En un momento de la historia en el que la humanidad se enfrente a la crisis climática, al agotamiento de los recursos para sobrevivir, a la pérdida del valor y el sentido de la vida misma, cuando todo se convierte en una mercancía desechable, cuando la riqueza infame de unos pocos es la principal enfermedad que mata millones de personas, nos preguntamos si existen alternativas al final de este camino o si, por el contrario, estamos condenados al exterminio.
Ante el desconcierto y la sorpresa producidos por la elección del nuevo presidente de los Estados Unidos, expertos, politólogos, periodistas, políticos, gente común y corriente… se aventuraron por todos los rincones del mundo a diagnosticar el “suceso”, a valorar lo ocurrido. Pero, ante tanto ruido, ¿alguien comprende qué ha podido pasar para que se produzca esta pérdida de control?
El 3 de marzo de 2005, el periódico Diagonal publicaba su primer número y ponía en marcha un proyecto comunicativo independiente de partidos, multinacionales y bancos. Sin directores ni jefes, proponía una forma de hacer periodismo basada en la relación directa con los movimientos sociales. El objetivo: conseguir 5.000 suscripciones para llevar a los kioscos un periódico capaz de recoger las principales demandas de estos movimientos y generar con ellas un relato que traspasara el ámbito de las personas ya convencidas.
2017 es un año de aniversarios para Addameer. La organización cumple 25 años defendiendo los derechos humanos de las presas y presos políticos palestinos y sus familias y sensibilizando por todo el mundo sobre lo que ocurre en Palestina, que vive bajo ocupación desde hace 50 años. Se están organizando multitud de eventos que conmemorarán esta efeméride. Aquí recogemos uno de ellos en una conversación con Sahar Francis, abogada, activista por los Derechos Humanos y directora de Addameer. Sahar nos invita a tomar conciencia, justo el significado del nombre de la organización en castellano, y actuar en pro de los derechos humanos.
El balance de tres décadas de cooperación internacional al desarrollo que hemos conocido en Centroamérica nos deja un saldo que podríamos resumir esquemáticamente como: éxito del “desarrollo”, pinchazo de la “cooperación”.
Si algo necesitamos en la actualidad son alternativas que enfrenten al modelo vigente de sociedad global, así como a sus principales protagonistas, las grandes corporaciones. Alternativas no únicamente retóricas, sino concretas, viables, sólidas, basadas en la experiencia, con capacidad para disputar espacios al statu quo, aquí y ahora, con una mirada que vincule presente y futuro. De esta manera, si el capital ahonda su ofensiva contra la vida poniendo en riesgo su sostenibilidad, estamos obligadas a imaginar, prefigurar, ensayar y poner en práctica propuestas que nos permitan transitar hacia formas de vida más vivibles.