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Una cooperación báltico-mediterránea: ¿Con qué objetivo?

Tuomo Melasuo

Viernes 16 de abril de 2010, por Revista Pueblos

La importancia de los mares y las zonas marítimas ha ido aumentando en las últimas décadas, lo que significa que la cooperación entre las mega-regiones del Báltico y el Mediterráneo adquiere cada vez más peso también para la Unión Europea. Si se tiene en cuenta la posición central del Mediterráneo, la cooperación entre estas dos zonas se está volviendo esencial para el futuro de Europa. Para poder lograr sus objetivos, Europa necesita aprovechar sus raíces y valores mediterráneos.

Se supone que el debate sobre la política exterior europea y las relaciones de Europa con sus vecinos va a adquirir una nueva dimensión gracias al vigente Tratado de Lisboa. Además de nuevas instituciones, se está posibilitando un nuevo tipo de cooperación regional. Podemos contar con que, por lo menos en parte, las relaciones con las zonas cercanas podrían organizarse a través de una especie de mega-regiones en las que participarían también otros actores no pertenecientes a la Unión Europea.

Con esta nueva situación, la cooperación entre las zonas marítimas del Báltico y el Mediterráneo puede entenderse desde nuevas perspectivas. Intentemos ahora comprender por qué la cooperación báltico-mediterránea es importante y cuáles son los retos principales en el programa. A continuación consideraremos estos aspectos desde cuatro niveles y ámbitos diferentes: geopolítico o geoestratégico, práctico, político y cultural.

Geopolítico y estratégico

A menudo se ha estimado que, a nivel global, la importancia de los mares y las zonas marítimas lleva aumentando desde las últimas décadas, lo que se debe principalmente a tres factores distintos.

En primer lugar, hay que tener en cuenta el importante crecimiento del transporte marítimo en general. Su aumento ha sido considerable durante las dos últimas décadas. Dicho crecimiento tiene unas implicaciones técnicas, logísticas, comerciales y estratégicas clave en todo el mundo, incluyendo el Báltico y el Mediterráneo.

En segundo lugar, la creciente importancia de los mares se debe a razones ecológicas y medioambientales, como el cambio climático, en el que los mares desempeñan un papel fundamental. Este aspecto quedó muy claro en la Conferencia de Copenhague sobre el Cambio Climático a finales de 2009. El deshielo de los icebergs y las reservas de agua dulce, como en el Himalaya, tendrían una repercusión dramática en las zonas costeras en distintos lugares del mundo.

Por último, el aumento de la importancia de los mares se relaciona asimismo con la búsqueda de recursos naturales. Las nuevas competencias en el Mar Ártico son una señal clara de ello. Primero Rusia, desde 2007, después Estados Unidos y Canadá desde el verano de 2008, seguidos de Noruega y Dinamarca, están desarrollando cada vez más actividades en el área del Mar Ártico, que no está regida por ningún tratado internacional como sucede en el Antártico, en el sur. La competencia por conseguir recursos y nuevas rutas marítimas, debida al cambio climático, puede provocar además distintos tipos de conflictos y tensiones latentes. Desde hace poco tiempo, la Comisión Europea sigue de cerca la evolución del Ártico.

Claramente, la importancia creciente de los mares significa también que el Mediterráneo y el Báltico son cada vez más relevantes para Europa.

Cooperación práctica báltico-mediterránea

Las razones estratégicas y geopolíticas tienen igualmente aplicaciones directas y concretas en la cooperación báltico-mediterránea. Un conjunto completo de experiencias técnicas y prácticas, incluyendo la buena gobernanza en el sector marítimo, se puede compartir entre ambas zonas marítimas.

Las nuevas instalaciones de transporte y portuarias pueden compartir las mismas experiencias logísticas y tecnológicas y progresar a la par. En ambas zonas marítimas se planea construir “autopistas del mar”. Aquí se incluyen también las actividades de protección marítima, que se ocupan, en primer lugar, de asuntos y peligros ecológicos y medioambientales, así como de diversas estructuras para los sistemas de seguridad de emergencia de primeros auxilios, cuyas experiencias pueden ser fácilmente compartidas. En lo que respecta a las nuevas tecnologías portuarias, se aplica el mismo tipo de búsqueda para compartir experiencias. Éstas se refieren a distintos intentos de resolver los retos medioambientales en las mega-regiones del Báltico y el Mediterráneo.

En el campo de la energía existen nuevas tecnologías para gaseoductos y oleoductos en construcción en el Báltico y el Mediterráneo, entre Rusia y Alemania y entre Algeria, España y Francia, entre otros. De hecho, la cooperación entre ambas zonas marítimas comenzó con cuestiones medioambientales en los años setenta en el Báltico y mucho antes en el Mediterráneo. Lo mismo ocurre con la cooperación entre ambas zonas. Los científicos del mar y los especialistas en ecología marina fueron los primeros en iniciar la cooperación báltico-mediterránea.1

Teniendo en cuenta este tipo de ámbitos tan concretos y prácticos, hemos de reconocer que, de hecho, las autoridades y actores locales han entendido bastante bien las ventajas de la cooperación. Cada vez hay más prácticas comunes en estos ámbitos en dos zonas marítimas. En general, con respecto a los asuntos técnicos y prácticos, cuanto más avanza la sociedad de la tecnología y el conocimiento, mayores son los motivos para una cooperación báltico-mediterránea.

Político

La cooperación báltico-mediterránea es también importante desde un punto de vista político. Las áreas marítimas del Báltico y el Mediterráneo han cambiado drásticamente en los últimos 20 años y, aún hoy en día, tienen que hacer frente a muchos ajustes y alteraciones. Con el final de la Guerra Fría y la expansión de la UE a Europa del Este, el Mar Báltico se ha convertido casi en un lago interno para la Unión Europea. Al mismo tiempo, el Mediterráneo ha cobrado más importancia en los últimos años, recuperando su posición crucial para nuestro futuro.

Durante los pasados cinco años estas áreas marítimas se han intentado reestructurar y reorganizar su interconexión con la Unión Europea. Llevaba en preparación muchos años una nueva estrategia para la región del Mar Báltico y, finalmente, la aprobó la UE durante la presidencia sueca en 2009. Por otra parte, esta estrategia también pretende reactivar la conocida Nordic Dimension o “dimensión nórdica” que Finlandia y Suecia en particular han estado promocionando con el fin de realzar el papel de los países nórdicos en la Unión.

Esta es la primera vez que se desarrolla una estrategia global en una mega-región dentro de la Unión Europea. El objetivo principal es fortalecer la cooperación entre los países bálticos y Rusia. Al mismo tiempo se pretende fomentar la participación de toda Unión Europea en este proyecto, cuya prioridad es la protección del medio ambiente en el Báltico. En febrero de 2010 se celebró en Helsinki la primera Cumbre sobre el Mar Báltico (Baltic Sea Action Summit), donde se reunieron cientos de participantes de once países incluyendo jefes de Estado. En esta cumbre se lograron alcanzar un total de 140 compromisos. Su ejecución será controlada por el Baltic Sea Action Group o Grupo de Acción para el Mar Báltico. La existencia de estas nuevas herramientas, la estrategia y el grupo de acción facilitan la cooperación con el Mediterráneo.

El Proceso de Barcelona, creado en 1995, se ha criticado por no alcanzar lo que se esperaba. Por consiguiente, la cooperación Euro-mediterránea se ha revitalizado con la Unión por el Mediterráneo que varios líderes europeos acordaron en París en julio de 2008. Esta Unión por el Mediterráneo (UfM) tiene una mayor presencia política que el Proceso de Barcelona, ya que involucra a los jefes de Estado. Debido a la situación en Palestina se han frenado las actividades de la Unión en el Mediterráneo. Sin embargo, y al menos en teoría, la existencia de la Unión para el Mediterráneo también facilita la cooperación con el Báltico.

Por una parte, está claro que ambas zonas marítimas necesitan cooperación para poder reforzar su propio papel en la política europea. Esto es específicamente legítimo en todas las conversaciones en curso en las mega-regiones europeas y en el papel que jugarán dentro de la Unión en un futuro. Por el contrario, cuanto más se desarrollan dentro de sus propios límites la cooperación Báltica en el norte y la Mediterránea en el sur, más progresos se tiene que hacer en la cooperación recíproca para poder mejorar su rendimiento, lo que significa que su propio desarrollo requiere mejor cooperación entre ambas zonas.

El Mediterráneo siempre ha sido importante tanto para el mundo nórdico como para el Báltico. Desde 1995 Suecia y Finlandia han deseado adherirse totalmente a la Unión Europea, lo que significa que ambos países participan en todos los ámbitos que son importantes para Europa. Además el Mediterráneo se está convirtiendo en una parte central en casi todas las áreas de la vida política. Europa precisa del mundo mediterráneo para alcanzar todas sus metas y viceversa. Jean-Robert comenta como “Europa tiene que hacerse más mediterránea si el objetivo es ofrecer metas estratégicas y políticas para la Unión tras el Tratado de Lisboa.”

Lo mismo ocurre en los países nórdicos y bálticos ya que, si quieren que los países mediterráneos y del sur de Europa en general comprendan y apoyen sus ambiciones en el Norte, deben actuar y ser creativos en el Sur y en sus relaciones con el Mediterráneo. Además, en el contexto europeo, la participación activa de países como Finlandia y Suecia en la cooperación báltica autoriza su presencia en el Mediterráneo pero, por otra parte, los obliga a actuar en el mismo.

Una cuestión estratégica es como países asociados del mediterráneo sur pueden beneficiarse con la cooperación báltica y viceversa. La cooperación con países nórdicos y bálticos podría convertirse casi en una garantía en su relación con sus vecinos del sur de Europa.

En el “viejo continente” en el que vivimos hoy en día se debe realzar la importancia de esa cooperación entre varios países europeos por un futuro común para nuestra comunidad euro-mediterránea. La cooperación Báltico-mediterránea se necesita también para reforzar y asegurar la importancia de ambas zonas: Europa y el Mediterráneo en el contexto mundial; además de fortalecer su papel y posición ante nuevos retos como por ejemplo EEUU, Rusia, China y la India. Una comunidad euro-mediterránea, en lugar de simplemente Europa, puede convertirse en un jugador a nivel global y, por este motivo, la competencia en estas zonas es tan agresiva porque todos estos actores tienen una presencia en ambas regiones.

Diálogo entre culturas

Tanto los países bálticos como los mediterráneos están experimentando cambios importantes e inevitables en su diversidad y desarrollo cultural debido, parcialmente, a la globalización.

En el norte es difícil de decir si estos cambios tienen más relevancia hoy o, quizás, la tenían hace uno o dos siglos. Sin embargo, se puede reconocer que, gracias a la globalización y a las nuevas tecnologías, todo se mueve más rápido que nunca, incluyendo también los cambios culturales.

Esto quiere decir que, por ejemplo, culturas del norte de África tienen una influencia en las regiones nórdicas y del Báltico. La introducción de pizzas, kebabs y cuscús ha revolucionado la cocina en poco tiempo, llevando a invenciones tan extrañas como la pizza nacional de Finlandia con jamón y piña o como el reno con cuscús, que ya forma parte de los restaurantes nórdicos más refinados. La música “raï”, procedente de Argelia, tiene un gran seguimiento en los países nórdicos.

El mundo en el que vivimos hoy en día nuestra generación tiene el cometido de mantener un diálogo ininterrumpido con regiones y culturas lejanas, un privilegio del que no disfrutaron generaciones anteriores pero que, por otra parte, desafía y enriquece nuestra era. Todo esto muestra que las regiones del Báltico se han equiparado a los países mediterráneos no costeros.


Tuomo Melasuo es director de investigación de TAPRI, el Instituto de Investigación de la Paz de la Universidad de Tampere (Tampereen Yliopisto). Es asesor en el Consejo de la Fundación Anna Lindh y está especializado en el mundo contemporáneo de África del Norte y el Mediterráneo. Más información aquí.

Este artículo ha sido traducido para Pueblos por Leticia Camarero y Pilar Barrio.

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