Las tempestades de Francia

Quien siembra vientos, recoge tempestades es un refrán aplicable a buena parte de las situaciones de violencia social que acontecen y el resumen perfecto para los sucesos ocurridos en Francia durante los últimos meses. Su aparente espontaneidad sólo tiene que ver con una emersión brusca, ya que han permanecido latentes y alimentados durante muchos años por el paro estructural, la exclusión, la xenofobia y el deterioro social. Es decir, sólo era cuestión de tiempo que llegasen los truenos y los relámpagos.

Si los emigrantes ya parten de una situación nada favorable (desarraigo social y cultural, ilegalidad, explotación) la presión del neoliberalismo ha logrado enquistar aún más esta situación, incrementando la marginación y la desigualdad, y consiguiendo que generaciones que ya han nacido en el país al que llegaron sus padres y abuelos se sientan extranjeros en él.

Esas generaciones son las que el ministro Sarkozy tildó de chusma, término que, según el diccionario de la RAE, quiere decir muchedumbre de gente vulgar, y definición que en cierta medida los retrata porque son miles y porque son como tantos otros. Resulta evidente que Sarkozy no pretendía hacer una apreciación objetiva sobre ellos, sino insultarlos, pero no deja de ser significativo que el calificativo se refiera a su condición de grupo numeroso, su homogeneidad y su falta de distinción. Cabe sospechar que es esto último lo que le molesta al ministro, más incluso que sus actuaciones violentas. En el hecho de que sean pueblo y sean pobres radican sus grandes defectos.

Tampoco deja de llamar la atención que la tormenta haya estallado en Francia, un país que aunque prisionero de la globalización y el neoliberalismo, todavía mantiene parte del Estado de bienestar forjado en otras épocas. Ante ello, sólo cabe pensar qué puede ocurrir en otros lugares donde los derechos sociales se quieren desmantelar antes de haber alcanzado cotas mediadamente aceptables. Parece cuestión de tiempo que los mismos sucesos se repitan y con mayor virulencia.

Otra cuestión a analizar es la posición que las fuerzas políticas y sociales francesas de izquierda han mantenido frente a esta rebelión popular. Cabe preguntarse sobre su sensibilidad para recoger unas demandas que requerían, desde hace tiempo, algo de atención, no sólo por coherencia ideológica, sino porque habría servido para canalizar la rabia en forma de propuestas, de redes sociales que permitieran esquivar el uso de la violencia y abrieran el camino a luchas más eficaces. Posicionamientos de este tipo habrían posibilitado la suma de una parte del pueblo francés que se identifica con quienes protestan, pero rechazan cómo lo hacen. El no francés al referéndum de la Constitución europea es señal de que el descontento va más allá de emigrantes y barrios marginales. Una actuación en este sentido también ayudaría a que ese descontento no huyera hacia posiciones de extrema derecha.

Finalmente, hay que destacar la visión que ha dado una parte de la prensa española respecto a los sucesos en Francia y que se puede calificar de “comprensiva” con la revuelta. Son numerosos los análisis sobre los hechos que la han provocado y amplias las explicaciones de sus porqués. Lo que no sabemos es si su reacción hubiera sido la misma en caso de que la tempestad hubiera estallado en cualquier barrio marginal a este lado de los Pirineos.


Este artículo ha sido publicado como editorial del nº 19 de la revista Pueblos, diciembre de 2005.

Print Friendly, PDF & Email

Utzi erantzuna

Zure e-posta helbidea ez da argitaratuko. Beharrezko eremuak * markatuta daude