Las heridas de la reconversión industrial en Euskal Herria persisten 38 años después

Al inicio de la década de los ochenta se abrió un período de reconversiones industriales en respuesta a la crisis económica de los setenta. Algunas personas dicen que tardó en llegar, pero lo cierto es que hoy alguna de aquellas empresas continúan en la cuerda floja y otras cayeron justo antes de esta última crisis, que reventó en 2008 y en la que mucha gente sigue atrapada. Más de 81.000 empleos directos del sector industrial (algunas fuentes multiplican por cuatro la incidencia total con el empleo indirecto) se perdieron entre los ochenta y los inicios de los noventa del siglo pasado en el ámbito vasco. Se calcula que el coste económico de la reconversión hasta los primeros años de los noventa en el Estado español superó los 7.500 millones de euros. Aunque hubo mucho dinero y se dijo que se reindustrializaría, aquellas zonas asoladas hoy son las que más problemas padecen porque la herida no se cerró, sigue en carne viva.
La Aceria Compacta de Bizkaia convive con los restos de AHV, ruinas industriales, en Sestao. Fotografía de Juanjo Basterra.

 

Las primeras reconversiones de los ochenta no fueron “suficientes”, a juicio de los diferentes gobiernos españoles, y le siguieron otras al comienzo de los noventa. Se caracterizaron por dos realidades: destruyeron mucho empleo y supusieron el cierre de empresas emblemáticas como los astilleros Euskalduna (1988), en el centro de Bilbao; Altos Hornos (en 1996 se apagó el último), entre Barakaldo y Sestao; Aceros de Llodio (1992), en Laudio; Pedro Orbegozo, en Hernani, y diferentes papeleras de distintos puntos de Gipuzkoa y Bizkaia.

Los trabajadores y sus mujeres emprendieron unas peleas ejemplares en defensa de sus puestos y del futuro de las empresas, pero la represión policial se cebó en las movilizaciones en el Puente de Deusto (Euskalduna), la llamada Marcha de Hierro (Altos Hornos), la defensa de La Naval (Sestao) y la paralización y protestas de todo el pueblo de Laudio, entre otras.

En realidad la reconversión no ha parado. Las heridas profundas abiertas e inacabadas persisten 38 años después. De ser motores de crecimiento y riqueza para Euskal Herria han pasado a ser zonas deprimidas con elevadas tasas de desempleo, pérdida de industria y una recomposición económica hacia la terciarización que genera concentraciones elevadas de precariedad y bajos salarios. Una desertización industrial, en definitiva, que aleja un futuro digno a una parte importante de la población.

El luchador incansable Periko Solabarria, cura obrero y militante histórico de la izquierda abertzale, ya destacó en 2012[1] dos ideas fundamentales sobre la realidad de Ezkerraldea, que conocía al detalle porque trabajó a pie de horno y de obra. “Se ha convertido en una zona de servicios. Ya casi no queda ni industria. Han desertizado nuestra industria: Babcock Wilcox, General Eléctrica, Aurrea, Altos Hornos, Euskalduna y La Naval, no se parece en nada a lo que fue”.

Reconoció que los gobiernos dieron un giro a la actividad que supuso cambiar el empleo estable y digno por la creación de zonas de alta densidad comercial, como el Megapark de Barakaldo. “Un lugar muy amplio (precisó Solabarria) pero, de estar llamado a ser la salvación de Ezkerraldea, emplea en torno a 1.350 trabajadores y trabajadoras, nada que ver con los que se perdieron en esta zona. Sueldos inferiores en, al menos, un 30 por ciento al sector de Bizkaia, trabajan más horas y son más pobres que quienes un día ocuparon puestos en la gran industria que se levantó en esa zona de Barakaldo”.

Es un análisis acertado. En las zonas más castigadas la crisis industrial provocó una elevada tasa de paro, que en 1993 superó el 30 por ciento. Se centraron en las áreas de Sestao, Barakaldo, Trapagaran, Basauri y Zaratamo. En Araba, las más afectadas fueron Laudio y Gasteiz; en Gipuzkoa, Bergara, Legazpi, Hernani, Soraluze, Zumarraga y Urretxu, Lazkao y Olaberria, Tolosa, Pasaia, Donostia y Urnieta.

Zona donde Aceros de Llodio tuvo instalaciones de moldeo. Ahora hay talleres con baja ocupación. Fotografías de Juanjo Basterra.

En dos pinceladas

Desde mediados de la década de los setenta la crisis del petróleo obligó a muchas empresas privadas a pasar a manos públicas por la incapacidad de los empresarios para renovar las mismas y hacerlas competitivas. La política capitalista decidió dejar en manos del mercado la política industrial, lo que significó una fuerte destrucción de empleo y el destino de importantes cantidades económicas en apoyo a la reconversión. Algunas empresas, como Sidenor, han acabado en manos privadas. Ocurrió lo mismo posteriormente con Babcock y La Naval de Sestao, en la que podemos llamar “tercera reconversión industrial”, en pleno siglo XXI.

Carlos Espinosa de los Monteros y Vicente Boceta Álvarez confirmaron en 2005[2] que el Gobierno español, en esta etapa en manos de Felipe González, destinó a la reconversión industrial entre 1984 y 1993 “más de 1,3 billones de pesetas” de aquel entonces, lo que supondrían 7.200 millones de euros (de aquellos momentos). Antes, las ayudas a la reconversión ya habían aportado en torno a 150 millones de euros.

Hubo mucho dinero en juego, pero los gobiernos no recuperaron de forma real aquellas zonas que quedaron (y quedan) en declive. La falta de acción en materia industrial y económica se muestra en dos ejemplos concretos:

  • Hasta el pasado 20 de abril no se puso la primera piedra de un parque tecnológico en Abanto (Bizkaia) que se dedicará a la industria 4.0, muy lejos de 1992, cuando se decidió el cierre de Altos Hornos, y catorce años después de anunciarse a bombo y platillo.
  • Ha fallado el proyecto de instaurar un centro tecnológico, dedicado a la siderurgia integral en Sestao, cuando el Gobierno Vasco y la BBK (actual Kutxabank) vendieron a Arcelor Mittal, a partes iguales, su 20 por ciento de participación en la Acería Compacta de Bizkaia, sustituta de Altos Hornos de Bizkaia (AHV) en 1996. La multinacional de origen indio no cumplió, pero a cambio instaló una “oficina” en el Parque Tecnológico de Bizkaia en Zamudio, sin apenas recursos económicos ni científicos.

Como explica María Concepción Torres Enjuto[3], la política de reconversión industrial es “un conjunto de medidas financieras, fiscales, laborales y tecnoorganizativas orientadas a la modernización de los sectores maduros afectados por la crisis, para lograr que las empresas sean competitivas en el nuevo contexto económico”. Una definición neoliberal por excelencia, porque en ningún momento se tiene en cuenta el futuro precisamente de quien es la fuerza de trabajo: el pueblo trabajador.

Tres decretos en el origen

Tres reales-decretos (2.200/1980, de 26 de setiembre, 2.206/1980, de 3 de octubre, y 878/1981, de 8 de mayo) declaraban en reconversión los sectores de electrodomésticos línea blanca, aceros especiales y siderurgia integral. En junio de 1981 comienza la declaración en once sectores: electrodomésticos de línea blanca, aceros especiales, siderurgia integral, textil, equipo eléctrico para la industria de automoción, construcción naval, semitransformación del cobre, componentes electrónicos, acero común, calzado y forja pesada. Además, se crea en 1980 la Sociedad en Reconversión, a través de Aceriales. La formaron, entonces, Pedro Orbegozo, Aceros de Llodio, Babcock Wilcox, Olarra, Aceros de Irura, Echevarría y Fundiciones Echevarría. Quedaron fuera, en esta primera fase, Forjas Alavesas y Acerías y Forjas de Azkoitia.

La segunda fase de reconversión industrial comienza en 1983 con el Real Decreto-ley 8/1983, de 30 de noviembre, de Reconversión y Reindustrialización, que se completó con otro en 1984. Todas ellas estuvieron, a la vez, condicionadas por la integración del Estado español en la Comunidad Económica Europea, pues se fijó un período transitorio (1986-1989) para concluir la reestructuración de la industria siderúrgica.

Felipe González y Gobierno Vasco

Fueron gobiernos españoles del PSOE, con el apoyo del PNV en el Gobierno Vasco, los que provocaron los cierres y la destrucción de empleo en empresas y zonas emblemáticas. Lo hicieron en fases, para evitar un mayor estallido social. El plan industrial 1984-1988 de Altos Hornos de Bizkaia (AHV) concluyó en 1990 con la destrucción de 4.171 puestos de trabajo. En 1996 se apagó de forma definitiva. En su mejor época llegó a tener una plantilla de 15.000 trabajadores.

En aceros especiales se constituyó Acenor en 1983 con Echevarria (Basauri), Pedro Orbegozo (Hernani) y Aceros de Llodio (Laudio); en 1984 se integró Forjas Alavesas y en 1985 Olarra. Después se creó el holding Sidenor, que integró a Foarsa (Forjas y Aceros de Reinosa). A principios de los noventa cerraron las plantas de Laudio y Hernani, cuando ya era Sidenor.

El plan de reconversión de la construcción naval de 1984 (1.271/1984), provocó que hasta 1988 la capacidad de producción y el empleo del sector naval en la Comunidad Autonómica Vasca (CAV) se redujera a casi la mitad. Se produjo el cierre definitivo del Astillero Euskalduna, propiedad de Astilleros españoles SA (AESA).

En esa época se fusionaron los astilleros del Cadagua (Barakaldo), Marítima de Axpe y Ruiz de Velasco (Erandio), formando los Astilleros Reunidos del Nervión, ya también desaparecido. También se integraron las plantillas de Astilleros y Talleres Celaya (Erandio) y Fundiciones Asua en Astilleros Españoles de Sestao, La Naval.

De 1980 a 1990 en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa se perdieron 69.200 empleos directos en el sector industrial, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Más de uno de cada cinco empleos industriales desapareció, lo que representa un 22,37 por ciento. Pero si alargamos el período hasta 1999, tres años después de la desaparición de AHV en Ezkerraldea, la pérdida de empleo directo llegó a 81.503 puestos directos de la siderurgia, metalurgia, fundiciones, forja y estampación, construcción metálica y artículos metálicos.

En este sentido, Aitor Cobanera, exdirector de la Sociedad para la Promoción y Reconversión Industrial (SPRI), escribió en 2002 en Lan Harremanak[4] que “más del 80 por ciento de los empleos que se preveía perder en los sectores y empresas en reconversión se concentraba en el País Vasco, Madrid, Cataluña, País Valenciano y Asturias. 37 de cada 100 empleos que según el Ministerio de Industria se perderían, correspondían a empresas afincadas en el País Vasco, que asumía así el mayor peso en puestos de trabajo perdido”. Excluyendo el sector textil, calzado y empresas aisladas, el País Vasco lideraba el proceso de pérdida de empleo.

El cierre de empresas y la destrucción de empleo, como ocurre siempre, permitieron incrementar el negocio del sector siderúrgico, que pasó de los 3.306 millones de euros de 1980 a los 11.344 millones de 1999.

Este proceso de reconversión supuso, por otro lado, una fuerte inyección de ayudas en el ámbito vasco, además de las estatales. Solo entre 1982 y 1985 las ayudas y crédito a la reconversión en la CAV ascendieron a 70 millones de euros. Entre 1986 y 1990 las inversiones para la reindustrialización del Estado español fueron de 80 millones: más de dos tercios fueron a la siderúrgica. “De hecho, el Plan de Relanzamiento Excepcional (PRE) destinó 161 millones. Afectaron a un total de 245 empresas, que destruyeron 5.393 puestos de trabajo”, decía Cobanera. En este caso se encuentra el Plan 3R de relanzamiento industrial, que distribuyó alrededor de 125 millones de euros entre ayudas directas y avales. Una parte importante no se devolvieron. Cobanera reconoce que fue “costoso, pero necesario”.

Pero no quedó ahí la reconversión. Babcock Wilcox se privatizó y cerró en 2007. El Tribunal de Cuentas certificó que desde 1997, que se inició su privatización, tuvo un coste de 793 millones de euros. Contó con 5.000 empleos en Trapagaran en los años ochenta. La Naval, astillero de Sestao, se privatizó en 2006 y está en la cuerda floja. Empleó, junto a Euskalduna, a más de 8.000 personas en sus buenos tiempos. Hay todavía muchas empresas en destrucción y desaparición. Y las heridas anteriores siguen abiertas.


Juanjo Basterra es periodista.

Artículo publicado en el nº77 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo cuatrimestre de 2018.


NOTAS:  

  1. Basterra, Juanjo (15/03/2012): “Entrevista a Periko Solabarria, cura obrero y militante histórico de la izquierda abertzale. Tenemos que frenar al capital, y la huelga general es un paso más”, en Rebelión, www.rebelion.org.
  2. Revista Información Comercial Española (ICE). Ver en: www.revistasice.com.
  3. Torres Enjuto, María Concepción (1991): “Diez años de reconversión industrial en Euskadi, 1980-1990”, en Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, Madrid, nº 13.
  4. “Desindustrialización y regeneración económica del País Vasco. Acciones de reconversión del Gobierno Vasco y SPRI”.  

 

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