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ENTREVISTA CON JAVIER CORCUERA, CINEASTA

Javier Corcuera: “Hay temas de los que no se puede hablar si te sales del guión ”

Sábado 15 de marzo de 2003, por Javier de Frutos

Cuando el Festival de San Sebastián de 2000 estrenó La espalda del mundo, vino a romper con la prolongada sequía del cine documental español, desde hacía décadas relegado a la pequeña pantalla. Un mosaico sin voz en off en torno al derecho a la infancia, a la palabra y a la vida, filmado por Javier Corcuera (Lima, 1967), se convirtió en algo más que una película reconocida. “Nos mostraron que la espalda del mundo tiene rostro, muchos rostros silenciosos, pero también otros que acusan y se defienden desde el otro lado, en cualquier lugar”, escribía Corcuera sobre los “personajes” del documental. En esa senda siguió con La guerrilla de la memoria (2002), a propósito de la olvidada lucha de los maquis, y en ella continúa.

Decía García Márquez que “alguien tendría que enseñarle a los colegas jóvenes que el cassete no es un sustituto de la memoria. La grabadora oye, pero no escucha, repite pero no piensa y sus versión literal no será tan confiable como la de quien pone atención a las palabras vivas del interlocutor”. Sucede que hoy se practica una periodismo a la defensiva -“de declaraciones”, lo llaman-, donde el reportero es un pie de micro que acumula cassetes como quien recolecta pruebas ante una previsible demanda. Y ocurre entonces que, al apagar la grabadora, se habla.

El problema es que hablar de memoria siempre está sujeto a la incertidumbre, y tal atrevimiento atenta contra “la seguridad”. Y no hay nada peor en los tiempos que corren. En torno a eso giró la conversación con Javier Corcuera: a los tiempos que corren, a la falta de memoria, al miedo a hablar... “Hay temas de los que es difícil hacer una película en este país: la situación en el País Vasco, los presos calificados como FIES, los maltratos a los inmigrantes en comisarías, probablemente haya más...”, “te dirán que no interesa, que no tendrá público, y por ahí comienzan los problemas”, y si finalmente te sales del guión, te buscarán alguna complicidad indeseada. Mientras ojea la hoja parroquial del PP distribuida por la prensa ese mismo día, sin entender como El País se presta a ofrecer un documento partidista a favor de la guerra, recuerda la contestación de Buhs Jr. al ser preguntado sobre la pena de muerte: “Desgraciadamente no existe un castigo peor”. “Ése es nuestro aliado”.

¿Cómo analiza el momento político actual, en el que el mundo del cine parece haber despertado un sentimiento mayoritario contra la guerra?

Creo que ha sido importante. Las gentes del cine son ciudadanos, saben lo que está pasando, y están en su derecho de opinar y decir lo que piensan. Ha significado un boom mediático que respondía al sentir de la gente. Me parece muy positivo. Lo que es terrible es la respuesta que ha habido desde algunos sectores de los medios de comunicación y algunos columnistas, que han intentado crear un ambiente extraño y criminalizar una posición tan legítima como el “no a la guerra”. No es casual que, por ejemplo, el otro día a un chaval que dijo “no a la guerra” en un mitin del PP le gritaran “asesino”. Es el momento de decir “no a la guerra” y de reivindicar el derecho a la libertad de expresión.

La reacción del Gobierno ante la gala de los Goya pareció desmesurada...

Sí, han perdido un poco la sensatez, pero no es muy diferente a la política de Bush después del 11 de septiembre: la idea de desproporción en la respuesta, de proclamar que el que no está conmigo, y con mi posición y con mi forma de ver las cosas, está contra mí, es decir, está con Bin Laden, con el terrorismo... Es lo que está haciendo el PP, responder de forma absolutamente descontrolada. Lo que me parece aún más lamentable es que se sumen medios de comunicación a esta estrategia e incluso algunos intelectuales de prestigio que tienen la posibilidad de escribir artículos de opinión en la prensa. Me parece muy delicado.

¿Le ha sorprendido la unanimidad del cine español contra la guerra y contra la política del Gobierno?

Surgió de forma natural, respondió al sentir de lo que había en la calle. No me sorprende que la gente se haya unido porque creo que hay un sentir popular, no solamente en España sino en el mundo en general, contra esta guerra que se puede evitar y en la que nos están metiendo nuestros gobernantes.

¿Se mantendrá en el tiempo la protesta?

Primero espero que no haya guerra, y que el movimiento se mantenga el tiempo necesario para pararla. Y luego espero que se consolide un movimiento contra este tipo de hegemonía que está ejerciendo Estados Unidos... tengo la esperanza de que siga habiendo unidad.

Da la sensación de que se ha recobrado el compromiso político de intelectuales y artistas.

En realidad siempre ha existido, lo que pasa es que ha habido una coyuntura muy concreta que lo ha hecho visible. Pero lo importante es que no solamente ha habido una participación masiva de la gente del arte, sino que hay un despertar social que es consecuencia de la lucha de los movimientos sociales y de organizaciones que vienen trabajando desde hace mucho tiempo en todo el Estado.

En estos momentos estás trabajando en un proyecto en el Sahara...

Estamos preparando con un grupo de gente del cine y la Asociación de amistad con el pueblo saharaui un Festival Internacional de Cine en el Sahara que se va a realizar en octubre en los campos de refugiados. La idea surgió tras una visita que hicimos algunas personas a los campamentos y a raíz de conversar con las autoridades del Frente POLISARIO. Se trata de que durante unos días la gente de los medios de comunicación y del cine ponga su mirada sobre la situación tan terrible y tan difícil que están viviendo los refugiados saharauis. Se habla muy poco de lo que sucede y la realidad allí cada día es más complicada, sobre todo ahora que parece perder peso la posibilidad del referéndum. La infraestructura técnica la llevaremos desde aquí y será todo al aire libre, con el formato clásico de un cine de verano...

Y en el terreno de la realización...

Estoy terminando un trabajo documental sobre uno de los personajes de La espalda del mundo, Thomas Miller-El, preso en el corredor de la muerte. Tras una campaña de apoyo internacional, se ha suspendido momentáneamente la ejecución hasta que la Corte Suprema de Estados Unidos decida si hay o no motivos para anular el juicio. Tenemos la esperanza de que la decisión sea positiva, pero no hay ninguna garantía de ello.

Pueden decir que no, retroceder otra vez a la situación anterior y ponerle una fecha de ejecución. Las pruebas que se han puesto sobre la mesa demuestran que habían sido eliminados todos los miembros negros del jurado durante el juicio, además de otra serie de irregularidades. Si la decisión es positiva, lo que todos esperamos, va a hacer falta muchísimo dinero para poder llevar a cabo el juicio. La decisión de la Corte Suprema puede afectar a otros casos, porque esa política de eliminar los jurados negros se ha aplicado también en el caso de otros presos que están condenados a muerte y de otros presos comunes. Es casi una decisión con un valor político, porque puede incidir en el sistema judicial de Texas... es complicado.

¿Aún continúan las proyecciones de La guerrilla de la memoria?

Se siguen dando algunas de forma esporádica con los guerrilleros. Ahora se va a estrenar en México, y vamos a ver qué tal, porque allí existe un sector importante del exilio. La experiencia de utilizar canales alternativos de distribución ya la exploramos con La espalda del mundo; hubo quizá tantos espectadores en circuitos paralelos como en oficiales. Se hicieron 300 proyecciones dentro de la campaña para financiar la defensa de Thomas Miller. Creo que habría que tener muy en cuenta esta forma de distribución.

Antes de la gala de los Goya, el cine hablaba de la crisis ligada a las dificultades de distribución...

El tema eterno de la distribución es fundamental. Hay que tomar mediadas porque el cine español está muy bien, y lo está demostrando con películas como las de Fernando León o con los premios internacionales que está obteniendo Almodóvar. No podemos permitir que las trabas de la distribución nos impidan poner nuestro cine. En el tema del documental es todavía más grave. Vamos a ver qué pasa cuando se unan las plataformas de televisión.... Pero el problema es el de siempre... creo que hay fórmulas que son viables y que en otros países se han aplicado, como en Francia.

Le ha sorprendido la reacción de algunos productores tras la ceremonia de los Goya...

Me ha sorprendido que la gente esté en contra de que unas personas digan lo que piensan, me parece increíble, independientemente de que sean productores o ministros. Es algo que ya expresó Almodóvar en los Globos de Oro y nadie dijo nada, no sé por qué aquí no se puede decir. Ha habido ganas de manipular y de confundir desde los medios de comunicación....

Tal vez se ha roto la autocensura, para sorpresa del Gobierno...

Lo delicado es cuando la autocensura empieza a coger unos niveles tan tremendos como para que tengas miedo de decir “no a la guerra”. Comprendo la autocensura en cuestiones muy complejas y que pueden traer mil consecuencias; es negativa pero se puede llegar a entender. Pero con algo tan claro como que no estamos dispuestos a que en nuestro nombre vayan a matar gente a un lugar donde se puede evitar, y tenemos la obligación de evitarlo... Que la autocensura llegue a esos niveles me parece gravísimo. Creo que nos hemos ido atrofiando, por eso me sorprende más la respuesta que lo que sucedió en los Goya, lo que allí ocurrió me pareció digno y maravilloso.

Estamos al borde de una situación internacional de consecuencias irremediables y hay gente que lo dice, lo triste es que haya quien se escandalice porque lo digan. No se trata de cuál es el foro para decirlo y cuál no, la libertad consiste en poder decir las cosas donde crees que tiene sentido decirlas.

¿Qué opina de que se haya querido relacionar el “no a la guerra” con una supuesta tibieza frente a ETA?

Esta estrategia de confusión es la misma que emplea Bush cuando acusa a la gente contraria a su política de estar de acuerdo con los atentados a las Torres Gemelas. Se trata de intoxicarlo todo. Pero la gente que está en contra de la guerra está en contra de la muerte para solucionar los conflictos. A mí más bien lo que me parece extraño es que exista gente que esté en contra del terrorismo, pero que esté a favor de la guerra. Hay que tener mucho cuidado, porque criminalizar cualquier voz disidente con ese argumento perverso de vincularlo a la violencia es muy delicado. Se está haciendo con la plataforma Nunca Máis, por ejemplo. Pero lo hacen porque saben que funciona y saben que confunde. El señor Bush, el que nos está llevando a esta guerra, el cómplice de Aznar, es una persona que ha demostrado el máximo desprecio a la vida humana. Ha firmado casi doscientas ejecuciones y parece que no hay ningún problema en ir con él a la guerra, esas cosas no se dicen. Hay que defender a estos compañeros que han sido acusados con nombres, y no permitir que se coaccione a la opinión pública de esa manera.

Se ha llegado incluso a hablar de represalias.

Deseo creer que no, creo que está clara la posición de la gente del cine ante problemas como la guerra y el terrorismo. Pero si esa oposición a la política del Gobierno empieza a traer consecuencias en forma de negación de subvenciones, volveríamos al pasado. Quiero creer que no.

Personalmente, ¿encuentra espacio para desarrollar sus proyectos?

Si es complicado sacar cualquier película adelante y en el cine documental más difícil todavía, cuando entras en temas con implicaciones siempre hay más problemas. Nunca es sencillo realizar un documental. Y luego también existe un tipo de censura que no se dice, que es “esto no da dinero”, “esto no va a tener público”. El documental hay que apoyarlo, también desde las instituciones, porque tiene otro tipo de rentabilidad. Una rentabilidad social y cultural, y aunque es cierto que es más difícil desde el punto de vista del público, no es verdad que no tenga su público. Ha habido casos clarísimos como En construcción, que ha sido una película taquillera.


Javier Corcuera nació en Lima en 1967. Estudio cine en Perú y se licenció en la Facultad de Ciencias de la Imagen en la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado como profesor de realización y dirigido documentales como La guerrilla de la memoria (2001) y La espalda del mundo (2000) Esta entrevista fue publicada en el nº 5 de la edición impresa de la revista Pueblos, marzo de 2003, pp. 22-25.

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