Ane Garay, técnica de CEAR-Euskadi: “La trata es una violencia producto de la confluencia de tres sistemas de opresión: el heteropatriarcado, el capitalismo y la xenofobia”

Unas 140.000 mujeres y niñas se encuentran en situación de trata con fines de explotación sexual en Europa[1]. Con el objetivo de denunciar esta situación, sensibilizar a la ciudadanía sobre la trata con fines de explotación sexual y contribuir a cambiar imaginarios sobre las mujeres que están en esta situación, posicionándolas como refugiadas, CEAR-Euskadi ha lanzado hace unas semanas la campaña “Escapar para vivir. Se trata de refugiadas”. Hablamos sobre ella con Ane Garay, técnica del equipo de incidencia y participación social de CEAR-Euskadi.
Ane Garay, fotografiada por Estefanía Pasarín, (CEAR-Euskadi).

 

– ¿A qué nos referimos cuando hablamos de trata de personas, y más en concreto a trata con fines de explotación sexual?

– La trata de personas no es un fenómeno nuevo. Es una forma moderna de esclavitud con diferentes fines, como la explotación laboral en sectores como la agricultura, el empleo doméstico, la mendicidad o la trata con fines de tráfico de órganos. La trata con fines de explotación conlleva la utilización de las personas obteniendo un lucro mediante su trabajo sexual.

Es importante diferenciar el tráfico ilícito de personas migrantes de la trata. En el primero, el lucro se obtiene a partir del transporte transfronterizo de personas de forma ilegal, y es un delito contra el Estado. La segunda es un delito contra las personas y una vulneración grave de sus derechos humanos, e implica que el lucro continúa una vez aquí mediante la explotación. Además, no tiene por qué haber cruce de fronteras, aunque lo cierto es que el 90% de las mujeres víctimas de trata son extranjeras.

Hablamos de un tipo de servidumbre por deuda, mecanismo por el que la persona adquiere una deuda que está obligada a pagar mediante servidumbre. Sin embargo, esa deuda constantemente se va incrementando, porque la persona que está en situación de explotación tiene que pagar por el propio espacio en el que la mantienen confinada, por la alimentación que le proporciona la red o por bienes básicos como vestimenta o higiene personal, y todo ello a precios desorbitados. De esta forma, la deuda, lejos de disminuir, en muchos casos va aumentando.

Es un delito grave contra las personas, pero para nosotras es importante visibilizar que más allá de un delito es una grave vulneración de los derechos humanos, principalmente de mujeres y niñas. Es importante, porque las instituciones competentes, además de la persecución del delito, también deben proteger a las mujeres y niñas que se encuentran en esta situación mediante diferentes instrumentos. Uno de ellos es el derecho de asilo, que sería aplicable a algunas de las personas que se encuentran en situación de trata.

La Convención de Ginebra establece que para recibir protección internacional debe darse una situación de persecución o temor fundado de ser perseguida. Desde CEAR-Euskadi consideramos que la trata con fines de explotación sexual es una forma de persecución por motivos de género, es decir, basada en las relaciones de poder desigual entre mujeres y hombres. También debe darse una imposibilidad de retorno, lo que significa que en caso de producirse la devolución de la persona tratada a su lugar de origen, su vida o integridad física estarían en riesgo.

Por otro lado, la ley española de asilo establece que las mujeres comunitarias no pueden solicitar asilo, lo que deja fuera a las mujeres de nacionalidad rumana, que a día de hoy son una de las principales víctimas de trata en el Estado. Por esto decimos que algunas podrían ser beneficiarias del derecho de asilo, pero no todas ellas.

– ¿Qué perfil tienen las mujeres que caen en las redes de trata?

– El trabajo de CEAR-Euskadi se ha centrado sobre todo en las mujeres subsaharianas, ya que es el origen de la mayoría de personas que pasan por nuestras oficinas y además tenemos una cierta experiencia de trabajo en la Frontera Sur, por donde pasan muchas de las mujeres en situación de trata.

En el caso de las subsaharianas, y teniendo en cuenta que es una realidad muy cambiante, podríamos decir que la mayoría son mujeres cada vez más jóvenes y de origen nigeriano. En noviembre del año pasado, por ejemplo, en la ruta que va de Libia a Italia apareció una embarcación con alrededor de quince niñas nigerianas de entre catorce y dieciocho años. Muertas.

No tienen por qué ser mujeres económicamente pobres, que es algo que siempre pensamos. Hay que tener en cuenta que incluso para una mujer nigeriana de clase media es muy difícil conseguir un visado y entrar de manera “legal” en la Unión Europea, así que la única opción que les queda es recurrir a las redes de tráfico, que les van a facilitar transporte, contactos y pasadores de fronteras. Muchas veces estas personas y contactos se acaban convirtiendo en tratantes o hacen la conexión con las redes de trata del norte.

Últimamente a Euskadi también están llegando mujeres de Camerún, de Guinea Conakry, de Costa de Marfil y de otros países, cambios que se deben, entre otras cosas, a que las redes van modificando las rutas en función de los controles migratorios, de las redadas, etc.

Lo que sí es destacable es que la mayor parte de las mujeres que están en esta situación salen por su propio pie de ella, pagando la deuda contraída, que en algunos casos puede ser de hasta 30 o 40 mil euros. Para ello están trabajando alrededor tres años, siete días a la semana y hasta doce horas al día. Es decir, unas condiciones de explotación brutales.

Desde CEAR recalcamos que cuando se habla de explotación sexual esta conlleva también muchas otras violaciones de derechos: viven confinadas, no tienen capacidad de decidir con qué cliente trabajar, ni qué prácticas realizar, no tienen días descanso ni vacaciones, no se quedan con el dinero que ganan, no tienen libertad de movimiento, están aisladas, controladas y amenazadas, etc.

En definitiva, que la violación de derechos es mucho más amplia y va más allá de la explotación sexual. En la mayoría de los casos, debido a ese aislamiento que comentaba, la propia red de trata es a veces el único referente afectivo que estas mujeres tienen aquí.

– Decías que cuando hablamos de trata con fines de explotación sexual estamos hablando en definitiva de violencia de género con unas características determinadas. ¿Cuáles son los mecanismos que permiten que se mercantilice el cuerpo de las mujeres?

En nuestra opinión la trata es, por un lado, consecuencia de la política de fronteras, ya que en la medida en que no existan vías legales y seguras para llegar a Europa, las mujeres están abocadas a caer en las redes de tráfico y enfrentar muchísimos obstáculos y violencia a lo largo de su camino migratorio. Por otro lado, la trata es una violencia producto de la confluencia de tres sistemas de opresión: el heteropatriarcado, el capitalismo y la xenofobia.

Es una violencia machista porque alrededor del 95 por ciento de las personas víctimas de trata son mujeres y niñas. Es producto del capitalismo, que promueve la mercantilización del cuerpo de las mujeres, siendo tras el tráfico de armas y drogas el tercer negocio ilegal más lucrativo del mundo. También es producto de la xenofobia, ya que no reconoce los derechos de las mujeres extranjeras, menos aún si son negras, son “las otras”, que pueden ser vendidas, compradas y deportadas.

– ¿Ha influido el endurecimiento de las leyes migratorias europeas en la vida de las personas migrantes y, especialmente, de las mujeres?

– Las redes de trata se benefician del actual contexto de militarización y cierre de fronteras, que implican la inexistencia de vías legales y seguras para las personas migrantes. En esta situación son las propias redes las que se encargan del traslado de las mujeres, mediante el engaño y las promesas de trabajos en hostelería o de cuidados por ejemplo, beneficiándose económicamente de ello.

Hay que tener en cuenta que muchas de las mujeres que llegan hasta aquí son refugiadas antes incluso de caer en las redes de trata, porque están escapando de situaciones de violencia de género, como la mutilación genital o los matrimonios forzosos, o huyen de la miseria provocada por políticas económicas globales que generan una desigualdad enorme.

El caso de Nigeria es un claro ejemplo de esto: un país con muchísimos recursos naturales y con gran presencia de empresas transnacionales europeas del petróleo y la energía y en el que, sin embargo, hay 80 millones de personas viviendo en situación de pobreza extrema. Se trata de lógicas de despojo, de saqueo y de pobreza que provocan desplazamientos de la población.

Ante esta situación, las personas van a continuar migrando para preservar la vida, y cuanto más se militaricen las fronteras, cuantos más obstáculos se pongan en sus vías migratorias, las rutas que utilizan las redes de tráfico serán más peligrosas.

Se trata de un contexto cada vez más complejo y peligroso, incluso las mujeres que vienen sin una red de tráfico tienen que utilizar la figura del “novio” o “marido” del camino, que es un hombre que les ofrece protección del resto de hombres a cambio de trabajo doméstico y sexual, y en ocasiones también es la persona que las acaba vinculando a la red de trata. Pensemos que un avión de Nigeria a Europa cuesta 700 euros. ¿Por qué no puede una mujer que escapa de una situación de violencia coger un avión directo y venir de forma segura sin verse abocada a todo esto? Por las actuales políticas de fronteras.

– Estamos hablando de un posible tipo de persecución por motivos de género y que, por lo tanto, podría dar lugar a una solicitud de asilo. ¿Hay mujeres que han optado por esta vía?

– Actualmente, y teniendo en cuenta que en el Estado puede haber entre 15.000 y 50.000 mujeres en situación de trata, solo se han concedido hasta el momento 23 estatutos de asilo a nivel estatal, una cifra ridícula. Estamos hablando de un derecho prácticamente nulo.

En nuestra opinión, basada en una investigación realizada hace dos años desde el equipo de CEAR-Euskadi, existen diferentes motivos para no reconocer el asilo a las mujeres tratadas. Por un lado, el Ministerio de Interior entiende que la trata no entraría dentro del marco de la Convención de Ginebra; por otro lado, cierto miedo a que hubiera un “efecto llamada” en caso de reconocer el asilo a estas mujeres, multiplicándose las solicitudes y dándose un “abuso” en el ejercicio de un derecho, cuestión que no tiene cabida jurídica.

También hay un cierto temor a que las redes utilicen el derecho a asilo para regularizar a las mujeres mientras las están explotando aquí, de manera que las propias redes podrían aprovecharse de este derecho, ya que mientras el proceso de solicitud está abierto no se les puede expulsar del país, y de esta manera la red de trata podría “cuidar” de alguna manera su “mercancía”.

Pero, sobre todo, para CEAR-Euskadi la razón principal para que no se esté dando protección internacional a las mujeres víctimas de trata tiene que ver con el enfoque de trabajo, que actualmente responde a la persecución del delito. Es decir, se quieren desmantelar las redes e imponer sanciones legales a los responsables del delito, lo que en sí está bien, pero se están olvidando de la parte de proteger a las víctimas de una grave violación de los derechos humanos.

En los últimos tiempos se han producido algunos cambios en ciertas fronteras, como Barajas, y se está dando acceso al procedimiento de asilo a las mujeres que lo están solicitando. Sin embargo en costas no está siendo así, prácticamente no hay entrevistas con las mujeres, simplemente se las detiene y se gestiona como una cuestión de inmigración irregular, sin ofrecerles la posibilidad de solicitar asilo.

– Después de un mes aproximadamente con la campaña en macha, ¿puedes contarnos cómo la han recibido los medios de comunicación y qué impacto ha tenido?

– La campaña se lanzó el pasado 8 de mayo y en general estamos contentas de cómo ha sido recibida en los medios. Esta cuestión para nosotras es muy importante, porque la trata es una temática de interés para los propios medios, que suelen publicar noticias sobre la misma, pero casi siempre con un enfoque de suceso y centrado en lo policial. Precisamente uno de los objetivos de la campaña es intentar modificar discursos e imaginarios sobre el tema.

Queremos que la ciudadanía entienda que la trata es una violación de derechos humanos y que las mujeres que están en esta situación tienen el derecho al asilo. Además, queremos transmitir que las mujeres en situación de trata son sobrevivientes más allá de víctimas, agentes activas de sus propias vidas. Esta no es una realidad ajena a nuestros barrios o pueblos: viven entre nosotras, como sociedad tenemos algo que decir y una responsabilidad sobre esta problemática.


Javier González Álvarez forma parte del consejo de redacción de Pueblos-Revista de Información y Debate.


NOTA:

  1. Datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (UNODC) recogidos por el informe #Refugiadas: La trata con fines de explotación sexual en el contexto de militarización y cierre de fronteras (Raquel Celis Sánchez y Verónica Álvarez García, CEAR-Euskadi, 2017). Disponible aquí.


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