De Diagonal a El Salto

El 3 de marzo de 2005, el periódico Diagonal publicaba su primer número y ponía en marcha un proyecto comunicativo independiente de partidos, multinacionales y bancos. Sin directores ni jefes, proponía una forma de hacer periodismo basada en la relación directa con los movimientos sociales. El objetivo: conseguir 5.000 suscripciones para llevar a los kioscos un periódico capaz de recoger las principales demandas de estos movimientos y generar con ellas un relato que traspasara el ámbito de las personas ya convencidas.

Directamente implicados en el tejido social activo del momento, la fórmula nos permitió dedicar portadas a la burbuja inmobiliaria o al incipiente drama de los desahucios, en un tiempo en el que hablar de crisis era predicar en el desierto. Generamos una estructura económica precaria pero estable, y construimos en torno al quincenal una amplia comunidad de mecenas y colaboradores. En vísperas del 15M alcanzamos la mágica cifra de 5.000 suscriptores, pero el cambio de paradigma generado por el grito en las plazas de 2011 nos pilló con el paso cambiado, como al resto de medios de comunicación y como a buena parte de los movimientos sociales de los que formábamos parte. Fuimos uno de los pocos medios que se hizo eco de la manifestación convocada por Democracia Real Ya el 15 de mayo, pero no alcanzamos a imaginar lo que desencadenaría.

La crisis de un modelo

Tocaba repensar el proyecto y adaptarlo a la realidad del momento. La precariedad generalizada, la propia crisis del periodismo, la competencia resultante del boom de los medios digitales y la repentina moda por las temáticas sociales, componían las piezas de un rompecabezas difícil de resolver para un colectivo editor acostumbrado a seguir como nadie la agenda movimentista, pero poco familiarizado con las posiciones de vanguardia que exigía la coyuntura. Diagonal sobrevivía gracias a la comunidad que habíamos logrado construir, pero no generaba la incidencia deseada.

Si las plazas clamaban por las mismas razones que llevábamos años denunciando y se organizaban como nosotras, ¿por qué no crecíamos al ritmo que lo hacían las movilizaciones? Nos faltaba agilidad para adaptarnos a la velocidad de los acontecimientos: acampadas, marchas, desahucios, huelgas, rodeas el Congreso, mareas, escraches, represión, bloqueo, asalto institucional. Necesitábamos recursos para ampliar la cobertura informativa, reorganizarnos, romper la dicotomía entre movimientos sociales y sociedad (ahora éramos el 99 por ciento, ¿o no?), adaptarnos a la era digital y al clima de competencia imperante en el nuevo ecosistema mediático, formado ahora por decenas de medios digitales situados, aparentemente, a la izquierda de El País.

El método de El Salto

El periodo de reflexión que iniciamos en 2013 nos llevaba permanentemente a un callejón sin salida: ¿cómo conseguir los recursos necesarios para generar incidencia sin renunciar a los principios de independencia, horizontalidad y compromiso con la transformación social? Queríamos crecer, pero no como lo hacía el resto. Con un movimiento efervescente en la calle reclamando más y mejor democracia, no tenía sentido asimilar un modelo de comunicación vertical y dependiente de la publicidad de los mismos bancos, empresas y partidos que habían generado la crisis y que queríamos denunciar. Limitaciones económicas aparte, bajo este modelo se esconden también las cualidades que nos diferencian, en fondos y en formas, del resto. La solución empezaba entonces por construir un método que intentara un salto de escala rescatando lo mejor de la experiencia Diagonal. Ese método es El Salto.

¿Qué es El Salto?

El Salto es el resultado de este proceso de reflexión. En primer lugar, El Salto es el nombre de una nueva plataforma que surge de una alianza entre más de 20 proyectos comunicativos. También es un método, una forma de hacer periodismo basada en la colaboración entre medios afines, el respeto a los principios de independencia radical, horizontalidad, participación y el compromiso con la economía social y solidaria. Una apuesta por el periodismo descentralizado que posibilita compartir recursos y ampliar la cobertura informativa gracias a una voluntad común de cooperar y no competir.

El Salto es nuestra propuesta frente a la crisis de legitimidad del periodismo actual. Frente a la entrada del Ibex 35 en los consejos de administración de las grandes compañías mediáticas, la dependencia de los medios de la publicidad de las grandes empresas y los contenidos patrocinados como modelo de negocio, El Salto propone la construcción de una amplia comunidad de socias como base de financiación, el desarrollo de una red de recursos colectivos y el uso de una marca común que logre posicionarse en el panorama mediático actual.

Pero el salto no es solo cuantitativo, también pretende ser un salto cualitativo en el ámbito de la comunicación crítica. El Salto es una apuesta por la profesionalización que incorpora el pago de colaboraciones y el uso de protocolos de calidad. Queremos demostrar que el rigor periodístico no está reñido con la horizontalidad y la participación. Son señas de identidad que nos diferencian del resto y es nuestra aportación al proceso de transformación social.

Periodismo cercano

El Salto es también una apuesta por el periodismo cercano y por una información local que esté presente en la realidad cotidiana de la mayoría social más afectada por la crisis. Una herramienta de utilidad para todas las personas que apuestan por cambiar las cosas desde su campo de acción más próximo: su casa, su barrio, su pueblo, su ciudad. Si la democracia empieza en lo cercano, cada territorio se convierte en un espacio de disputa desde donde actuar. Una perspectiva que sitúa la transformación social dentro y fuera de los marcos de la política institucional que requiere estar pendiente de lo que tenemos más cerca sin perder nunca de vista el contexto global.

Creemos que es necesario contribuir con un periodismo riguroso y honesto a tensar las formas de poder convencionales. No basta con hacer una buena gestión dentro de las instituciones. La crisis del modelo de representación política vigente ha sido motor de multitud de demandas sociales y del propio asalto institucional, y sigue siendo una realidad hoy.

Pero el periodismo cercano que proponemos no solo atiende a una cuestión geográfica. Nos referimos también a ejercerlo con una mirada cercana y transversal que sea capaz de reconocernos diversas, de apreciar esos haceres invisibles pero fundamentales para garantizar una sociedad más justa, de identificar sujetos que quedan fuera de los grandes titulares porque no se tiene el cuidado de respetar sus ritmos y sus tiempos. Un periodismo que trate de posicionar otras fuentes, titulares y conflictos.

A diferencia de otros medios, proponemos un análisis de la actualidad que incluya un enfoque desobediente. Si partimos del hecho de que el sistema de representación está en crisis y de que el poder está en manos de las élites económicas, la desobediencia (también desde las instituciones) se convierte en un discurso a legitimar entre la opinión pública. Contribuir con nuestro periodismo a romper ese consenso social impuesto desde arriba que viene a decir que cualquier demanda social se tiene que ajustar al marco de la ley. Una mirada que no se está promoviendo desde ningún medio de comunicación generalista y que, desde luego, no tiene cabida alguna en el marco de lo políticamente posible que imponen las grandes corporaciones mediáticas. Creemos que es posible transformar la sociedad desde abajo. De la misma forma que hacer periodismo de calidad con principios éticos y un funcionamiento horizontal. Nos dicen que es imposible. Pero ya lo estamos haciendo.


Quiénes saltamos
El Salto
es mucho más que una red. Es una apuesta basada en diversas formas de colaboración e integración entre proyectos afines para cooperar compartiendo recursos o ideas: desde coberturas e investigaciones conjuntas y una publicación mensual y una web común. Un medio de medios.

Con distintos grados de implicación participan medios como Diagonal, AraInfo (Aragón) o Atlántica XXII (Asturias), así como proyectos locales formados por medios y periodistas que están conformando nodos de El Salto en Madrid, Andalucía, Galiza y Nafarroa, País Valencià, Cantabria o La Rioja. Desde medios feministas como Pikara Magazine (que tendrá una sección en el mensual) a proyectos como El Salmón Contracorriente o la revista Pueblos, Viento Sur o Soberanía Alimentaria. Desde colectivos que trabajan el vídeo, como Siberia TV, La Guerrilla Comunicacional o Galiza Ano Cero, al Grupo de Radio de El Salto o el Colectivo Burbuja.

El número 0 de la revista mensual, en la calle a partir del 1 de marzo, incluye cinco ediciones locales: Andalucía, Aragón, Galiza, Nafarroa y Madrid. Y esto es sólo el principio. La lista sigue ampliándose. En el blog Saltamos. net podrás ver las nuevas incorporaciones y los acuerdos con cada medio.


J. de la Jara (El Salto).

Artículo publicado en el nº73 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2017.


 

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