Solidaridad con Nicaragua. ¡Alto a la violación de Derechos Humanos!

Hoy, 19 de Julio, debería conmemorar el 39 Aniversario de la Revolución Sandinista, pero me siento triste y cabreado. Echo la vista atrás y pienso en las miles de personas que fuimos a Nicaragua a luchar, codo con codo, con su hermoso pueblo para ayudar a transformar ese país después de la barbarie somocista. Nos unía la alegría en la Campaña de Alfabetización, los sueños en la Reforma Agraria, cantábamos las canciones de los hermanos Mejía Godoy y la Misa Campesina y recitábamos las poesías de Ernesto Cardenal. Nos sentíamos parte del Cambio y no nos amedrentaba ni el esfuerzo, ni la “contra” ni los “gringos”. Y hoy, cuando veo las flagrantes violaciones a los Derechos Humanos, el llanto de los familiares de las más de 300 personas muertas y las atrocidades que están pasando, me cuesta creerlo.
Nicaragua, 2018. Fotografía: Jorge Mejía Peralta.

 

A mi cabeza vienen hechos que durante estos años, desde la izquierda, bien callamos o no denunciamos suficientemente: la “piñata” o apropiación de propiedades del Estado entre cuadros sandinistas; el Pacto de Daniel Ortega con Arnoldo Alemán para repartirse las cuotas de poder en el país; el avance de la corrupción; el pacto con el Cardenal Obando y Bravo, que pasó de ser “capellán del somocismo” a “imagen de Cristo al entregarse a los demás”; la criminalización de la protesta social; la prohibición y castigo del aborto terapéutico; el pacto con el gran empresariado del COSEP; la obediencia a las políticas del FMI; la extensión de la frontera agrícola; el acaparamiento de medios de comunicación; la pretensión de un canal interoceánico o la desidia ante la catástrofe ecológica de la Reserva Biológica Indio–Maíz.

En esta situación hay muchos intereses creados: los empresarios que ayer abrazaban a la pareja “Ortega – Murillo” y hoy son oposición, la Iglesia católica y los cultos evangélicos que están “con Dios y con el Diablo”, los intereses de EEUU que alababan la seguridad del país, el control de los flujos migratorios y la defensa de sus negocios (mientras hoy ponen a “jugar” a la CIA) y los de la cúpula del FSLN, encabezada por Ortega-Murillo, que bajo una verborrea antiimperialista y de la defensa de la esencia de la Revolución, no dejan de amasar fortuna, restringir la Democracia y violar los Derechos Humanos.

Soy consciente de que en situaciones complejas, con tantos intereses creados, internos y externos, se practican vulneraciones a los Derechos Humanos por varios actores, pero el principal responsable es el gobierno de Daniel y Rosario por hacer un uso desmedido de la fuerza a través de la policía y por formar y amparar a grupos de choque que actúan impunemente contra la población. Es cierto que en el campo de la oposición existen pequeños grupos violentos que deben ser desarmados, pero esto último no debe nublarnos la vista y pensar que todo es fruto de un complot externo que mueve cual monigotes a las miles de personas que han dicho: ¡Basta Ya!

Quiero dejar claro que para mí una cosa es el sandinismo, que desde Sandino, pasando por Carlos Fonseca y la lucha del FSLN, impregna lo que hoy es el día a día de Nicaragua, y otra el secuestro que la pareja Ortega-Murillo ha hecho del mismo, arrogándose la potestad de adjudicar la etiqueta de quién es sandinista y quién no. Con la situación actual, la irresponsabilidad de la cúpula del FSLN está llevando a que una parte importante del pueblo nicaragüense interiorice el relato de que levantarse contra dicha cúpula significa levantarse contra el sandinismo y la Revolución que construyó. Esto está generando mucha angustia, dolor y rabia de una parte del sandinismo, de mucha gente que se reconoce en la Revolución, aunque unos militen en el FSLN y otros no.

Y en esta situación, ¿qué hacer desde el internacionalismo solidario? No estamos en un buen momento, pues Centroamérica salió de su agenda después de la firma de los procesos de Paz y solo nos acordamos de lo que allí acontece por un desastre como el producido por el volcán en Guatemala o, ahora, por los derramamientos de sangre en Nicaragua. Una parte de la izquierda en Europa se ha quedado con la foto fija de los movimientos revolucionarios de los años 80 y con la consigna de que “cualquier grupo o país que diga combatir a EEUU es mi referente”. ¿Podemos pensar que el gobierno de la pareja Ortega-Murillo es de izquierdas, o hasta revolucionario, con un programa netamente neoliberal? ¿Podemos pensar que Ortega-Murillo, que no ha dejado de acumular riqueza y urdido movimientos antidemocráticos para perpetuarse en el poder, pueden ser nuestros referentes?

Creo que la izquierda internacionalista tiene la obligación de acompañar lo que está pasando en Nicaragua, pues tal como ha dicho Pepe Mújica hace unos días, el sueño de la Revolución Nicaragüense se ha desviado. Por eso debemos denunciar las violaciones a los Derechos Humanos y ayudar a construir una salida que aísle tanto a la pareja Ortega–Murillo como a la alternativa construida alrededor de la derecha, los empresarios y los intereses de EEUU.

Debemos apostar por aquellas personas y movimientos que, organizando un malestar incubado durante muchos años, trabajan por una salida de izquierdas que englobe a las mayorías, sandinistas o no, alrededor de un programa democrático y de transformación social. No podemos ver para otro lado, seguir manteniendo el silencio por una lealtad mal entendida, no podemos pensar que todos los sandinistas son “danielistas”, ni que toda la oposición está vendida a la CIA y propicia un golpe de Estado. Tenemos que ayudar a crear puentes entre los sectores populares para que encuentren una salida democrática y pacífica y les permita progresar como país, pues ellos están poniendo las personas muertas, heridas y desaparecidas.

Como decíamos en la década de los 80 en las montañas de Nicaragua: ¡Sandino vive, la lucha sigue!


Luis Nieto es profesor de Historia Moderna y Contemporánea.


 

 

 

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