Enfermedad grave. Remedio, Donald Trump

Ante el desconcierto y la sorpresa producidos por la elección del nuevo presidente de los Estados Unidos, expertos, politólogos, periodistas, políticos, gente común y corriente… se aventuraron por todos los rincones del mundo a diagnosticar el “suceso”, a valorar lo ocurrido. Pero, ante tanto ruido, ¿alguien comprende qué ha podido pasar para que se produzca esta pérdida de control?

¿Han sido los electores norteamericanos unos locos atraídos por los excesos de un recién llegado? La percepción de que la victoria de Trump es la derrota de Hillary Clinton no es totalmente justa. Por una parte ahí está la realidad del escrutinio y de las cifras, que es evidente, pero no hay que olvidar sobre todo el grito lanzado por la población más vulnerable, la que fue golpeada por la crisis de 2007-2008, esos electores que sufren la globalización y que no saben cómo construir otro mundo que ha sido conformado sin ellos y en favor de los otros.

Nada se ha hecho, tampoco por parte de los gobiernos demócratas, para impedir los efectos de la globalización: es una desigualdad insoportable. No, no es la derrota de Hillary Clinton sino la derrota de un sistema que Donald Trump diagnostica y al que ha señalado con el dedo y la palabra. Para una mayoría de norteamericanos no es tolerable sostener ese sistema que destruye empleos y que no beneficia más que a una minoría. Explicando esta situación, Donald Trump ha aunado y devuelto la esperanza. No sabemos a través de qué camino, pero una cosa es segura, la expectación es enorme y la decepción, si llega, lo será también.

Entre otras, esta es una de las síntesis que podemos extraer del libro El increíble Donald Trump, (Ed. Popular, Madrid, mayo de 2017), donde Jean – Eric Branaa desgrana el fenómeno Donald Trump desde el comienzo, cuando aún era un improbable candidato a la Casa Blanca y nadie pensaba que lograra en algún momento llegar tan lejos en la política.

Cuando este artículo comenzaba a tomar forma se cumplían cien días del Gobierno de Donald Trump. Las contradicciones son patentes. El presidente, con un discurso quizás más moderado de lo esperado por sus fans, afirmaba que era pronto para celebrar nada y se mostraba prudente al aplazar algunas de las decisiones que le llevaron al triunfo. Sin embargo, por otro lado, tomó pronto decisiones unilaterales, drásticas y controvertidas, como la destitución de James Comey, director del FBI, y mantiene una política con Rusia no demasiado clara. Da igual. Según las encuestas, el 96 por ciento de las y los americanos que votaron por Trump volverían a hacerlo ahora si hubiera nuevas elecciones.

Jean – Eric Branaa desde el principio adivinó que se trataba de un fenómeno digno de atención, quizás como lo ocurrido en Inglaterra con el Brexit o en Francia con el triunfo en primera vuelta de Marine Le Pen. Son fenómenos a los que en un principio analistas y políticos no dan importancia y que poco a poco van adquiriendo solidez en los círculos de opinión de los ciudadanos.

En un Estado en crisis, con una tasa de paro elevadísima, con un presidente, Barack Obama, en horas bajas de popularidad, el terreno estaba abonado para un discurso fácil y populista. Hay que decirle al pueblo lo que este necesita oír: “Seré el mayor presidente del empleo que Dios haya creado”, “Devolveré a los Estados Unido al lugar que le corresponde”…

En materia de política extranjera, en cuanto a inmigración, esto significa hablar de la deportación de cualquier persona que entre ilegalmente en los Estados Unidos, construir un muro a lo largo de la frontera sur y hacer pagar a México por su construcción. Estas cuestiones llamaron la atención tanto de los medios de comunicación como del ciudadano americano de clase media.

También llama la atención su política con el Daesh: “Sólo hay que enviarlo al infierno bombardeándolos”, luego cercarlos y “apoderarnos del petróleo” que controlan. O unas declaraciones suyas del 11 de enero de 2015: “Si las personas violentamente asesinadas en París hubiesen tenido pistolas, hubiesen tenido al menos una oportunidad de defenderse”. En cuanto al empleo, Trump prevé gravar los productos de las empresas estadounidenses que no se relocalicen, refiriéndose particularmente a Ford y a su proyecto de fábrica en México. Recetas y afirmaciones todas bastante simples. Pero, ¿se podrán realizar una vez llegado al poder?

De momento, el “famoso” muro no se construyó, la reforma del sistema de salud se paralizó, los jueces le han hundido sus iniciativas contra los inmigrantes y contra la entrada de musulmanes al país, ha reafirmado su compromiso con la OTAN (aunque en campaña la denominó “organización obsoleta”), anuncia una bajada de impuestos que solo beneficiará a las personas más ricas… En estos meses de mandato, aunque el discurso de Donald Trump sigue siendo duro y plagado de exabruptos, sus decisiones van en otra dirección a las anunciadas en campaña: las relaciones con México, China y Europa se van suavizado mientras por otro lado, vuelve a la política exterior intervencionista (Siria, Afganistán y Corea del Norte).

Mientras todo esto pasa, los demócratas y denostadores de Trump se entretuvieron y entretienen con el escándalo denominado rusiagate. Como afirma el pensador Noam Chomsky, “mientras tanto, las políticas extremadamente destructivas y perjudiciales están avanzando paso a paso”, refiriéndose a las trece normativas desreguladoras, 30 órdenes ejecutivas y 28 leyes de que presume el informe de la Casa Blanca y que si han servido para algo ha sido para suprimir normas que protegían la seguridad laboral, el derecho a la salud, la seguridad ambiental y a las personas inmigrantesrese[1].

De todas formas no debemos olvidar que el muro entre los Estados Unidos y México se comenzó a construir en 1991, no ahora. Tampoco debemos olvidarnos de que hay muchos otros muros construidos por países y gobiernos menos cuestionados que Donald Trump (sin ir muy lejos, entre Marruecos, Ceuta y Melilla). Así, el foco no será tan solo una persona que ha irrumpido de pronto en el panorama político, como surgido de la nada.

¿A dónde nos llevará todo esto? Es una incógnita difícil de despejar, pero lo que sí es cierto es que deberemos estar atentos y, al igual que hace Jean-Eric Branaa, no quedarnos en lo anecdótico, en lo provocativo (aunque sea tentador), y no perder de vista que el problema es de todo un sistema globalizado, plagado de conflictos e intereses que está sacando a la luz viejos fantasmas que parecían haber quedado atrás.


Clara Alonso (claracinta@gmail.com) es colaboradora de Pueblos – Revista de Información y Debate.

Artículo publicado en el nº74 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2017.


El increíble Donald Trump
Jean-Eric Branaa
Ed. Popular, Madrid, mayo de 2017

El increíble Donald Trump aborda qué sucedió para que todas las previsiones fallasen y lo que parecía imposible, que Trump llegase a ocupar la Casa Blanca, se haya convertido en realidad.

Jean-Éric Branaa tiene un doctorado en derecho, ha sido becado por la Fundación Fullbright y ha realizado estudios sobre derecho inglés en la Universidad de Cambridge. Actualmente es profesor en la Universidad de la Sorbona, en París II Assas. También participa con frecuencia en la prensa y la televisión francesa como comentarista de temas vinculados con la sociedad y la política de Estados Unidos.

Ha escrito numerosos libros, entre los que destacamos los ensayos: Make America grat again: L’Amerique de Donald Trump; Qui veut la peau du Parti républicaine?; L’incroyable Donald Trump; Hillary Clinton, une Présidente des Etats-Unis; American civilization: economical, political and social issues; American history made simple, American law made simple; La constitution Américaine et les institutions y la novela American touch (Parle-mois de vous).


  1. NOTAS:

    1. La Vanguardia, 29/04/2017.

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