La cooperación descentralizada española: apuntes para un cambio de modelo

La cooperación descentralizada ha alcanzado enorme relevancia en los últimos años. En España, en los años 80 del pasado siglo se produjeron las primeras experiencias de cooperación en el ámbito descentralizado, en buena medida como una respuesta de los gobiernos locales y autonómicos a las demandas de colectivos sociales comprometidos con objetivos de justicia en las relaciones Norte-Sur. En la década siguiente comenzó a generalizarse la puesta en marcha de políticas de cooperación descentralizada en la totalidad de los gobiernos autonómicos y en buena parte de las entidades locales españolas. Nuevamente fue el impulso de la sociedad civil (especialmente en los años de mayor intensidad del denominado Movimiento 0,7) una de las razones del auge de la cooperación descentralizada en un contexto en el que diferentes comunidades autónomas abordaban sus primeros proyectos de internacionalización[1].

Libertad de expresión en juego: el caso de Sudáfrica

Desde finales de 2010, Sudáfrica se enfrenta a un posible retroceso en materia de Derechos Humanos. El motivo, el proyecto de Ley de Información del Estado que el gobierno del Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) pretende aprobar. Sin embargo, la existencia de una sociedad civil activa capaz de encontrar alianzas transnacionales ha logrado que su aprobación definitiva se haya retrasado casi dos años.