Firoze Manji, intelectual y activista keniano: “Hay que imaginar y soñar con la audacia de las sociedades africanas”

Dulce. Pausado en sus discursos. Incisivo con el poder y con sus élites. Su risa contagiosa te hace caminar fuera del miedo cuando este se convierte en el escondite donde refugiarte, cuando concluyes de un plumazo que el devenir de las relaciones internacionales en África se presenta complicado. Sus canas parecen amasadas en trincheras, junto a los sin voz. Firoze Manji es un intelectual y activista keniano con una reconocida carrera en la lucha por los derechos civiles de los y las africanas que le llevó a ser el director de Amnistía Internacional para África y fundador de Pambazuka y Fahamu, redes para la justicia social.
Firoze Manji. Fotografía facilitada por el entrevistado.

Ha escrito y coeditado varios libros de referencia como From the slave trade to ‘free’ trade: How trade undermines democracy and justice in Africa (2007), China’s new role in Africa and the South: A search for a new perspective (2008), o African awakenings. The emerging revolutions (2011). Ahora vive en Montreal (Canadá) y dirige la editorial Darajaa Press, aunque sus viajes y conferencias por medio mundo ladran a la conciencia de investigadores y políticos que lo escuchan atentos. Mientras, Firoze continúa disparando para zarandear las narrativas que los grandes medios occidentales tienen sobre el continente.

– Como keniano, la primera pregunta está relacionada con la situación por la que pasa tu país. ¿Cuál es tu análisis?

– No sé cuál será el resultado final tras la anulación de los comicios por parte del Tribunal Supremo. Sin embargo, Firoze Manji: “Hay que imaginar y soñar con la audacia de las sociedades africanas” Firoze Manji. Fotografía facilitada por el entrevistado. creo que la comunidad internacional estará muy feliz y contenta de tener a Uhuru Kenyatta en la presidencia otros cinco años más para mantener las estructuras de poder y a la mafia keniana. Ellos no confían en que Raila Odinga [el líder de la oposición] pueda controlar el país. Recuerda que Odinga fue primer ministro durante el segundo mandato de Mwai Kibaki. Es muy evidente que la oposición no representa un discurso político radical, pero sí a una gran masa de jóvenes desempleados a la que hay que atencapitalistas piensen en que Odinga pueda controlarlos, por lo que apostaría a que Kenyatta revalidará su mandato.

– Hablas abiertamente de mafia keniana. ¿Quiénes son?, ¿cómo puede el pueblo keniano luchar contra esta estructura?

– Cuando hablo de mafia me refiero a personas que están vinculadas al capital, como las corporaciones transnacionales, pero también incluso con la mafia italiana. Sin embargo, esto es solo una parte de la fotografía; la mafia global es la que continúa controlando Kenia. Es una lucha política, no es algo coyuntural a lo que estamos expuestos. En este sentido, y respondiendo a tu pregunta, me parece complicado enfrentarse a esta mafia porque no hay una tradición de comunismo en Kenia que ayude a comprender que se trata de una lucha de clases. Pero, afortunadamente, poco a poco la estrategia social está cambiando, por una necesidad impuesta por los propios programas económicos del Gobierno.

– Pero la represión por parte del aparato del Estado es muy violenta. Hemos vuelto a vivir durante las elecciones de agosto varias muertes que se podían haber evitado. ¿Cuál es el papel de la policía durante los brotes de violencia?

– Entender el rol de la policía antes y durante los brotes de violencia es básico. Es evidente que los asesinatos han sido cometidos por la policía. Es una larga historia de impunidad, ya que han cometido asesinatos extrajudiciales sin ninguna respuesta por parte de la administración de Kenyatta o de la justicia. Si miras los últimos años, al menos 500 personas han sido asesinadas por la policía. Disparan a quienes quieren sin ningún tipo de responsabilidad. Nadie pone el foco en la policía.

– Mencionabas también que en Kenia no hay tradición de la ideología comunista. ¿Nos puedes ofrecer algunos ejemplos de gobiernos que estén implementando políticas afines a esta ideología o partidos opositores que pregonen las bases del comunismo?

Ciudadano keniano del barrio de Mathare, en Nairobi, mostrando una bala que acababan de disparar los policías.
Foto: Sebastián Ruiz-Cabrera.

– Creo que en estos momentos no hay. Las luchas antiimperialistas y anticolonialistas tuvieron un fuerte impacto, sobre todo con figuras como las de Amílcar Cabral (Guinea Bissau), Ahmed Ben Bella (Argelia) o Lumumba (República Democrática del Congo). Todos formaron parte de los movimientos de independencia en los años sesenta. El Partido Comunista de Sudáfrica (SACP, por sus siglas en inglés), que está fuertemente ligado al partido del Congreso Nacional Africano (ANC), ha modificado su discurso radicalizado y su lucha hacia una política descafeinada y neoliberal desde hace más de veinte años. ¡Y apoyada por el Partido Comunista! Cada vez que tenemos revoluciones potenciales en África la historia nos demuestra que se asesina a los representantes: Lumumba, Sankara, Cabral… Pero tenemos que entender que estos asesinatos venían de adentro. Cabral fue asesinado por sus propios camaradas; Lumumba fue traicionado, al igual que Sankara, por gente de su propio partido.

– ¿Quieres decir que se han evaporado las ideologías?

– Eso parece a simple vista si lees los principales diarios internacionales. Sin embargo, al mismo tiempo, podemos predecir que habrá una resistencia generalizada a los envites del capitalismo. Si lees las obras de Cabral, observarás cómo el colonialismo estableció y mantuvo su poder mediante intentos de erradicar las culturas del sujeto colonial. Muchos de los gobiernos africanos están consiguiendo (cuando no lo han hecho ya) desarticular a la propia sociedad, incluso a la cultura del espacio político; un proceso que el neoliberalismo ha exacerbado. Pero, a medida que los gobiernos pierden cada vez más la legitimidad popular, hay un resurgimiento de los levantamientos, las protestas, la movilización y la organización.

– Entonces, déjame preguntarte si podemos hablar hoy en día en términos políticos de panafricanismo. ¿Qué significa realmente en el año 2017?

– Lo que tenemos que reconocer es que los conceptos “África” y “africano” vienen del siglo XV. Los pueblos del continente no se llamaban a sí mismos africanos. Vivían en diferentes comunidades antes de que la época del imperialismo comenzara. El término “África” fue aplicado a todos aquellos que vivían en este territorio para deshumanizar, para justificar la esclavitud de millones de africanos, los asesinatos y la desestructuración de las sociedades tradicionales. Este concepto se extendió gracias a los esclavistas locales y europeos y a todos aquellos que se beneficiaron del comercio de los seres humanos (además de la emergente clase capitalista europea). En esencia, una palabra que encapsula este proceso de deshumanización. De hecho, los antropólogos, científicos, filósofos y toda una industria se desarrollaron para probar que estas personas constituían una “raza” subhumana y biológica diferente.

Pero en las luchas contra el imperialismo y contra el colonialismo, los movimientos nacionalistas, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, proclamaron que el ser africano era una cosa positiva. Hubo movimientos a lo largo de todo el continente, desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo y desde Dakar hasta Yibuti, que justificaban y subrayaban que África era sinónimo de libertad, de emancipación. La tragedia que tenemos es que cuando estos movimientos nacionales entraron en el poder transformaron sus sociedades porque no había estructuras de sanidad, educación o sistemas de agua potable. Pero solo durante un corto periodo de tiempo. Todo esta revolución social se frenó a partir de los años ochenta con el crecimiento del neoliberalismo y los Programas de Ajustes Estructurales promovidos por el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y las clases gobernantes que estaban de acuerdo con estas políticas porque se beneficiarían con las privatizaciones de la esfera pública. Todos los frutos de la independencia se perdieron a favor de las privatizaciones del agua, la educación, las telecomunicaciones, la sanidad…

Es en este sentido que podemos afirmar que el concepto de ser africano está hoy vacío, con la asociación de libertad que tuvo en la década de los sesenta. Hoy entender qué es el panafricanismo es una buena pregunta. En el pasado había una fuerte asociación con la emancipación, pero ahora todo esto se ha esfumado. La identidad de ser panafricanista es una idea romántica. Ahora es solo una tipología, una clasificación que no es diferente de cualquier otra. En esencia, el panafricanismo ha sido reducido a identidades políticas que están siendo instrumentalizadas por las élites.

Grupo de jóvenes seguidores del líder de la oposición se manifestaban en las calles de Nairobi para protestar por el controvertido proceso electoral del pasado 8 de agosto. Foto: Sebastián Ruiz-Cabrera.

 

– ¿En qué consistió tu experiencia como director de Amnistía Internacional África?

– Amnistía Internacional (AI) trabaja en una concepción occidental de los derechos humanos. Todo comienza en 1948 y de alguna forma se olvida el reconocimiento de la historia imperialista y de las luchas de emancipación. Durante ese periodo, AI, como muchas otras organizaciones internacionales de derechos humanos, estaba despolitizada de las luchas sociales. El caso del no reconocimiento en 1994 de Nelson Mandela como presidente electo de Sudáfrica es un buen ejemplo. Si no analizas la historia y cómo las personas se aferran a la violencia o proponen la violencia, pero no porque sean personas violentas, sino porque no tienen ninguna otra alternativa, como la autodefensa, no podemos entender a los movimientos sociales. Me he encontrado en situaciones realmente complicadas trabajando para AI, especialmente relacionadas con asuntos políticos que poco o nada tenían que ver con la defensa de los derechos humanos. El programa para África de esta organización cuando yo era el director solo contaba con cuatro personas africanas de 35. ¡Solo cuatro!

Tenía muchísima relación, evidentemente, con multitud de organizaciones y asociaciones que trabajaban por los derechos humanos a lo largo del continente. Pero no tenían voz dentro de AI. En realidad, el fenómeno era a la inversa: la organización para la que trabajaba se estaba apropiando de los proyectos de otras entidades y los reproducía en su propio nombre. No era justo.

– Y tu respuesta fue abandonar esta organización, ¿verdad?

– ¡Exacto! Creé una organización llamada Fahamu, una palabra que en suajili significa conocimiento y entendimiento. El objetivo era apoyar a estas organizaciones y a estos activistas para que tuvieran su propia voz. También creé el medio de comunicación Pambazuka, con una línea crítica y de activismo social y periodístico. Empezamos con una escasez de recursos abrumadora, pero ahora es increíble la cantidad de organizaciones que están apuntadas a nuestro boletín. Cuando abandoné Pambazuka y Fahamu en 2012 estimamos que teníamos más de un millón de lectores. En el mes de noviembre se celebrarán sus 20 años de existencia.

– Como conocedor de los desafíos del continente, ¿cuáles crees que deberían ser los ejes de actuación de cualquier gobierno africano?

– En primer lugar, tenemos que entender que África continúa estando en gran medida controlada por los poderes del capital: corporaciones, instituciones financieras, Unión Europea o Estados Unidos. Y esta dominación se traduce en cambio climático o en refugiados. Cuando la gente habla de refugiados piensa en que los africanos quieren ir a Europa, pero el continente acoge a la mayoría de ellos. Tanzania es un buen ejemplo histórico; quiero decir que no es una dinámica contemporánea. Cuando los refugiados llegaban a este país en los años sesenta, su presidente, Julius Nyerere, estaba en contra de crear campos de refugiados o, en lo que se han convertido ahora: campos de concentración. Las políticas de Nyerere permitieron a los refugiados tener la ciudadanía. De hecho, hubo un periodo en el que la mitad del gabinete estaba formada por antiguos refugiados.

Ahora lo que tenemos es que las organizaciones internacionales y las ONG en general apoyan la idea de tener a los inmigrantes en centros de retención. Kenia también es un ejemplo, pero en el mal sentido. Los somalíes son considerados ciudadanos de segunda y maltratados por la policía. La democracia que tenemos, reducida al ejercicio de votar en unas elecciones o al multipartidismo, no significa nada. Si miras los programas, entre los partidos de Kenia no se aprecian diferencias ideológicas. Están reducidos a la nada y son personalistas. Entonces, creo que una mirada a los movimientos de desplazados o a los efectos climáticos por los cuales se tienen que desplazar debería ser prioritaria para cualquier gobierno.

– ¿Crees que el sistema de ayuda, el sistema de cooperación, está completamente desenfocado y que habría que erradicarlo como propone la economista Dambisa Moyo?

– En primer lugar, Damisa Moyo es una neoliberal. Ella está a favor de la privatización. Ella está a favor de que la gente haga dinero fuera de los marcos públicos. Ella es crítica con la ayuda, pero la realidad es que si sumas todo el dinero que entra en África, incluyendo ayuda, inversiones y todos los demás inputs, y observas todo el dinero que sale del continente de manera ilegal, es para llevarse las manos a la cabeza. Según los informes más recientes, África exporta cada año unos 85.000 millones de dólares. Así que, en cualquier caso, la ayuda solo sería parte de ese motor necesario para el desarrollo. Dambisa ha creado su narrativa a partir de los errores de la ayuda oficial al desarrollo, pero ha silenciado las exportaciones que salen del continente. Porque, desengañémonos, la ayuda no salvará ni a África ni a las y los africanos. En todo caso, salvará a las propias ONG.

– Es muy interesante poner de relieve los movimientos sociales que están teniendo lugar a lo largo de toda África. ¿Cuál es tu análisis de lo que está sucediendo en las calles de la República Democrática del Congo, de Burkina Faso, Sudáfrica, Togo o Liberia?

– La razón es histórica. La mayor parte del foco ha estado o en los dictadores o en cómo deshacerse de ellos. Pero detrás se encuentran los 30 años de Programas de Ajuste Estructural, los 30 años en los que todos los servicios sociales han sido privatizados, los 30 años en los que ha habido acumulación de capital. Tienes a los campesinos perdiendo tierras. Tienes gente migrando a las ciudades. Tienes una enorme disminución de los ingresos y un encarecimiento del precio de la vida. Y, como hemos comentado antes, no se trata simplemente del despojo de tierras, de recursos o de servicios, sino también de la desposesión política. Hoy en día, nuestros gobiernos están más inclinados a escuchar al FMI o al BM que a la ciudadanía. Hay una sensación de descontento que se filtra a través del continente y es un fenómeno que no hemos visto desde los años cincuenta en el surgimiento de la revolución anticolonial. Así que creo que estos son momentos realmente interesantes. Obviamente, en cada uno de esos países la situación específica será distinta y se manifestará de diferentes maneras. El aprendizaje es que hay que imaginar y soñar con la audacia de las sociedades africanas.


Sebastián Ruiz-Cabrera es periodista e investigador especializado en medios de comunicación y cine en el África subsahariana. Doctorando por la Universidad de Sevilla, coordina la sección Cine y Audiovisuales en el portal sobre artes y culturas africanas www.wiriko.org. Es analista político sobre actualidad africana en la revista Mundo Negro y forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate.  

Artículo publicado en el nº75 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2017.


 

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