Mónica Baltodano: “El gobierno de Ortega tiene una práctica esquizofrénica”

Mónica Baltodano, ex comandante guerrillera, es actualmente diputada en la Asamblea Nacional de Nicaragua por el partido Movimiento por el Rescate del Sandinismo. Su acercamiento a la política comenzó en el año 1969 con tan sólo 15 años, uniéndose a la lucha armada del Frente Sandinista de Liberación Nacional en 1974 contra la dictadura de Somoza.

Han pasado 30 años desde la Revolución, del período en el que se pretendió construir una sociedad nueva. Si echas la vista atrás, ¿cómo ves aquella época?

Si tuviera que volver a vivir esa etapa no dudaría en volver a escoger el mismo camino, el del compromiso, de la lucha. 30 años después podemos ver muchos problemas en nuestro país pero no son derivados de esos años de lucha, sino de no haber continuado muchos procesos que teníamos que haber emprendido. Valió la pena luchar porque si no hubiésemos escogido ese camino, probablemente tendríamos un país peor del que tenemos actualmente. Para caminar un pequeño trecho tuvimos que pagar un costo de vidas y sacrificio bastante grande, pero así son las luchas de los pueblos.

La Revolución terminó en el año 90, pero cuáles fueron las causas: ¿el imperialismo estadounidense, fallos internos del propio proceso o ambas cosas?

Para mi la Revolución no fue derrotada en el 90, sino en el 96-97. Cierto que la derrota electoral del 90 fue resultado, en primer lugar, de una guerra de baja intensidad de los EE.UU con Reagan a la cabeza que desató un conflicto que asfixió el proceso revolucionario y lo hizo caminar por un camino que a lo mejor no hubiese sido el que queríamos. Por ejemplo, la Revolución había establecido tres pilares: el pluralismo político, la economía mixta y el no alineamiento. El no alineamiento terminó siendo alineamiento porque sin querer formar parte del conflicto Este – Oeste no nos quedó más opción que recibir la ayuda de las armas de la Unión Soviética y respaldarnos en el socialismo de la Europa del Este. El pluralismo político también fue afectado por la política de agresión de EE.UU. Ahora bien, al factor fundamental, el de la guerra de agresión, se sumaron otros factores, nuestros propios errores.

La Revolución Sandinista, en primer lugar, cometió el error de creerse eterna, de que el hecho de tener la justeza de los planteamientos y de haber llegado al día de la victoria con el pueblo a nuestro favor significaba que podíamos hacer lo quisiéramos. El consenso social alcanzado el 29 de julio tenía que haber sido mantenido sobre la base de un diálogo permanente con la gente, de políticas que respondieran a las grandes mayorías y no fue así.

Por otro lado, creo que tampoco el Frente como organización trabajó suficientemente el tema de la modificación de la cultura política. 30 años después podemos ver con claridad que la Revolución se montó sobre la política predominante: el caudillismo, el uso del Estado de manera patrimonialista. En definitiva, la democracia popular no se implementó como se predicó.

Uno de los logros del proceso revolucionario fue que consiguió juntar bajo el sombrero sandinista a todos los sandinistas. 30 años más tarde el sandinismo está dividido, ¿qué ha pasado?

La derrota del sandinismo se produjo cuando en vez de escoger el camino de la construcción de una fuerza política democrática se escogió el de una organización política con un liderazgo caudillista y ese liderazgo, una vez que se sintió suficientemente fuerte y dueño del partido, empezó a operar con autonomía de la verdadera voluntad de las masas y bases sandinistas. Esto ocurrió cuando Daniel Ortega decidió hacer un pacto de cúpula con el partido liberal constitucionalista en 1998. El factor determinante para la ruptura interna fue el cierre de las posibilidades de crear una democracia interna. En 2001 tuvo lugar la otra gran ruptura debido a la decisión de Ortega de empezar una carrera de disputa del poder por el poder mismo.

A día de hoy el sandinismo está fragmentado, una parte está en el Frente Sandinista respaldando a Ortega y otra parte importante estamos fuera en distintas organizaciones buscando relanzar los valores, principios y el ideario que dio origen al Frente que impulsó una Revolución que quedó truncada pero que todavía tiene sentido realizar en Nicaragua. Aquí todavía la mayoría sobrevive con dos dólares diarios, no tiene acceso a la salud, a la educación a los derechos esenciales y todavía vivimos en una sociedad inequitativa, injusta, una sociedad donde predomina un modelo explotador y excluyente que lleva a la infelicidad a la mayoría de las familias nicaragüenses.

Hoy en día muchos nicaragüenses piensan que se estaba mejor hace 30 año que ahora. Las cifras de Naciones Unidas de educación, salud y empleo eran superiores en aquella época, pese a la guerra, que ahora que no hay ningún conflicto. ¿Cómo se vive esto cuándo uno de los objetivos de la Revolución era disminuir el índice de analfabetismo?

Quizá lo más significativo sea el tema de la migración. Tenemos 800.000 nicaragüenses trabajando en Costa Rica, en los peores años de la guerra no teníamos tantos. Hay una combinación de políticas neoliberales que han recrudecido la exclusión social y un modelo político que genera pocas esperanzas y pocas expectativas a la gente, aunque el gobierno de Ortega se quiere presentar como un gobierno revolucionario y de esperanza para la mayoría, pero si uno lee con detenimiento las encuestas se da cuenta de que no ha generado las expectativas que sí se generaron en los años 80. Lo que tenemos ahora es un gobierno que se dice revolucionario pero que practica las mismas políticas económicas excluyentes que practicaron los últimos gobiernos neoliberales.

Desde el Movimiento por el Rescate del Sandinismo, ¿en que os basáis cuando decís que el gobierno de Ortega no es un gobierno de izquierdas?

Las políticas económicas neoliberales tienen su esencia en el predominio del mercado, la reducción al mínimo del papel del Estado, la ley de la oferta y la demanda, el que tiene puede acceder a los bienes el que no los tiene no, etc. Nada de eso ha cambiado en Nicaragua. Por ejemplo, el FMI ha dado las mejores notas a Nicaragua. Se mantiene la contracción de la inflación pero a base de la contracción de la demanda que quiere decir que los salarios son los peores pagados porque no hay inversión del Estado ni crecimiento en la producción. Por lo tanto, la matriz sobre la que está montado el actual gobierno es la matriz neoliberal. Sus relaciones con las transnacionales no solamente siguen el mismo carril que las que tenían los políticos neoliberales del gobierno anterior, sino que las han fortalecido. Si uno revisa el protocolo con Unión Fenosa que firmó este gobierno, puede ver que le asigna más ventajas que las que le asignaba el gobierno de derechas de Enrique Bolaño. Otro ejemplo es la deuda interna. Nosotros encontramos al país con una elevadísima deuda interna, es decir deuda del Estado a entidades privadas, grandes bancos; estas deudas implican pagar cada año en concepto del servicio de la deuda (intereses y amortización) una cantidad de dinero que es superior a todo lo que el gobierno invierte en educación y salud. Por eso desde el Movimiento por el Rescate hemos planteado que el origen de esa deuda interna es fraudulento.

Lo que denuncia el Movimiento por el Rescate del Sandinismo es contradictorio con la imagen que ofrece Ortega en los grandes foros internacionales junto con Chávez, Evo Morales y Correa, ¿cómo se explica esto?

El gobierno tiene una práctica esquizofrénica, dos personalidades. Una personalidad es la de los foros, la de los gritos y los grandes eventos contra el capitalismo; y otra es la de la política real que practica. Analicemos las políticas que se están llevando en el país. Está haciendo campañas de hambre cero, da a algunas personas 10 gallinas, un cerdito y una vaquita. No está mal, porque la gente no tiene recursos, pero, ¿esto es revolucionar?

Una de las políticas que nosotros apoyamos en el parlamento fue la creación de un Banco Estatal de Fomento a la producción porque no hay banca estatal. Hasta la derecha estuvo de acuerdo en crearla pero no ha funcionado y eso que éste es el tercer año desde su puesta en marcha. No ha funcionado porque el gobierno de Ortega prefirió que todos los fondos de la cooperación venezolana vayan por la vía de bancos privados, microfinancieras ligadas a personas cercanas a su familia. Los fondos venezolanos son manejados de manera privatizada por lo tanto, en lugar de fortalecer el Estado, lo debilita.

Vosotros habéis sido muy críticos con la cooperación venezolana, ¿a qué se debe esta crítica?, ¿no estáis de acuerdo con que Nicaragua esté en el ALBA?

Desde Rescate hemos tenido una posición clara en relación a considerar la cooperación venezolana como una cooperación generosa, necesaria, que muestra el espíritu de solidaridad del pueblo y del gobierno venezolano y damos bienvenida a la cooperación y a las condiciones favorables en que se nos está entregando el petróleo. Pero ese dinero no fluye a través del presupuesto de la República, no entra al gobierno ni como donación ni como préstamo, sino que entra por canales de carácter privado. Ellos justifican que ese dinero se emplea para programas sociales, pero, si es así, por qué no se gestiona, por ejemplo, si son de educación, a través del Ministerio de Educación. Lo que nosotros demandamos a Chávez es que exija que la cooperación, si es del Estado venezolano, pase al Estado nicaragüense y que se contabilice, se controle, se asigne como se contabilizan todos los fondos que entran por la vía del presupuesto de la República. Estos son esfuerzos positivos, lo que a nosotros nos parece inadecuado es que estados que dicen que están propugnando el socialismo del siglo XXI estén canalizando recursos para fortalecer al sector privado.

¿No crees que con las críticas que hacéis desde el Movimiento por el Rescate al gobierno de Daniel Ortega, dada su pertenencia al ALBA, es fácil que se os acuse de estar vendidos a la política de los EE.UU?

Esto resulta divertido porque él es el que está en el poder por el apoyo de Alemán, de la derecha, él no ha llegado con el apoyo de las fuerzas de izquierdas. Ellos no pueden criticarnos, ¿qué nos pueden criticar? Sólo el hecho de señalarles. Alguna gente de la derecha dice que no es democrático, es verdad. Pero nosotros vamos más allá, le criticamos porque habla contra los gringos pero envía oficiales del ejército a la escuela de las Américas, cuando todos los movimientos sociales de América Latina están demandado que se cierre. Él no ha tenido una sola diferencia sustantiva con los EE.UU.

En cuanto al ALBA, yo siempre me he preguntado qué supone para Nicaragua el ALBA, porque la realidad concreta para la vida de los nicaragüenses se deriva de su pertenencia al CAFTA, y si ser parte del ALBA supone la cooperación energética, bárbaro. Pero no hay una ruptura del otro modelo. Es una convivencia de dos modelos contradictorios.

Unos de los grandes reproches que desde el Movimiento por el Rescate hacéis a Daniel Ortega es su pacto con Arnoldo Alemán, uno de los antiguos gobernantes de Nicaragua y uno de los más corruptos del país, ¿cómo veis que alguien del Frente pacte con él y en qué consiste ese pacto?

El pacto del 99-2000 fue un pacto de reparto de las instituciones, un pacto para la estabilidad y la gobernabilidad que garantice que quién esté en el poder, respete los espacios del otro. Pero en realidad lo que quiere decir es que no importa que esté Daniel o Alemán en el poder, el que esté co-gobierna o comparte el poder. Para garantizarlo no importa que gane Daniel o Arnoldo, el resto de las instituciones están repartidas.

Yo digo que fue un acuerdo de 4 patas: la primera es la pata de Daniel Ortega; la segunda es la pata de Alemán (Arnoldo Alemán como garantía del control de las instituciones); la tercera es el pacto con la iglesia, la jerarquía católica que bendice todo lo que hace a cambio de sacrificar determinados derechos, sobre todo de las mujeres; y la cuarta es la del gran capital, que está contento si le respetan sus ganancias, si no se meten con ellos en materia de derechos laborales y no modifican el código del trabajo y dejan las cosas tal como están.

En muchos de tus discursos hablas de que es el momento de emprender una nueva Revolución, ¿qué te diferencia de la guerrillera de hace 30 años al intentar afrontar este nuevo proceso?

Más experiencia, más conocimiento, tal vez tenga menos energía que a los 20, pero con mucha convicción de que estamos en lo correcto, de que aunque nos consideramos todavía una minoría en el país, no nos importa porque tenemos la experiencia de que una causa que originariamente parece de una minoría, con trabajo, con organización, con comunicación, si es la correcta, termina siendo de la mayoría. Esa es nuestra confianza y por eso estamos trabajando con los jóvenes porque son los protagonistas de las grandes causas. Además ahora tenemos la convicción de que la Revolución se puede hacer por las vías democráticas, cosa que no sucedía hace 30 años.


Entrevista realizada por Luis Nieto y Susana Pérez Sánchez (Redacción Pueblos).

Este artículo ha sido publicado en el nº 41 de la revista Pueblos, marzo de 2010.


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