Jornadas Feministas de Granada
30 años de lucha en defensa de los derechos de las mujeres
María José Belbel Bullejos y Mercedes Belbel Bullejos
Jueves 29 de abril de 2010, por Revista Pueblos
Uno de los aciertos de la convocatoria de Granada consistió en organizar unas Jornadas “Aquí y Ahora”, no como una conmemoración del aniversario de las celebradas en el 79, sino un encuentro que reflejara las nuevas urgencias políticas del feminismo: la necesidad de hacer visibles las redes intergeneracionales, las nuevas teorizaciones queer y postcoloniales y los nuevos sujetos políticos que se han estado gestando y fortaleciendo en la última década.
Por otro lado, se ha trabajado con la conciencia de aprender de los errores del pasado, no nos olvidemos de los fuertes conflictos que se generaron en las Jornadas de 1979 entre las partidarias de un feminismo de doble militancia, en partidos y organizaciones de mujeres, y del feminismo de única militancia en organizaciones exclusivamente de mujeres. Dichos enfrentamientos abrieron fuertes brechas y divisiones en el feminismo, de ahí la importancia de otras formas de hacer en estas nuevas Jornadas, desde la conciencia de que es más fácil destruir que construir y de que construir un nuevo feminismo en la segunda década del siglo veintiuno requiere realizar un profundo ejercicio de escucha, una postura abierta, respetuosa e inclusiva por parte de todas las participantes, que asuma el conflicto y la diferencia como una realidad. Creemos que una valoración de las Jornadas constataría que estos objetivos se han cumplido en buena medida.
Otro acierto de la convocatoria ha sido la estructuración de los debates a partir de cuatro campos temáticos que han servido para aglutinar la diversidad de los temas propuestos: (des)Identidades fronterizas, devenires y luchas feministas; Cuerpos y sexualidades; Neoliberalismo, globalización y acción feminista; nuevas representaciones/nuevos contextos. [1]
30 años de lucha
Las luchas más importantes dentro del feminismo en estos últimos 30 años se han generado en torno al derecho al divorcio, al aborto, contra las agresiones sexuales y por el derecho al espacio público y al placer sexual. Se han realizado campañas de autoinculpación bajo los lemas “Yo también soy adúltera”, “Yo también he abortado”, así como bajo el lema “La calle y la noche son nuestras también”. Habría que destacar la formación de los Colectivos de Feministas-Lesbianas o de Lesbianas-Feministas “Soy lesbiana porque me gusta y me da la gana”, que se organizaron a mediados de los años ochenta y el cuestionamiento de un modelo familiar que sojuzga a las mujeres.
Se ha exigido al Estado la socialización del trabajo doméstico para posibilitar el pleno acceso de las mujeres al mercado laboral, a la independencia económica. También se ha impulsado la formación de Secretarias de la Mujer en los sindicatos, la educación sexual y la lucha por la coeducación en los centros de enseñanza frente a los estereotipados roles de género. Los métodos de lucha han sido en muchas ocasiones radicales: manifestaciones, encierros, realización de abortos en algunas jornadas, las autoinculpaciones antes mencionadas, etc. Por otra parte, se han estrechado lazos a nivel internacional asistiendo a los Encuentros de Mujeres Latinoamericanas.
Las últimas luchas masivas que se han dado durante estos 30 años fueron por el derecho al aborto en 1986 con el PSOE ya en el poder. Las reivindicaciones más básicas se fueron consiguiendo, aunque algunas sólo parcialmente y sectores del feminismo se fueron institucionalizando con la creación del Instituto de la Mujer que también absorbió como trabajadoras a una parte del movimiento feminista. El feminismo dejó así de ser sólo un movimiento activista.
Es importante señalar que los debates llamados “las guerras de sexo” en EE.UU no han tenido tanto peso en el Estado español. Durante este período numerosas feministas se mostraron a favor de la pornografía y de la defensa de los derechos de las trabajadoras del sexo. Fueron apareciendo organizaciones feministas antimilitaristas y las organizaciones de mujeres transexuales se incorporan al movimiento feminista. Empezaron a crearse los primeros Centros de Investigaciones Feministas en la Universidad y a mostrarse las primeras exposiciones de artistas que trabajan desde el feminismo. También se empieza a cuestionar la precariedad de las mujeres desde la participación en los movimientos okupas y a trabajar en la defensa de los derechos de las mujeres inmigrantes, mujeres que por primera vez empiezan a emigrar solas, no sobre la base de la reagrupamiento familiar.
Se puede afirmar que siempre ha existido una corriente importante de feminismo cuyo objetivo fundamental no ha sido la normalización de la situación de las mujeres en un marco democrático occidental capitalista, sino que ha cuestionado el feminismo heteronormativo, blanco, occidental y de clase privilegiada y que ha participado en las luchas políticas generales de una manera innovadora y transversal tanto a nivel discursivo como organizativo.
La profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Berkeley, Wendy Brown, escribió un magnífico artículo, aún por traducir al igual que el conjunto de su obra, titulado “Resistir a la melancolía de la izquierda”, que quizás refleje el estado de ánimo de muchas y muchos militantes antifranquistas y también de algunos sectores feministas. La melancolía producida por una idea de derrota histórica, aunque no parece que haya sido mala cosa dejar de creer en la dictadura del proletariado, la revolución violenta, en la justificación de los medios por los fines que se pretenden alcanzar y en una visión teleológica, lineal y progresiva de la existencia.
El paso del tiempo nos hizo ver que existía un heteropatriarcado estructural que las políticas de igualdad no conseguían erradicar, también nos hizo cuestionarnos el esencialismo del término “Mujer” que obviaba las diferencias entre las mujeres, diferencias marcadas por las variables transversales de clase, sexualidad y raza.
En la última década, diversas pensadoras han reflexionado de forma renovada sobre de la importancia de factores como el estigma, el miedo y la vergüenza, la violencia física y epistemológica de la misoginia, el racismo, la homofobia, lesbofobia y transfobia que han formado parte de los procesos de subjetivización de las personas consideradas abyectas. ¿Qué papel desempeñan las emociones en la política y más concretamente en las políticas en torno al género? Toda una línea de investigación iniciada por Eve Kosofsky Sedgwick junto con Adam Frank en Shame and its Sisters: A Silvan Tomkins Reader (La vergüenza y sus hermanas) que continuó hasta su reciente fallecimiento y que también está por traducir al castellano. En el Estado español apenas se ha empezado a reflexionar sobre ello.
El feminismo sigue vivo
El feminismo se ha querido presentar en décadas recientes como una teoría pasada de moda, que tuvo su momento estelar en el Estado español durante la Transición, pero que ya no tiene sentido para las mujeres jóvenes una vez conseguidos determinados logros. Es vital que sigamos recordando que cuando luchábamos por esos logros las feministas tampoco teníamos una gran reputación: se nos tachaba de locas, de feas, de marimachos, de prostitutas y de desunir a la clase obrera, pues las izquierdas y las derechas generalmente han sido muy parecidas en su misoginia y homofobia.
Pese a todo, hemos seguido en la brecha, pues nos interesa más nuestro trabajo político feminista, a todas luces urgente, y procurar no anclarnos en la melancolía del baúl de los recuerdos, sino aprender de la realidad y articular políticas para el aquí y el ahora, llevar a cabo un ejercicio de escucha y de traducción transgeneracional, analizar de forma abierta e inclusiva las nuevas conceptualizaciones teóricas para que nuestro trabajo sea más útil y menos fragmentado.
Aquí y ahora
Estamos viviendo un periodo histórico en el que las políticas de derechas se manifiestan en contra del derecho al aborto, de los derechos para las personas cuya opción sexual no es la heterosexual, en una defensa de los privilegios del Primer Mundo bajo la coartada de la supremacía cultural de las sociedades occidentales y en un fuerte liderazgo de la jerarquía católica. Junto a una sociedad civil que adolece de la conciencia política que el momento requiere.
Las feministas queremos impulsar nuestra lucha contra la precariedad de las mujeres en el terreno económico: pobreza, trabajos mal remunerados, pensiones bajas, doble jornada laboral, cuidados de niños, personas ancianas y enfermas, etc. La pobreza y la exclusión acentuadas en tiempos de crisis económica.
No podemos dejar que se utilice el feminismo como una ideología que sirva de coartada para oprimir a otras culturas, para declararles la guerra, para llevar a cabo políticas neocolonialistas, el cuestionamiento de los derechos humanos, la defensa de la tortura como ha sido el caso de Guantánamo, Irak, Afganistán. Ni para excluir a las niñas que llevan pañuelo en la escuela, convirtiendo el laicismo en fundamentalismo. Una vez más, no podemos dejar de observar cómo el cuerpo de las mujeres se convierte en un campo de batalla, en un símbolo cultural, religioso o nacional, en un instrumento arrojadizo en la lucha frente aquéllos cuyo dolor no sentimos, ni nos importa, porque no son “de los nuestros”, como diría Judith Butler, o como describió George Orwell en Rebelión en la Granja: “todos los animales son iguales pero algunos animales son más iguales que otros”.
Algunos sectores del feminismo más oficialista aparecen con frecuencia ante la opinión pública como la única opción posible o existente. Dichos sectores defienden políticas de protección de la mujer de corte victimista y centran su política en la paridad y la superación del techo de cristal, están en contra de los derechos de las trabajadoras del sexo con posturas abolicionistas en torno a la prostitución que desde su punto de vista nunca puede ser un trabajo voluntario y consideran a la cultura occidental moderna y superior frente a otras culturas a las que habría que civilizar.
Tenemos que seguir cuestionando el mandato de género que nos construye y socializa como hombres y mujeres, como dos géneros binarios, opuestos (y jerarquizados) basado en la misoginia y la homofobia: el heteropatriarcado que no es algo natural sino construido y mantenido a través de la violencia física, psíquica, emocional y simbólica. Existen muchos géneros, probablemente existirán mucho más en el futuro, tenemos que crear espacios de identificación para que esa vidas puedan ser vividas sin opresión, sin estigma y sin vergüenza. La resistencia política desde el cuerpo lucha por una aceptación de la diversidad corporal que pasa por dejar de hablar de minusválidos, de discapacitados, en la medida en que nadie es completamente válido ni capaz.
Nuevos retos
Las tecnologías del género construyen los discursos, la idea de “verdad” sobre el género como afirma Teresa de Lauretis. El feminismo también es una tecnología de género, como lo es la literatura, el cine, la música, las artes visuales y la cultura en general. En las Jornadas de Granada se ha analizado la relevancia que tiene la representación como tecnología de género en la construcción del imaginario social y la importancia del trabajo de las mujeres y del trabajo inmaterial en las nuevas industrias culturales. Por ello, el cuarto campo de debate se centró en las representaciones culturales y en los nuevos contextos. Se contó con la colaboración de artistas visuales, escritoras y productoras culturales de diversas disciplinas artísticas.
Como analiza Judith Butler en Dar cuenta de sí mismo, no podemos hablar de nosotros, de mí, sino en relación de un vosotros y de un tú. Las vidas de las personas están indisolublemente relacionadas. Asimismo, Butler se plantea en Marcos de guerra cómo la vida puede ser vivible, una pregunta que incluye la vida del planeta, de las personas y de los animales aún a sabiendas que el conflicto, la agresión y la muerte forman parte de la vida. Tales preguntas afectan a todas las personas que luchan por el cambio social.
En estos temas se han centrado las Jornadas Feministas de Granada que han reunido a casi cuatro mil mujeres de distintas generaciones y procedencias. El evento comenzó con una inauguración emocionante y divertida, continuó con más de 130 ponencias y debates de alto nivel y una manifestación de más de cinco mil personas. El éxito ha sido tal que numerosas mujeres que no habían participado en el movimiento feminista se han acercado a la Coordinadora y a los distintos grupos que la componen después de las Jornadas.q
María José Belbel Bullejos participa en el movimiento feminista desde mediados de los años setenta y participó como ponente en las Jornadas Feministas de Granada. Mercedes Belbel Bullejos es cofundadora de la Asamblea de Mujeres de Granada y miembro del comité de organización de las Jornadas Feminista de Granada del 79 y del 99. Este artículo se publicó originalmente en el nº 41 de la Revista Pueblos, marzo de 2010.
Notas
[1] www.feministas.org
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