“Oriente Medio, Oriente Roto. Tras las huellas de una herida abierta”

Desde inicios del siglo XX Oriente Medio es un conjunto de territorios y gentes que se han visto en el centro de una disputa por el control de sus recursos. En 1921 el Tratado de Sykés-Picot daba vía libre a Francia y Reino Unido para trazar las actuales fronteras e iniciar el despojo de tierras de centenares de miles de sus propietarios originarios y el salvaje saqueo de sus recursos naturales. Más adelante, la partición de la Palestina histórica y creación del estado de Israel (1947); la muerte de Gamal Abdel Nasser (1970), padre del panarabismo e impulsor del socialismo árabe; la revolución iraní y el derrocamiento del sah (1979)…

Muchos de estos acontecimientos fueron ajenos a la voluntad de las mayorías sociales, que a su vez son las que se han visto hipotecadas a un futuro incierto debido al cambiante contexto en la zona que obliga a mover fichas en el tablero de juego llamado “geopolítica”.

El libro publicado por Ediciones Península Oriente Medio, Oriente Roto. Tras las huellas de una herida, cuyo autor es Mikel Ayestaran, cuenta a través de sus protagonistas el devenir de esos países que tantas veces han sido portada de periódicos y noticieros pero de los que tan poco conocemos. Desde la Primavera Árabe hasta el Califato, narrando historias de personas que han sufrido el terrorismo, han participado en revoluciones o han sido testigo de promesas incumplidas. Contado a través de sus gentes, a través de cooperantes de ONGD extranjeras o de los controvertidos “empotramientos” (así le llaman a meterse en una unidad militar durante un periodo de tiempo).

Los buenos periodistas siempre se debaten entre publicar o no fotografías de víctimas de guerra; hay quienes dicen que es importante que nosotras veamos esas imágenes porque son víctimas del ser humano. En este libro, las víctimas (asesinadas, desplazadas, violadas, aterrorizadas…) dejan de ser meros números para llamarse Manana, Suhad o Jaled. Es así como Mikel humaniza la guerra. Consigue incluso que nos imaginemos los paisajes, los olores, las casas, las calles. En fin, la vida cotidiana, porque aunque parezca mentira muchas gentes continúan aún con su vida diaria en una guerra. Gentes que, por la batalla diaria de “vender” una historia a los grandes medios, pocas veces son noticia. Una realidad de la que realmente estamos completamente desinformadas.

Conocemos Irán, Líbano, Irak, Georgia, Afganistán, Túnez, Egipto, Yemen, Pakistán, Libia, Siria, el Califato y Jerusalén. También algunas de las personas (millones) que huyen del terror. Y es que las guerras separan los destinos de muchos seres humanos. Según ACNUR, Siria ha sufrido más de cinco millones de refugiados y refugiadas, la misma población que Galicia, Asturias, Cantabria, Euskadi y Navarra juntas. Una crisis que más allá del drama humano está desmontando la incapacidad y la falta de valores de la Unión Europea para dar protección a esas personas, así como las complicidades ocultas que hay en Oriente Medio, como la venta de armamento a Arabia Saudí, país que a su vez bombardea Yemen y apoya al Estado Islámico.

No hay que hacer la guerra, de ninguna manera, ni en el nombre de Dios. Si este existe, habría que pedirle que la guerra y el dolor no nos sean indiferentes; de esta forma conseguiremos entender el  significado de “Al hurria”.


Eneko Calle García forma parte de Paz con Dignidad y de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Artículo publicado en el nº75 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2017.


 

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