frente a esta nueva oleada neoliberal que acecha al continente y frente a los retos de la crisis global.
El pasado mes de julio, con menos de una semana de intervalo, fueron asesinadas Gloria Capitán, en Filipinas y Lesbia Yaneth en Honduras. Ambas tenían en común ser activistas destacadas en defensa de su comunidad frente a proyectos extractivos. Ambas se enfrentaban a intereses empresariales que no dudan en incluir la violencia en su estrategia y que cuentan con la protección y cobertura de sus respectivos gobiernos.
La Economía Social y Solidaria (ESS) es una economía de personas. Y se hace de, desde, por y para las personas. Esta afirmación que a priori puede parecernos un epíteto, tiene sin embargo hoy más sentido que nunca en este sistema hiperfinanciarizado, donde todo son índices y dividendos que no “olemos”, donde las páginas salmón son códigos cifrados de difícil comprensión y las cuestiones económicas asuntos de expertos, por más que sus decisiones nos afecten en lo más profundo de nuestras vidas.