Puede que posean la inteligencia de los primeros hombres, que comprendieron que sobrevivir consistía en cambiar de lugar, la de los últimos hombres que acabarán huyendo de la hecatombe de las ciudades o la de los rebeldes de siempre, que jamás se incorporan a ningún sistema establecido. Ahora me parece que su caminar tiene que ver con su propia concepción de la libertad”(Los hombres que caminan, Txalaparta, 2000). El caminar de Malika tiene una lejana semejanza con el de estos hombres. Ella no se ha amoldado ni dejado amoldar, no ha claudicado, no ha sido temerosa de su condición de mujer en una Argelia donde lo más probable era que la hubieran casado... En sus libros, sus protagonistas femeninas piensan, sienten, se rebelan. Quieren estudiar, aprenden a escribir aunque sea en la fina arena del desierto, huyen de la tradición... En (El siglo de las langostas, Txalaparta, 2002) Yasmina no tiene voz, pero sí palabras. Palabras que conoce a través de las enseñanzas de su padre que desde bien temprano decide que “su hija recibiría una educación, sería libre y alegre”. A lo largo de las obras de Malika la enseñanza tiene mucha importancia, no sólo el problema de la escolaridad de los niños, sino y sobre todo el de las niñas. Su preocupación por el aprendizaje de la lectura y la escritura se deja ver en casi todos los personajes femeninos. Pero también el aprovechamiento de las enseñanzas de las mujeres mayores es crucial para algunas de las protagonistas. Esto sucede con Sultana, la protagonista de La prohibida (Ediciones Era, 2006), que a través de las mujeres mayores que van a su hospital empieza a recuperar su infancia.
Un tema vital en los libros de Malika es el exilio. La partida está presente en sus personajes siempre. Parten a la Meca, parten a Francia a luchar en la guerra, parten a otros lugares para buscar mejores tierras, parten para estudiar en el extranjero, parten porque sí, porque son nómadas... Y esa partida, a veces rabiosa, a veces resignada, otras sin sentido, marca la nostalgia de las historias y de las vidas de sus personajes. Sultana, vuelve a su tierra y dice “jamás había creído que pudiera volver a esta región. Y eso que nunca llegué a marcharme de verdad. Tan sólo incorporé el desierto y lo inconsolable a mi cuerpo desplazado. Y me escindieron”. Pero para ella su primer exilio fue la lectura, después la escritura y por fin el saber, (El desconsuelo de los insumisos, El Cobre Ediciones, 2006).
Malika Mokeddem no es una escritora complaciente. Es dura en los detalles, en las descripciones, en la cantidad de personajes, en los datos sobre la historia de Argelia, la guerra, los modos de vida, el desierto, las plagas de langostas, la dureza de la vida nómada... Sin embargo lentamente, al compás de su lectura, vamos comprendiendo el significado de cada detalle. El porqué de cada descripción va creciendo la reflexión y el entendimiento de un mundo hasta entonces desconocido. Pero no por ello su lectura deja de ser amena y distraída. Sus historias son algunas encantadoras, otras interesantes e incluso intrigantes. Siempre queremos llegar al final para saber qué pasa con los personajes, con las personas.
Escritora cargada de sensibilidad hace que nos encariñemos con sus personajes, sobre todo con los femeninos, mientras que de igual forma hace que sintamos pánico, desagrado o incluso repugnancia por otros. Mujer valiente donde las haya, a través de las palabras procura sobrepasar la intransigencia y la ignorancia que se han instalado en las cabezas de los hombres.
Clara Alonso es colaboradora de Pueblos. Este artículo ha sido publicado en el nº 41 de la revista Pueblos, marzo de 2010.
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