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PRIMERA PARTE

Guatemala 2007: Elecciones sin población

Jueves 16 de agosto de 2007, por Andrés Cabanas

El cuadro electoral está rayado en Guatemala: dieciséis partidos participantes, 158 curules y 332 municipalidades en disputa, 5,689,657 habitantes empadronados (menos del 50% de la población). También el cuadro poselectoral aparece anticipadamente definido. Los candidatos y partidos “intercambiables” (los primeros se trasladan con facilidad de un partido a otro; los segundos cambian con suma facilidad de candidato) [1] indican que habrá una transición natural entre este gobierno y su sucesor, ya que los partidos políticos defienden sustancialmente los mismos intereses.

La mayoría de partidos se mueve en un estrecho escenario ideológico entre la derecha y el centro. La mayoría apuesta por un modelo económico fundamentado en el libre comercio y la apertura a la inversión extranjera (¿más minería e industrias que contaminan y sólo reditúan a Guatemala el 1% de sus ganancias declaradas?). La mayoría opta por la relación privilegiada con los Estados Unidos. La mayoría rechaza nuevas tasas tributarias para las empresas y los grandes propietarios, al tiempo que propone incrementar presupuesto para educación y salud. La mayoría se aleja de la agenda establecida en los Acuerdos de Paz y también de las Metas del Milenio, dramáticamente ausentes en este escenario sin debate. La mayoría define su programa en función de las relaciones con los financiadores y los grupos económicos, pertenezcan al capital tradicional, al emergente y/o al crimen organizado.

Las candidaturas con más oportunidad de triunfo, según encuestas, están avaladas o “tuteladas” por las grandes corporaciones, símbolo del control del poder económico sobre la vida política. Véase si no la lista de vicepresidenciables: en la Unidad Nacional de la Esperanza, Rafael Espada, cercano a la Cámara de Industria; en el Partido Patriota, Ricardo Castillo Sinibaldi, de la Corporación Castillo Hermanos (monopolio de cerveza, bebidas azucaradas, agua embotellada, Banco Industrial); en la gobernante Gran Alianza Nacional, el agroempresario Fraterno Vila; en Encuentro por Guatemala, Fernando Montenegro, integrante de la Asociación Nacional del Café y ex presidente de la cúpula empresarial, con posiciones conservadoras y continuistas en lo económico [2].

Las diferencias entre partidos residen entonces en matices: estilos más o menos autoritarios y verticales, programas acusadamente neoliberales o matizadamente sociales, y no en propuestas programáticas, prácticamente similares: “Se manifiesta un comportamiento meramente electoral de las agrupaciones y la falta de contenido programático” afirma la Fundación Myrna Mack [3].

La consecuencia es el desinterés de la población. El paisaje electoral se satura de colores, canciones, mensajes, reuniones. Pero la atonía es palpable y en el río revuelto del desencanto electoral pescan los candidatos de la pasividad para la continuidad. Pasividad acentuada por la persistencia de la violencia (un promedio de dieciséis muerte violentas diarias), de naturaleza común o política, pero siempre inmovilizadota y ejemplarizante. “Nos encontramos ante una operación planificada sistemáticamente para provocar zozobra en la sociedad” afirma el Centro Internacional para Investigaciones en Derechos Humanos [4].

Ilegitimidad de los partidos

¿Una campaña larga (oficialmente arrancó el 2 de mayo con la convocatoria a elecciones por parte del Tribunal Supremo Electoral) y concurrida (16 partidos inscritos) es una campaña interesante? Dicho de otra forma: ¿la abundancia de ofertas electorales y marcas de partidos refleja una vitalidad democrática y una cultura de participación ciudadana? Las cifras hablan por sí mismas: casi un 20% de personas en edad votar no ha podido o querido empadronarse. De ellos, si se mantienen las tendencias de las pasadas elecciones, votará menos del 60% [5] y el candidato que obtenga un millón de votos podrá ser el próximo gobernante.

En 2003, el presidente Berger obtuvo en primera vuelta 921,315 votos, aproximadamente el 8% de la población total. La situación se repitió en el ámbito local: “En Cajolá el partido ganador fue el PAN, pero apenas con el 19% de los votos emitidos” afirma un estudio de FLACSO [6]. En Zacapa, capital de uno de los 22 departamentos del país, con una población de 59,089 habitantes, el actual alcalde fue electo con poco más de 5,000 votos.

A esto se añade el peso significativo de la capital y el departamento de Guatemala en el mapa electoral: 26% de empadronados y 24% del total de diputados: la pirámide invertida de la falta de legitimidad partidaria. El proceso se desarrolla así al margen de las necesidades sociales y con poca participación: elecciones sin población. La agenda electoral se desvincula de la agenda y las necesidades mayoritarias, y las actividades de los partidos de las reivindicaciones y luchas populares, para definir un escenario inmediato de ingobernabilidad y falta de alternativas.

Pero la esperanza en Guatemala asoma tímida su cabeza o la esconde como el avestruz. Mientras los partidos políticos se entretienen a sí mismos con sus anuncios, se han realizado en tres años y trece municipios del país consultas comunitarias sobre minería a cielo abierto, empresas petroleras y energía eléctrica [7]. Consultas desarrolladas bajo el principio de la democracia participativa y sustantiva que, más allá de su influencia en el actual proceso electoral, deben ser el parteaguas de la (des) movilización social después de la firma de la paz y el impulso de nuevas formas de lucha y organización para la construcción de otra Guatemala posible.


Andrés Cabanas es colaborador habitual de Pueblos.

Notas

[1] Hasta el 13 de mayo, había 68 diputados tránsfugas en el Congreso de la República, el 43% del total de congresistas.

[2] Información de El Observador, Fundación Derechos Económicos, Sociales y Culturales e Inforpress.

[3] Documento “Debilidad institucional, pérdida de gobernabilidad y violencia en extremo: variables de un proceso electoral convulso”.

[4] Documento “Violencia social con tinte político”.

[5] El recorrido histórico de la votación desde el fin de los gobiernos militares es el siguiente: 1986, 69.3%, 1990, 56.4%; 1995, 46.9%; 1999, 53.8%; 2003, 57.9%, según la publicación Pulso Electoral, diciembre de 2003.

[6] Documento “Para evaluar la democracia local: bipartidismo vrs. Fragmentación”, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO

[7] Ha habido consultas en los siguientes municipios: Comitancillo, Sipakapa y Concepción Tutuapa del departamento de San Marcos; Colotenango, Concepción Huista, San Juan Atitán, Santiago Chimaltenango, Todos Santos Cuchumatán, Santa Eulalia, Santa Cruz Barillas y San Pedro Necta, departamento de Huehuetenango; Ixcán, departamento de Quiché, Río Hondo, departamento de Zacapa.

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