En los movimientos piqueteros se está produciendo un profundo proceso de crisis y reorganización. Hay algunos que se han concentrado en la organización autónoma de nuevas formas de vida y de trabajo; hay movimientos que se han transformado en aparatos de negociación con el Gobierno; los hay que son meras extensiones de los partidos de izquierda que los dirigen (sin que esto signifique que la totalidad de las bases que les responden sean militantes o tan siquiera votantes de esos partidos). Hay en fin, movimientos nuevos, que surgen con la espontánea fuerza de la primera hora.
Bajo este confuso entrelazamiento y dispersión, subsiste un suelo que no ha cambiado en lo fundamental: Argentina, un país básicamente agroganadero, que produce y exporta alimentos para 300 millones de personas y tiene el 32 por ciento de su población de 37 millones de habitantes bajo una delgada “línea de pobreza” (el 38,5 por ciento, si nos limitamos a los 28 principales aglomerados urbanos, que concentran el 80 por ciento de la población).
Esta línea es trazada arbitrariamente por las autoridades económicas y los dibujantes de estadísticas, que suponen que una familia tipo, de cuatro personas, puede comer, pagar los servicios esenciales, mandar los hijos a la escuela y renovar un poco su vestuario con el equivalente de unos 230 euros.
Algo menos de la mitad de los pobres, un 12 por ciento de la población, se encuentran por debajo de la “línea de indigencia”, señalada por una canasta alimentaria básica equivalente a unos 100 euros.
Y estas personas no sólo son desocupados, sino trabajadores “en negro” que tienen ingresos escasos e irregulares, sin beneficios sociales de ningún tipo. Muchos de ellos son beneficiarios del llamado Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados, a los que se cuenta como ocupados en las estadísticas, ya que reciben un subsidio de 150 pesos (unos 45 euros) a cambio del cual realizan alguna contraprestación. Los beneficiarios llegaron en 2002 a 2.200.000, pero actualmente son alrededor de 1.650.000. Uno de los reclamos piqueteros actuales es la universalización de estos planes a todos los desocupados; otro, la duplicación de su monto.
Petróleo: crisis y rebelión
Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) era una empresa estatal creada por iniciativa del general Enrique Mosconi, en 1922, durante los gobiernos radicales. Fortalecida por el peronismo, llegó a contar con flota mercante propia y a ocupar a alrededor de 85.000 trabajadores.
La brutal privatización de Menem, que benefició principalmente a la española Repsol, dejó decenas de miles de trabajadores en las calles y ciudades del interior, que fueran prósperos centros petroleros, convertidas en pueblos fantasma. La respuesta a esta situación no se haría esperar: la rebelión de dos grandes ex centros petroleros, Cutral Có, en la provincia de Neuquen, al sur del país, y General Mosconi, en Salta, iban a ser el epicentro de las primeras explosiones piqueteras.
En junio de 1996, la ruta 22, en la zona cordillerana sur, fue cortada durante varios días por los piqueteros de Cutral Có y Plaza Huincul, como culminación de todo un año de luchas, logrando finalmente diversas reivindicaciones. Nacen por entonces, los llamados Planes Trabajar, implementados por el gobierno de Menem como trabajos transitorios para desocupados. El 9 de abril de 1997, piqueteros y docentes neuquinos, a los que se unen alumnos y trabajadores estatales, cortan nuevamente la ruta 22. El 12 de ese mismo mes son violentamente reprimidos por 400 efectivos de la policía y la gendarmería, provocando la muerte de Teresa Rodríguez, una empleada doméstica de 25 años, cuyo nombre adoptó posteriormente uno de los más activos movimientos piqueteros.
Entre mayo y julio de 1997, estallaron numerosas puebladas en Neuquen, Salta, Jujuy y Córdoba. El movimiento piquetero comienza a crecer vertiginosamente, como expresión de la masa de desocupados que constituye una buena parte de la población argentina.
El conurbano del Gran Buenos Aires es el punto donde más se desarrollan los movimientos, particularmente en La Matanza, al oeste de la capital y en zonas del sur como Solano, Quilmes, Berazategui, llegando hasta Avellaneda, otrora un verdadero emporio de la industria argentina.
Pero en la medida que crecen, los movimientos se dividen y también, en muchos casos, se burocratizan. Los líderes piqueteros toman lista de asistencia a las manifestaciones y cortes de calles o rutas, y distribuyen los beneficios entre los militantes, de acuerdo a su participación. A su vez, negocian con los caudillos locales o con el Gobierno nacional Planes Trabajar y otros subsidios. Contribuyen a la dispersión los partidos de izquierda, que en Argentina son completamente minoritarios, tanto en votos como en fuerza en las organizaciones sindicales, pero que siguiendo una política clásica, tratan de tener cada uno su organización piquetera propia.
Por cierto que esto no debe tomarse en forma esquemática. Hay contradicciones, organización y lucha, y gente que honestamente trata de construir a partir de los movimientos nuevas formas de vida y de trabajo. En algunos casos, el producto de los Planes es compartido colectivamente y nacen así comedores y huertas comunitarios, hornos de ladrillos y de pan, costureros, las mil y una estrategias de supervivencia de los más pobres que, a veces en forma independiente, a veces ligados a algún movimiento, van logrando sobrevivir y luchando por obtener nuevas reivindicaciones.
El segundo gobierno de Carlos Menem, desde 1995 a 1999, se caracteriza, entre otras cosas, por un equilibrio inestable de las relaciones con los desocupados, alternando concesiones con represión. Los nuevos movimientos piqueteros que surgen van adoptando los nombres de sus propios muertos, como Aníbal Verón, asesinado en la noche del 9 al 10 de noviembre de 2000, en la ruta 34 y frente a la ciudad de General Mosconi.
La rebelión popular de diciembre de 2001
El esquema de convertibilidad inventado por el exministro de Economía argentino, Domingo Felipe Cavallo, por el cual un peso vale, arbitrariamente, un dólar, sigue generando, inexorablemente, deuda externa, cierre de empresas y desocupación.
El gobierno de la Alianza Unión Cívica Radical y FREPASO (Frente País Solidario) hace su campaña electoral mostrando las miserias de la época y preguntando: “¿Quién quiere esto?” A poco andar, se responderían tácitamente: “Nosotros”. Su política fue una continuación del proyecto neoliberal y en diciembre de 2001 el país volvió a estallar, mientras el presidente Fernando de la Rúa abandonaba la Casa Rosada en helicóptero.
Después de una rápida sucesión de interinatos, se hace cargo del Gobierno el senador bonaerense Eduardo Duhalde, que fuera vice de Menem y luego enemigo jurado del riojano. Una de sus políticas fue reemplazar los Planes Trabajar por los Planes Jefes y Jefas de Hogar, a los que se pretende dar carácter universal y con los que además se intenta quitar poder a los jefes piqueteros, ya que los potenciales beneficiarios se pueden anotar directamente en organismos oficiales, justificar su situación y cobrar luego en los bancos. Sin embargo, muchos dirigentes piqueteros se las arreglan para mantener las riendas de sus movimientos.
¿Quiénes componen las fuerzas piqueteras?
A partir del 25 de mayo de 2003, las estrategias del nuevo presidente, Néstor Kirchner, producen fuertes reacomodamientos en el seno de los movimientos. A fines de ese año, el sociólogo Julio Godio hace un análisis muy preciso de las fuerzas piqueteras, del cual vale la pena reproducir algunos párrafos:
“Los movimientos piqueteros pueden ser divididos en dialoguistas, moderados y duros. Los dialoguistas se localizan en la Federación Tierra y Vivienda (FTV), miembro de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), alianza entre socialcristianos y marxistas, con hegemonía de los primeros. La FTV tiene 200.000 miembros y controla a 75.000 PJH (Planes Jefes y Jefas de Hogar Desocupados). El líder de la FTV es Luis D’Elia, socialcristiano y actual diputado en la Provincia de Buenos Aires. La FTV se identifica con el Presidente Kirchner (…)
(…) Los moderados se ubican en: a) la Corriente Clasista y Combativa (CCC), vinculada al maoísta partido Comunista Revolucionaria (PCR). Su líder visible es Juan Carlos Alderete. La base social de la CCC son trabajadores desocupados peronistas. También se orienta a volcar sus fuerzas en microemprendimientos. Pero se mantiene a distancia del gobierno de Kirchner, promueve movilizaciones parciales y limita los cortes de ruta. La CCC cuenta con 120.000 afiliados y controla a 42.000 PJH. b) el Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD Aníbal Verón), cuyo líder visible es Juan Cruz Daffunchio. En el MTD coexisten militantes “guevaristas” y cristianos de base. Son de izquierda, pero no tienen una ideología definida. La mayoría de sus militantes no proviene de partidos políticos. Mantienen distancia del Gobierno, pero lo mismo que la CCC, han “achicado” sus marchas y cortes de ruta. El MTD tiene 30.000 militantes y controla a 5.000 PJH (…)
(…) Los duros están compuestos por: a) el Polo Obrero (O), vinculado al Partido Obrero de ideología trotskista clásica. Su líder visible es Néstor Pitrola, alto dirigente del Partido Obrero. El PO se define por la “insurrección popular”, pero participa en las elecciones a través del Partido Obrero. Es un movimiento trotskista clásico porque su modelo revolucionario es la insurrección bolchevique en Rusia en 1917. El PO tiene 29.000 miembros y controla 23.000 PJH. b) el Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD). Su principal líder es Rául Castells, ex maoísta. Se trata de un movimiento piquetero con una difusa ideología “nacionalista populista”. Castells ha sido acusado públicamente de provocar movilizaciones violentas contra el gobierno de Kirchner, pero “coordinadas” con operaciones políticas del ex presidente Duhalde. El MIJD tiene 60.000 miembros, y controla 9.000 PJH”.
Los movimientos piqueteros, en general, han reducido el número de sus militantes y sus PJH, y aunque no disponemos de números actualizados tan ajustados como los de Godio, a grandes rasgos, esta caracterización sigue siendo válida con algunos cambios que debemos apuntar.
De la Federación de Tierras y Viviendas, se ha desprendido la organización Barrios de Pie, que responde a la corriente política Patria Libre, que se han pasado totalmente al kirchnerismo mediada una fundamentación política de su líder, Humberto Tumini. Tienen numerosos cargos de alto y medio nivel en el Ministerio de Bienestar Social y la Cancillería. Han llegado a enfrentarse violentamente, en lucha callejera, con sectores duros que amenazaban actos presidenciales.
Godio omitió al Movimiento Territorial de Liberación, vinculado al Partido Comunista, que sigue una línea cambiante entre la lucha frontal y la construcción propia. Acaban de comprar la mina La Brava en la provincia de Jujuy (zona cordillerana norte) y la han reabierto para producir un raro mineral llamada urexita. También en la ciudad de Buenos Aires emprendieron la construcción de un barrio, financiado con un préstamo estatal.
A la vez, han surgido movimientos completamente nuevos, con mucha fuerza en el sur, particularmente en Santa Cruz que es la provincia del presidente, que están siendo reprimidos con gran virulencia, perseguidos y encarcelados con el silencio de la gran prensa. Sólo aparecen en medios alternativos.
Last but not least, algunos movimientos, menos numerosos, consideran agotada la lucha por los planes y trabajan sobre lo ya conseguido de manera autónoma. Podemos citar, dentro de ellos, al MTD Solano (Gran Buenos Aires), a los MTD de Allen y Cipolletti (Neuquen) y al MTD de General Mosconi (Salta).
Estos MTD y otras organizaciones de todo tipo se han reunido en enero de 2004 y 2005 en rondas de intercambio de experiencias e ideas, que llaman “Enero Autónomo”. Ésta es una las grandes vertientes de un nuevo modelo de pensamiento respecto al poder y la vida cotidiana.
Luis Ortolani Saavedra es periodista, coconductor del programa Hipótesis de LT 8, Radio Rosario, y ex preso político de la dictadura argentina. Este artículo ha sido publicado en el nº 19 de la revista Pueblos, diciembre de 2005.

