La comunicación con todas su letras e inconsistencias se ha convertido en uno de los pocos espacios en los que nos está permitido soñar; aunque sea 'a pies juntillas'. Soñar con otros modelos, otros titulares, otras actitudes frente al caos, otros pies de página, otra gestión de los medios. Otras y otros. A grandes rasgos es un espacio de participación colectiva más o menos determinado por los intereses de los empresarios de los medios de comunicación, que tienen como único archivo adjunto un consumo uniformador y teledirigido.
Komunikazioa, bere letra eta ahultasun guztiekin, amets egiten uzten diguten espazio urrietako bat bilakatu da; 'itsumustuan' bada ere. Beste ereduekin, beste goiburu, beste jarrerekin kaosaren aurrean, beste orri-oin eta beste hedabideen gestio ezberdinekin amets egiten uzten digu. Gaingiroki, komunikazioa parte-hartze kolektiborako espazio bat da eta, espazio honetan, kontsumo uniformatzailea eta telegidatua soilik sustatzen duten hedabideetako enpresarien interesek eragin maila ezberdinak dituzte.
“La verdad es siempre un tema delicado”, dice el programa de mano de la obra de teatro 'Misántropo' presentada esta temporada por la Compañía Kamikaze Producciones y basada en la tragicomedia de Molière 'El Misántropo'. Imaginamos que la frase que declama desesperadamente Alcestes, el protagonista, está escogida con una ingenuidad y sarcasmo perfectamente calibrado, porque de lo que no cabe duda, y más después de ver este brillante espectáculo, es que la verdad no sólo es un tema delicado, sino que es un valor en muchos ámbitos y desde hace muchos siglos absolutamente 'demodé'. Peor todavía: practicar la verdad puede llegar a resultar inoportuno, maleducado, grotesco, ramplón…
Los movimientos sociales, o mejor dicho, los movimientos populares, representan auténticas revoluciones en su ámbito a la vez que la viva expresión de que la globalización y el neoliberalismo no tienen el camino totalmente allanado.
Uno de los aspectos más interesantes del cine y de cualquier otra manifestación cultural es su capacidad para medir los aspectos morales de la sociedad y su grado de “permisibilidad” o “apertura”. El llamado “cine para adultos” es uno de los casos en los que este debate se expone explícitamente.
Fernando León de Aranoa (Madrid, 1968) es un joven director cinematográfico que no ha dejado de sorprendernos, para bien, en todas y cada una de sus películas. Desde aquella inicial ópera prima, Familia, donde demostró su gran talento para la dirección de actores y actrices de toda gama, cabalmente terminada desde el punto de vista de la historia, aplaudida por crítica y público y refrendada por importantes premios como los Goya (1997), hasta su segundo largometraje, Barrio (1998), que también nos sorprendió por su enfoque social y que se llevó la Concha de Plata del Festival de San Sebastián.