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Yolanda Aguilar: "En Guatemala se están utilizando estrategias de limpieza social que hace años que no se usaban"

Martes 16 de mayo de 2006, por Luis Nieto Pereira y Aloia Álvarez Feáns

En unos meses se cumplirá el décimo aniversario de la firma de los acuerdos de paz que pusieron fin a la guerra en Guatemala, unas negociaciones que fueron el punto de partida para la reconstrucción de un tejido social devastado tras décadas de conflicto. Éste es un buen momento para reflexionar acerca de sus logros y carencias, sobre todo teniendo en cuenta que los guatemaltecos y guatemaltecas asisten hoy a un proceso de involución que guarda una estrecha relación con el hecho de que, como sostiene la antopóloga Yolanda Aguilar: "la cultura de impunidad no se quedó en el Estado, se quedó en la cultura, en la vida diaria, en el maltrato a los niños, a las mujeres, a los ancianos..."

A pesar de sus logros, como fue el surgimiento, a la luz de las negociaciones del 96, de dos grandes actores con identidad propia: las mujeres y los pueblos indígenas, las carencias de los acuerdos de paz en Guatemala también fueron múltiples y hoy se aprecian sobre todo, en la manifestación de una violencia ejercida sistemáticamente contra el primero de los grupos.

Yolanda Aguilar es guatemalteca, antropóloga y feminista. Forma parte de un consorcio llamado “Actoras de cambio”, que trabaja dos líneas de pensamiento con otras tantas organizaciones, por un lado entra en materia de salud mental con víctimas de violencia política y, por otro lado, lucha por el respeto a los derechos de las mujeres. Hace ya algunos años que Yolanda ha hecho confluir esas dos líneas, ya que está volcada en el reconocimiento de la memoria histórica en relación con los delitos de violencia sexual sobre las mujeres que tuvieron lugar durante el conflicto armado en Guatemala. Hace unas semanas visitó Madrid, como parte de una gira europea en defensa de los Derechos Humanos en general, y de las mujeres en particular, en su país. Lo que sigue es parte de la interesante conversación que mantuvimos con ella.

Yolanda, ¿cómo ves la situación de Guatemala desde el proceso de paz? ¿Se han abierto muchas expectativas de cambio en el país?

Es un momento propicio para hacer balance, ya que han pasado 10 años de la firma de los acuerdos de paz, que se cumplen en diciembre. Estos acuerdos se firmaron a partir de una negociación política que establecía la derrota política y militar de la guerrilla y establecía un pacto neoliberal básico, un acuerdo político básico para construir un país moderno, eso fue lo que se propuso inicialmente.

Yo diría que los conflictos armados en América Latina ya no son negocio para nadie, ahora tenemos que producir materias primas, porque esencialmente eso somos en Centroamérica, proveedores y generadores de materia prima para los Estados Unidos y generadores de la mayor cantidad de mano de obra barata, la emigración a Estados Unidos, un alto porcentaje de la población norteamericana. Al no mantenerse los movimientos de liberación en Centroamérica se vio necesario llegar a acuerdos políticos. En Guatemala estos acuerdos contribuyeron, en primer lugar, a terminar una guerra que dejó tanto o más daño que antes, y que dejó a una sociedad profundamente herida.

Pero se cuestiona mucho en Guatemala si realmente valió la pena, tanta gente caída...

Es difícil situarse en una posición blanca o negra. Obviamente, ninguna guerra vale la pena, yo estoy convencida de que no hay guerra que tenga sentido humano. Lo que sucede es que hay argumentaciones que defienden que valió la pena la lucha, en función de la transformación social que se pretendía. Eso, por supuesto, nos dio sentido a las generaciones que participamos en la guerra como parte del movimiento revolucionario y popular. Pero lo que no valió la pena es el coste. También está claro que los conflictos armados no son los que resuelven los problemas, no los han resuelto ni siquiera en países como Nicaragua, donde hubo una campaña de alfabetización y el ESLN llegó al poder. No se han resuelto los problemas estructurales de fondo, porque eso tiene que ver, precisamente, con intereses multilaterales, transnacionales, que van más allá de nuestros propios espacios geográficos o políticos.

Lo que sí valió la pena fue firmar unos acuerdos de paz para que terminara la guerra. Un país sólo puede empezar a reconstruir su tejido social en la medida en que no haya una guerra de por medio. El gran problema es que tras los acuerdos de paz no nos dimos a la tarea de resolver los problemas estructurales, porque hay tantas heridas que cerrar... que nos desvían de la búsqueda de soluciones estructurales. Estamos buscando construir un Estado-Nación cuando ahora el tema fundamental del mercado es la globalización. Estamos 30 ó 40 años atrás que muchos otros países de América Latina que están buscando modernizarse pero que no han sufrido lo que nosotros.

En los acuerdos de paz se trataba de construir un nuevo país, también se habló de construir un nuevo país con las mujeres y con los indígenas, ¿cómo ha quedado eso?

Como en todas las negociaciones de paz, participan pocas mujeres, en términos generales. En Guatemala, uno de los grandes logros en términos de actores sociales, es que tras la firma y como resultado de la negociación, surgen dos grandes actores con identidad propia; por un lado, el movimiento de las mujeres, y por otro lado, el movimiento de los pueblos indígenas. La sociedad, aún fragmentada, se propuso participar en negociaciones de paz con demandas que estaban siendo construidas desde una identidad que durante la guerra no había surgido. En el año 94 se forma la Asamblea de la Sociedad Civil, en la que todos los sectores que en ese momento resurgían con voz, se aglutinan y empiezan a hacerle propuestas a la Comandancia de la URNG y a los negociadores de los Acuerdos de Paz.

Muchísimas cosas de las que propusieron las propusieron las mujeres y los pueblos indígenas, pero pocas quedaron en esos acuerdos. Sin embargo, otras cosas sí quedaron, como la organización del Foro de la Mujer (que ya no existe), que logró aglutinar a una de las organizaciones de mujeres indígenas más grandes que ha tenido Guatemala. A partir de la creación de este foro, muchas mujeres indígenas que antes no habían salido de sus casas y que no habían sido reconocidas como protagonistas de su propia historia, ni por sus propios compañeros de organización, se organizan. Logros, como por ejemplo, la copropiedad de la tierra, son demandas que se establecieron en los Acuerdos de Paz y luego sirven como instrumentos para que las organizaciones sigan luchando.

Los acuerdos de paz le dieron sentido a la etapa posterior a la guerra, que reformó la sociedad civil. El gran problema es que la sociedad civil no es el único actor, los cuerpos que antes participaron en la guerra tanto del ejército como de la guerrilla se desmovilizaron y el desempleo es uno de los asuntos que no se ha logrado resolver. Eso genera otro tipo de dinámicas violentas y de descomposición social. En Guatemala se constituyen gobiernos civiles que ahora con márgenes que no son los de la contrainsurgencia se presentan como gobiernos democráticos pero que en realidad siguen expresando intereses de la gente que financió la guerra, por ejemplo el gobierno actual dirigido por los mayores agroexportadores de Guatemala, gente que dirige este país como si siguiese siendo una finca.

Está el ejército que, si bien se desmovilizó, ahora se está reincorporando a la Policía Nacional Civil, y son militares que no han sido depurados, rehabilitados. No se han resuelto problemas fundamentales. Por ejemplo, los campesinos que empezaron a tener tierras, pero no abonos ni utensilios para trabajarlas..., ahora vuelven a ser reprimidos, y eso en un Estado democrático no se puede permitir. Hay muchas contradicciones que han profundizado conflictos entre sectores sociales y entre propietarios, asesinatos de mujeres como nunca antes se habían dado... A nadie le parece que los acuerdos de paz tengan el mismo protagonismo que tuvieron en su momento.

¿Y cuáles crees que han sido los logros más importantes de los Acuerdos de Paz?

Yo diría que la posibilidad de expresarse, la expresión del pensamiento de sectores como las mujeres y los pueblos indígenas. El genocidio en la guerra en Guatemala tuvo como víctima a la población maya, sin embargo, la población maya como tal no se había expresado más que en las organizaciones revolucionarias, o como refugiados o como familiares de víctimas. Resultado de los procesos de paz, y de la conmemoración de los 500 años de la conquista, surge una posición cada vez más protagónica de los pueblos indígenas, que en su identidad política se han denominado mayas, y que han fortalecido posiciones hasta el punto de llevar a hombres y a mujeres a participar en un Estado que es básicamente ladino, mestizo en su identidad e ideología, pero. Ese es uno de los logros más importantes. La existencia de un movimiento político maya, que tiene grandes debilidades y fragmentaciones importantes, pero que da voz al pueblo. En Guatemala no se puede hablar de interculturalidad o de un educación equitativa si no se reconoce la existencia de estos pueblos en condiciones de respeto a la diversidad.

El otro logro importante es que hay un movimiento de mujeres que se ha extendido a lo largo y ancho del país. Hay organizaciones de mujeres casi en todos los municipios, eso no quiere decir que tengan necesariamente conciencia de género, son mujeres que se han organizado como tejedoras, con proyectos productivos, contra la violencia, mujeres organizadas por primera vez en la historia de Guatemala, como movimiento social. Y un movimiento social con conciencia de género que lucha en contra de su subordinación, de la discriminación de sus propios compañeros, en contra de la violencia contra las mujeres, por los derechos sexuales y reproductivos.... Es un movimiento concentrado en algunas áreas de la capital, en algunos departamentos y tiene unos quince años de existencia.

En términos del Estado, un logro importante es que, por lo menos, hay intenciones de algunos sectores de pensar como Estado, de construir un Estado de Derecho, dotarse de instituciones que respeten los derechos humanos, de hacer una sociedad un poco más moderna, de que haya investigación criminal... Hay sectores interesados en Guatemala en que se construya una conciencia de Estado, sin embargo, sigue habiendo poderes paralelos relacionados con la guerra o la trata de blancas, el narcotráfico, el crimen organizado... El Petén es un caso muy concreto, en ese departamento fronterizo con México es evidente cómo estos grupos organizados detentan el poder.

Hay un intento de hacer políticas públicas, y de hecho hay algunas políticas elaboradas en estos años (lamentablemente no hay asignaciones de presupuesto), hay una Procuraduría de Derechos Humanos que tiene apoyos de varias organizaciones de Derechos Humanos. Hay instituciones tratando de construir un espacio institucional nacional que responda a las denuncias y a las necesidades de la población. Pero, por otro lado, Guatemala sigue siendo un país profundamente desigual y violento, donde se están utilizando de nuevo estrategias de limpieza social que hace años que no se usaban, como método de represión, para evidenciar que se quiere hacer algo en contra de la delincuencia y de la inseguridad ciudadana. Yo diría que los grandes logros que se empezaban a visualizar como resultado de los Acuerdos, de unos tres años para acá empiezan a verse como retrocesos y nadie se explica qué es lo que está pasando. Porque ni siquiera en el gobierno del FRG, condenado por estar encabezado por Ríos Montt, se dieron estos niveles de retroceso que se ven ahora.

¿Se puede decir que Guatemala es ahora más violenta que hace diez años? ¿Eso podría tener que ver con la desmovilización de los grupos armados que ahora han perdido perspectivas?

Yo diría que hay otras explicaciones, pero no se puede explicar la situación de postconflicto si no se entiende el conflicto en Guatemala. Se tiende a pensar que un país que firma acuerdos de paz entra en una situación cualitativamente diferente. El problema es que está establecido internacionalmente que hay tres etapas por las que se transita en una situación posconflicto, la Verdad, la Justicia y el Resarcimiento. En Guatemala cuando se empezó a hacer el informe de la Iglesia Católica y el de Naciones Unidas se comenzó a transitar por la etapa de la Verdad: víctimas y familiares de víctimas empiezan a hablar de lo que sucedió, y eso quedó ahí, como testimonio de esa memoria. El nudo más grande que tiene Guatemala en esta etapa posconflicto es éste. Si no hay acceso a la Justicia, si no hay investigación ni procesos de búsqueda de responsabilidades, y por tanto, penalización de los responsables, no se puede dar el siguiente paso, y ese es el tema en el que está atascado el país, en la claridad. ¿Qué es lo que sucede? Si no hay procesos de investigación penal que condenen lo que sucedió la Verdad no cobra su siguiente significado, que es la Justicia. Es muy difícil pedirle al Estado de Guatemala en una situación postconflicto que condene a responsables cuando hay responsables del conflicto que están incorporados, a veces de manera oculta y otras más evidente, en ese Estado.

Ríos Montt por ejemplo...

Claro, pero Ríos Montt es una imagen muy visible, el gran problema es que hay muchos poderes ocultos que están ahí y que no lo sabemos, sólo sabemos que existen por las características de la violencia. Las mujeres que están apareciendo asesinadas aparecen en unas circunstancias muy parecidas a las que se daban durante el conflicto. El asesinato de jóvenes o más bien, la limpieza social, una estrategia muy utilizada en muchos países para reprimir el liderazgo social, se está usando hoy en contra de los jóvenes, que son sinónimo de delincuentes y los que los están cometiendo son personas que trabajan para el Estado pero que no dan la cara. Es muy difícil. En 1996 se dan los acuerdos de paz y se reducen considerablemente las cifras de violencia. En el año 2001 empieza de nuevo el incremento de la violencia, en función de los asesinatos de mujeres. El año pasado fueron 665 mujeres asesinadas.

¿Por qué esta violencia sobre las mujeres?

Hay un dato escalofriante, creo que en 2005 ó 2004 hubo 32.000 ingresos a la cárcel de jóvenes, muchos de los cuales no tenían siquiera acusación, ni delito. En los casos que se han investigado de asesinatos de mujeres, casi siempre jóvenes, trabajadoras de maquila o estudiantes universitarias, en los casos en los que se ha logrado descubrir a los responsables, eran siempre miembros de la Policía Nacional. ¿Qué es lo que hace que sean las mujeres el centro de la violencia? Hay hipótesis. Si bien es cierto que el grupo social de las mujeres se va incorporando poco a poco a la vida política, social y económica del país, esto ha provocado que muchas más mujeres trabajen, y lo hagan en el sector informal: las maquilas, el comercio... Estas mujeres salen de sus comunidades, quieren acceder a estudios universitarios... Otras llegan a la ciudad y empiezan a tener papeles que no son los tradicionales y un liderazgo social en organizaciones.

Una de las hipótesis es que hace 25-30 años se descabezaba a los movimientos sociales a través del asesinato, la tortura o la desaparición de sus líderes. Ahora estamos sufriendo las consecuencias de un liderazgo que fue descuartizado. Hoy no se dirigen las amenazas directamente a los líderes sociales (hombres o mujeres) si no que se mandan mensajes de terror y que cumplen el objetivo de difundirse mucho más. No se mata a mujeres líderes de organizaciones, si no que se va dejando un cadáver, después dos, tres, diez... de mujeres torturadas, descuartizadas y casi siempre violadas brutalmente, a la vista de todos. Es un mensaje: que las mujeres vuelvan a sus casas, que no trabajen, que no estudien, porque el lugar de las mujeres es la casa. Hay 14 casos investigados, de 2.000 que han sido denunciados, y de estos 14, los responsables, casi sin excepción han sido miembros de la Policía Nacional Civil, o miembros del Ejército...

¿Crees que esto responde a una especie de plan predeterminado para que las mujeres no ocupen el espacio público?

Yo creo que sí, pero no está alejado de todo lo que pasa en el país. Tiene que ver con toda la estrategia antiterrorista mundial. Hay un plan diseñado para generar un miedo global. Antes te señalaban por subversivo, ahora por terrorista. En Guatemala, me atrevería a decir que como en muchos países de América Latina, hay un resurgimiento de posiciones más nacionalistas, que están expresando un sentir antipoder norteamericano, antiguerras... pero en Centroamérica no hay movimientos sociales tan fuertes como hace años. Entonces, hay que encontrar nuevas formas de amedrentar a todo aquel elemento molesto para los gobiernos, transgresor, que pueda denunciar la violencia. Las mujeres han sido protagonistas (junto a muchos hombres también) de esas protestas. Me parece que ésta es una estrategia política que, por un lado, logra violentar a las mujeres en su máxima expresión, el asesinato y la violencia sexual, pero que además está vinculada con las estrategias de represión de esta nueva era.

Me parece que es evidente que las mujeres en todas partes del mundo tienen un protagonismo mayor. En América Latina este fenómeno es más reciente y en Guatemala mucho más. Por tanto creo que sí responde a una estrategia, y además, ésta ha logrado resultados. El gobierno y algunas instituciones del Estado han lanzado mensajes advirtiendo a las mujeres de que no salgan a partir de las 8 de la tarde, que se corten el pelo... Hace poco el Congreso aprobó una ley de planificación familiar, la Iglesia se opuso y al día siguiente la vetaron, pero parece que sigue en negociaciones. Hay una reacción social en contra de las mujeres, y no de las mujeres víctimas, sino de la protagonistas.

Mientras hablabas he sentido el parecido con el caso de Nicaragua. Cuando se entró en el proceso de paz en Guatemala y la guerrilla entra en el campo político tiene una similitud con el momento en que el Frente Sandinista pierde las elecciones en Nicaragua. La dirigencia del Frente en Nicaragua y de la guerrilla de Guatemala se componen fundamentalmente de hombres, entran en contradicciones internas y curiosamente en ese declive, en ese no tener rumbo, las organizaciones que más se consolidan son las de mujeres y el grito que se lanza entonces es: no vuelve a haber un proceso político en el que nosotras no estemos presentes con nuestra propia voz. Por ejemplo, las organizaciones que están cuestionado el sistema en Nicaragua, a la Iglesia... son sobre todo organizaciones de mujeres, y esto tiene un parangón en Guatemala...

Cierto, las mujeres en estos países libramos una lucha muy fuerte en contra del status quo pero además tenemos la lucha contra nuestros propios compañeros, que fueron compañeros nuestros de la izquierda, muchos de los cuales pueden ser violentadores, y otros, aun sin serlo, se han opuesto a la presencia de las mujeres en los espacios públicos. Hay mucha tela que cortar y es un sobreesfuerzo, porque son mujeres que están tomando la batuta en los temas más difíciles. Un ejemplo. Hace dos o tres años, cuando empezamos a analizar el tema del asesinato de mujeres, yo estaba en CALDH (Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos) y convocamos a las organizaciones de Derechos Humanos para comunicarles nuestra preocupación. Quisimos hacer una protesta pública, elaborar un comunicado conjunto, pues en la reunión se quedaron 5, los demás se fueron, porque dijeron que no era tema de actualidad, ni nacional ni de importancia. Y esto ha cambiado poco, porque cada vez hay más organizaciones que estamos en estos espacios dándole relevancia al asunto, que es una problemática nacional, a todos nos concierne. Es un sobreesfuerzo porque nuestros compañeros han tomado conciencia muy lentamente.

¿Y los espacios abiertos? Las mujeres se han incorporado al mundo laboral, se han planteado otros tipos de familia... ¿Esos espacios se están cerrando? ¿Cuál es el peso de la religión en todos estos miedos sobre las mujeres?

En Guatemala los cambios son muy lentos. Existe todavía la venta de mujeres, en las comunidades las mujeres son cambiadas por una dote. Existe la esclavitud sexual. Tal vez el espacio privado es el que cambia más lentamente. Hay mujeres trabajando en la maquila, indígenas, pobres, mestizas, que han ido a la ciudad, lo que es un gran avance en cuanto a su integración en el mundo económico, porque por primera vez en su vida están ganado un salario (poquito) pero no hay garantías de que ellas administren ese salario, con mucha probabilidad, o mandan dinero a su comunidad o se lo dan a su marido para que lo administre. El hecho de que las mujeres estén incorporándose a la vida económica de este país ya habla de algún cambio pero hay que recordar que, como dice un sacerdote español, “En Guatemala se conjuga el machismo español con el machismo maya” y es una mezcla bastante explosiva, en la medida en que es un país verdaderamente violento en una cultura de impunidad cotidiana.

Una de las cosas más dolorosas de Guatemala es que la cultura de impunidad no se quedó en el Estado, se quedó en la cultura, en la vida diaria, en el maltrato a los niños, a las mujeres, a los ancianos... es verdaderamente espeluznante. Hay un nivel de violencia agudizado por la guerra. Hay organizaciones de mujeres mayas que dicen que la cosmovisión maya no es la que han mantenido los hombres hasta ahora, en la que discriminan a sus mujeres. Esas raíces son las que se están tocando, y el tema de la violencia sexual. No es suficiente, desde nuestro punto de vista, denunciar que hay violencia en la casa. Es necesario decir que tanto la violencia doméstica, como la ocurrida en la guerra, como los asesinatos de mujeres de ahora, tienen como componente la violencia sexual. Y eso implica hablar de sexualidad, y en Guatemala no se habla de sexualidad porque vivimos en países absolutamente mojigatos, y con gran influencia de todas las iglesias, especialmente de la Católica y la Evangélica no se queda atrás y ahora los mormones están llegando en cantidades impresionantes... Hay más iglesias y sectas de todos los grupos religiosos que escuelas en Guatemala.

Esa es la realidad, que realmente llama al pesimismo, pero vosotras, que vivís ahí, que sí salís de casa después de las 8, ¿cómo veis las cosas a corto plazo?

Es increíble pero una se acostumbra a vivir en un país tan violento. De un contexto tan doloroso y tan duro sólo pueden surgir profundos niveles de compromiso, de creatividad y de inventiva para ver cómo continuar cambiando algo que se tiene que transformar. Desde mi punto de vista, la diferencia a cómo lo veíamos hace 25 ó 30 años es que nuestro reto no es el Gran Cambio, sino los cambios cotidianos, y tratamos de sacarle el mejor provecho a esos pequeños cambios.

En los últimos meses ha sido especialmente duro para nosotras trabajar sobre el asunto de los asesinatos de mujeres y con supervivientes de violencia sexual durante la guerra, porque es duro descubrir que esas mujeres han asumido esa violencia y la consideran normal. También fue especialmente duro porque nosotras también empezamos a sentir miedo. Hemos trabajado mucho sobre una idea, que es la que nos mueve a seguir luchando a diario, y es que un país sólo puede salir de un estado de victimización en la medida en que se crea que la victimización es eso, un estado temporal y no una condición de vida permanente. Pero eso es algo que hay que trabajar, porque incluso las organizaciones de Derechos Humanos creen ser indispensables, porque Guatemala siempre va a ser así, siempre habrá víctimas.

Nosotras estamos cuestionando esto porque desde nuestro punto de vista, este estado de víctima es sólo una etapa de la vida, si sigues trabajando pensando que las víctimas van a vivir siempre como tales, estás asumiendo un nivel de intermediación que no les va a solucionar el problema. Y nosotras, con las mujeres, hemos dicho que nosotras no somos intermediarias, sino que vamos a acompañar sus procesos de empoderamiento personal y vamos a llegar al punto de decir: “no tenemos culpa, ni vergüenza, por lo que nos ha sucedido”, y es difícil porque nosotras mismas sabemos lo que eso ha significado y hemos podido, pero cuesta muchos años.

La gran diferencia es que muchas de nosotras cuando llegamos a salir del estado de víctimas y del estado de dolor profundo, lo hicimos en soledad y las de ahora lo están haciendo en grupo. Así como mi dolor lo expreso a otra mujer ella puede hablar exactamente de lo que estoy hablando. Si yo hablo de cómo sané algo a esa otra mujer le valdrá para sanarse, aprovechando mi experiencia. Donde hay tanto dolor, como es el caso de las mujeres, también hay muchas esperanzas, porque ya no tienen nada que perder. Esa es la única explicación que te puedo dar de por qué estamos en esto, y por qué es tan importante para nosotras trabajar con estas mujeres. Puede ser que el panorama sea trágico, pero en la medida en que esa mujeres estén dando cambios en sus vidas, de alguna manera están logrando transformaciones sociales.

Y ese proceso ¿cómo se puede acompañar desde fuera de Guatemala? Aquí siempre ha sido un país olvidado, durante la guerra estaba opacado porque estaba la revolución en Nicaragua; en los acuerdos de paz, se entiende que se soluciona todo... y ahora ya no interesa a nadie porque hay una democracia. Pero ¿qué crees que puede aportar eso que se llama Comunidad Internacional?

Hay varias cosas, creo que al Estado de Guatemala le preocupa mucho su imagen, hay gente limpiándole la cara al gobierno, que ya no quiere verse acusado de violaciones de Derechos Humanos. En esta gira nosotras planteamos varias cosas, concretamente en España. Aquí están propuestos ante la Audiencia Nacional, los dos casos de genocidio más importantes de Guatemala, donde están implicados Ríos Montt y Lucas García. Lo que nos interesa en este caso es que se presione a la Audiencia Nacional para que se haga una investigación seria que incluya el tema de la violencia sexual en la guerra, y hay una medida muy importante, porque es la única jurisprudencia internacional a la que tiene acceso Guatemala para que por lo menos se condene al Estado por genocidio. Eso sería maravilloso.

Otra de las cosas es que deben de recibir muchas más denuncias y protestas por la impunidad en la guerra y por la falta de investigación criminal en el postconflicto. Otra cosa importante, la cooperación internacional se está yendo de una manera espeluznante de América Latina diciendo que hay otros intereses como el Medio Oriente... Es interesante ver que la cooperación que se está quedando en Guatemala sólo está llegando a través del gobierno y viene condicionada a que las organizaciones trabajen con él. Hay, entonces una gran dificultad de acceder a ningún financiamiento para temas de la guerra o Derechos Humanos. Yo diría que lo que se debe hacer es apoyar esfuerzos que tengan que ver con la justicia, porque la justicia es el nudo problemático de todos los países de América Latina.

Finalmente, no sé cómo, pero aunque la solidaridad no es lo que fue hace 30 años, habría que replantearlo en función del papel que cumple no sólo en el acompañamiento en terreno, sino en la presión en los Estados. Uno a veces no percibe la importancia de su papel en la sociedad civil en el país donde se está. Ahora están muy de actualidad los asesinatos en Ciudad Juárez, y hay que seguir denunciando, por supuesto. Hay quien tiende a equiparar las dos situaciones, pero no es lo mismo, en México no hubo una guerra, o por lo menos no la hubo en Ciudad Juárez, aquí estamos hablando de una impunidad que dura ya 30 años.


Luis Nieto Pereira y Aloia Álvarez Feáns son, respectivamente, coordinador y miembro del consejo de redacción de Pueblos .

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