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¿La maldición de las ONGs?

Rafael Puente*

Jueves 21 de junio de 2012, por Revista Pueblos

Hace mucho tiempo que venimos oyendo discursos y comentarios que maldicen a las ONGs y les echan la culpa de todo lo que molesta a diferentes instancias de gobierno, hasta el extremo de considerarlas instrumentos de la oposición cuando no directamente de USAID.

Creo que lo menos que se puede pedir a nuestros gobernantes, y a sus portavoces, es serenidad y seriedad conceptual. Para empezar no es serio hablar de “las ONGs” como si fuera posible meterlas a todas en un mismo saco, sería como meter en un mismo saco a todos “los curas” (equiparando a Lucho Espinal con el arzobispo de Sucre), o incluso a todos “los ministros”. Por favor, es elemental hacer distinciones entre unas ONGs y otras. Ciertamente hay algunas que hace mucho tiempo se vienen dedicando a fortalecer y justificar el modelo neoliberal, y que por tanto (aprovechando los errores que se comete) harán lo posible por desacreditar este proceso que tiene como punto de arranque la negación de dicho modelo; pero hay otras que por el contrario nunca dejaron de criticar ese modelo y de apoyar a diferentes sujetos populares que son ahora —o al menos quisieran ser— motores de un cambio profundo. Y entre unas y otras hay una gran mayoría de ONGs que no tienen posición alguna y que simplemente se dedican a sobrevivir.

La primera conclusión es que no se puede emitir juicios globales sobre todas las ONGs. La segunda es que a esa mayoría de ONGs que sólo pretenden sobrevivir, y en la medida en que no molesten, más vale dejarlas tranquilas (y no gastar fuerzas en pelear con ellas). La tercera es que no se puede cometer la injusticia de calificar como opositoras —y menos como apéndices del Imperio— a aquella minoría de asociaciones civiles que se han pasado decenios arriesgando el pellejo en defensa de los derechos indígenas; de los derechos de las mujeres; de los derechos de niños, niñas y adolescentes; de los derechos de los trabajadores; de los derechos humanos y de los derechos de la Madre Tierra. Estas ONGs han sido por el contrario un semillero de agentes de cambio, ¿cómo se explica el hecho innegable de que un gran número de autoridades del gobierno de Evo provengan de ONGs? Ahí están, por ejemplo, el Canciller y el Vicecanciller, el Ministro de Gobierno, la Ministra de Justicia, la Ministra de Desarrollo Productivo, el Ministro de Obras Públicas, el Delegado del Gobierno en Río+20 (una lista completa sería muy larga); ¿qué pasa, que nuestro gobierno está penetrado por ex agentes de USAID?

No olvidemos que las ONGs son células de la sociedad civil (por supuesto no son las únicas, como algunas de ellas parecieran creer), y como tales tienen todo el derecho a existir, y también a disentir, y a coincidir con las posiciones de la oposi-ción (¿o es que en este proceso está prohibida la oposición?, nunca nadie dijo tal). Lo que no pueden hacer es mentir, difamar ni conspirar; por tanto si incurren en alguna de estas figuras habrá que someterlas a debido proceso, pero con nombres y apellidos, con pruebas, y sin meter a todas las demás en la misma olla. Mientras se comporten de manera democrática no se las puede descalificar, lo que habrá que hacer en todo caso es desenmascarar sus intenciones y desmentir sus falacias. Un estado que no respeta los derechos de la sociedad civil, en cualquiera de sus formas y formaciones, está condenado a acabar siendo dictatorial. Y para colmo ahora oímos que “las ONGs ambientalistas son las nuevas fuerzas coloniales”; cierto que hay ONGs que, a título de defensa del medio ambiente, lo que hacen son negocios, y eso habría que impedirlo, pero una vez más sin meterlas en el mismo saco con otras muchas ONGs que de verdad quieren defender a la Madre Tierra y que están aportando mucho a la formación de una conciencia ambiental (que en nuestra sociedad hace mucha falta), y entre éstas se puede citar a las agrupadas en el Foro Nacional del Medio Ambiente (FONAMA) que es lo más anti-colonial que se puede pedir; lo que no implica que debamos estar de acuerdo con todo lo que dicen y hacen.

fin, lo único que pido es seriedad, tanto conceptual como política.


* Rafael Puente

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