¿Hay que pagar la deuda?

La deuda es hoy una cuestión central en la agenda social y política. En su nombre se llevan a cabo privatizaciones, recortes, ajustes y, en definitiva, se transfiere el coste de la crisis a la mayor parte de la población. Pero, ¿a quién beneficia la deuda? ¿Quién la contrajo? ¿A qué ha servido? ¿Quién debe pagarla? A estas preguntas buscan respuesta aquellos que en el seno del movimiento indignado plantean una auditoria ciudadana de la misma.

Otra interpretación del desarrollo

El sumak kausay: equilibrio y bien vivir

Desde hace más de 500 años las comunidades indígenas de Abya Yala[1] (nombre original de lo que hoy conocemos como América Latina) ofrecen al mundo invasor su sabiduría acerca del desarrollo de la vida y de la convivencia armónica con la naturaleza. Pero esta cuestión nunca fue tenida en cuenta por la gente que tomó ese espacio como un lugar de colonización. En los tiempos de la invasión, los indígenas, por no hablar el español o el portugués y no conocer al dios único de la religión católica, fueron considerados seres sin alma, animales, gente incapaz, útiles apenas para servir como esclavos. Su cultura, su manera de organizar la vida, su lengua, su cosmovisión, todo fue aplastado, tornado sin valor.

Entre muros y fronteras

Fuerza de trabajo inmigrante y acumulación del capital

Las migraciones internacionales ocupan un lugar importante en la coyuntura actual del capitalismo mundial. A la vez que el capital se apropia de la movilidad del trabajo y del sueño del “desarrollo”, los flujos migratorios suscitan en los países centrales preocupaciones y temores demográficos, económicos, políticos y culturales. En el límite de esas reacciones, Estados Unidos y los países de la Unión Europea avanzan en la construcción de muros para la contención de inmigrantes en sus fronteras. En el Brasil subimperialista, la llegada de inmigrantes procedentes de Haití lleva hasta las últimas consecuencias los mitos de la hospitalidad y la democracia racial en el país.

Desarrollismo y dependencia en Brasil

El desarrollismo es la religión de la periferia capitalista. Nace de la promesa del progreso para todas las clases sociales bajo el régimen del capital a escala mundial y no es sencillo escapar de su poder de seducción porque se trata de una ideología que puede, en determinadas fases, presentar cierta base material. Brasil no es una excepción. Pero no puede sostenerse de manera indefinida ni jamás cumplir la promesa de un reino de la felicidad, y mucho menos de la abundancia, en el planeta tierra. De hecho, ni siquiera puede cumplir la promesa de garantizar para las mayorías las condiciones mínimas necesarias para la reproducción digna de la vida, como bien lo demuestra la crisis estructural del sistema capitalista, particularmente intensa en los países centrales.

Las instituciones financieras internacionales en África

Las instituciones financieras internacionales (IFI) [1] acudieron a África en los 80 para ayudar a salir a los países de una tremenda crisis económica (fracaso de experiencias de modernización y crisis de deuda) mediante una “terapia de choque” o cambios estructurales brutales. El objetivo era acabar con las malas prácticas acumuladas décadas anteriores y atraer inversores con reformas destinadas a fortalecer los mecanismos de mercado. Una transición brutal a la economía de mercado, convertida en “alfa y omega de las sociedades humanas”.

Centroamérica: ajuste estructural e impacto sobre la vida de las mujeres

Los Programas de Ajuste Estructural (PAE) son viejos enemigos de las sociedades centroamericanas. Aparecieron como recetas milagrosas a finales de los ochenta bajo el patrocinio del Banco Mundial (BM), del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para solucionar los problemas del subdesarrollo y de la deuda externa mediante la adopción de reformas neoliberales con la promesa de incorporar a los países a las bondades de la era de la globalización del capital.