Marta Choc (Red Tz’ikin, Guatemala) e Iván Sanjinés (CEFREC, Bolivia): “La comunicación sirve para liberar o para oprimir, y hay que elegir un camino”

Comparten pasión por la comunicación, interés por la riqueza cultural y convicción de que, pese a todas las dificultades, es posible hacer las cosas de otra manera. Marta Choc Calel, del pueblo maya q’eqchi’, coordina la comisión de difusión de la Red Tz’ikin, una red joven de comunicación indígena que trabaja día a día en Guatemala enfrentando la censura y la represión. Iván Sanjinés, fundador y director de la Fundación para el Desarrollo de la Comunicación Intercultural CEFREC, es cineasta y desde hace más de 25 años ha participado en los procesos de democratización de los medios y la apropiación de estos por parte de los pueblos indígenas en un país, Bolivia, que ha logrado ya legislar y poner en marcha interesantes iniciativas en este campo. Hemos tenido la oportunidad de conversar en Bilbao con ellos sobre estos temas gracias a la gira de comunicadores y comunicadoras indígenas organizada por Mugarik Gabe[1].
Marta Choc e Iván Sanjinés. Bilbao, febrero de 2017. Fotografía: Andrea Gago Menor.

 

– Comunicación popular, indígena, alternativa, transformadora… ¿La comunicación es un instrumento de lucha de los pueblos?

– Marta Choc. La comunicación siempre ha sido parte de nuestra vida, de nuestra cosmovisión como pueblos mayas. Además, la comunicación alternativa juega un papel muy importante en las luchas que llevamos a cabo para defender nuestros territorios.

– Iván Sanjinés. Es una enorme posibilidad de los pueblos. En Bolivia ha sido muy importante para el diálogo entre diferentes culturas, para fortalecer la memoria histórica, para estar presentes, no invisibilizados. Es una herramienta de lucha por la supervivencia cultural, política y social, es decir, integral. Permite hacer incidencia, decir “aquí estamos”, somos culturas vivas con propuestas, no solo folclore, adorno, sino parte activa de las sociedades. Es también una estrategia de conjunto, de hacer alianzas, de tocar todas las temáticas desde una visión y voz propia. Hablamos de las dimensiones cultural, identitaria, política, transformadora, despatriarcalizadora, descolonizadora… porque la comunicación es la mente. Si no hacemos algo urgente, dentro de veinte años no habrá diversidad, idiomas indígenas, y no hablo solo de Bolivia.

Así que la comunicación es un campo de batalla. Estamos sometidos y subordinados a la comunicación hegemónica, una visión del mundo donde lo que interesa es el dinero, la acumulación; pero pensamos que se pueden construir sociedades que no se basen en la avaricia, que se pue- den construir a través del respeto, la alianza con la madre tierra, el fortalecimiento mutuo.

– Y además de determinados contenidos, ¿qué es lo que hace a la comunicación indígena diferente?

– Marta. Parte de los pueblos, de gente que está en procesos comunitarios. Es participativa, de hombres y mujeres, con diversidad de puntos de vista, de pensamiento. No es la típica comunicación de los grandes medios, la de los reporteros de ciudad que cumplen unos requisitos para trabajar.

Marta Choc e Iván Sanjinés. Bilbao, febrero de 2017. Fotografías: Andrea Gago Menor.

– Iván. Tiene que ver con lo colectivo. En el caso del cine en Bolivia no hay “directores”, sino “responsables de equipo”. En Occidente siempre se trata de poner énfasis en lo individual, en buscar quién manda. Nosotros vamos más allá de la lectoescritura, por ejemplo, buscamos potenciar las habilidades de las personas. Tratamos de romper las barreras que están en la sociedad, en la educación, esa mirada esquemática según la cual cada cosa tiene que estar ordenada, en su lugar. Nos han acostumbrado a que un guion tiene que ser algo “exactamente así”, con un horario, unos tiempos, unos recursos… Hay hermanos y hermanas que llegaban con grandes ideas y al decirles “bueno, hagan un guion” estaban horas mirando el papel… y nada. ¿Cómo hacemos para llegar a la creatividad, la imaginación? La mirada indígena es amplia, holística, no puedes separar el contexto, aunque no sea parte directa de la historia. El tiempo es también diferente, está reflejando otra cosmovisión. A la vez, se está avanzando en que sea una mirada compartida entre hombres y mujeres, porque la comunicación, también la indígena, ha sido un territorio muy “de hombres”.

– Marta. Sí, la participación de la mujer tiene que ser en todo el proceso. Creo que otra cuestión que hace especial esta comunicación es el compromiso que tenemos para informar, siempre trabajando desde las comunidades. Desde otros medios no se mira hacia una comunidad a la que cuesta llegar cinco horas a pie, caminando, con mochila.

Iván. El dinero no es una prioridad. Es importante, pero no como en la otra comunicación: si hay dinero, se mueve; si no hay dinero, no. No solo parte de la mente, como hace la sociedad occidental, que todo lo hace “lógico”, sino también del corazón. También decimos que la comunicación o bien te sirve para liberar o bien te sirve para oprimir, y hay que elegir un camino. Es una lucha no muy equilibrada, pero hay que hacerla.

– ¿Qué potencialidades tienen formatos como la ficción para la comunicación indígena?

– Iván. Hay que pensar cómo hacer para llegar a una sociedad que no está acostumbrada a ciertos ritmos, sino que está domesticada para ver producciones rápidas, con muchos cortes… Estamos en procesos en los que los tiempos son los de la reflexión, el ritmo de las comunidades: ir escuchando, creando, trabajar en colectivo. Hay que abordar la parte tecnológica, que puede ser un desafío y que tampoco es algo individual.

No es que un documental no sea útil, todo depende de cómo lo hagas, pero hemos descubierto que un formato muy importante es la ficción. Se criticó mucho el vídeo educativo, por ejemplo, porque era un formato de la comunicación popular que venía de hace mucho tiempo, con porcentajes, textos, etc. En América Latina se ha venido usando la videocarta, un formato bastante libre con el que hemos llegado a muchos lugares a los que no llega el Estado, el Gobierno…

– Marta. Donde no hay luz…

– Iván. Donde dicen “¿para qué vamos a ir allí, si hay cincuenta personas?” En la primera campaña de Evo, por ejemplo, se llegó a lugares a los que no se había llegado antes. Era una campaña de reflexión, de ilusión, había una gran energía. Ahora tal vez ya se ve cierta pelea política, pero la llegada de Evo al poder fue un hecho histórico. Bolivia estaba sometida por unas familias, una gente que siempre robó y se llevó todo afuera. La gente votaba por el propio opresor. Hay que recordar que algunas comunidades no tienen la costumbre de la lectoescritura.

Hay que fortalecer los idiomas, pero también que podamos entendernos, y la ficción permite entenderse a las personas aunque no se comprenda del todo el idioma. Actualmente estamos trabajando en unas series para televisión, no telenovelas, con indígenas de Guatemala y Ecuador. La televisión indígena tiene mucha influencia en la televisión en Bolivia, no es marginal. A veces piensas que la televisión comercial ha copiado algunos formatos y te sorprende, aunque quizás eso signifique que estás influyendo, logrando que no todo sean shows como “Cantando…” o “Bailando por un sueño”, por ejemplo, formatos transnacionales hechos para que todos giremos en torno a ese tipo de cosas, banalizando la realidad y los temas sociales.

– Marta. Nosotros hacemos cada año una muestra de vídeo comunitario en defensa de la vida y del territorio. Llevamos unos vídeos de animación llamados La abuela Grillo que gustan a los niños. Si les preguntas qué entienden, dicen cosas como “la abuela Grillo cantaba y los grandes y poderosos no querían”. Van desarrollando ciertas cosas. Con las presentaciones en escuelas urbanas y rurales también hemos experimentado que si llevamos un material en q’eqchi’ a otra zona donde se habla q’eqchi’, se sienten identificados; pero que si llevamos un material en castellano y las personas se sienten identificadas con la historia, también funciona.

Marta Choc e Iván Sanjinés. Bilbao, febrero de 2017. Fotografía: Andrea Gago Menor.

 

– El Centro de Formación y Realización Cinematográfica, CEFREC, se acerca ya a la treintena. ¿Han facilitado la democratización del audiovisual los avances tecnológicos?

– Iván. Sí, las tecnologías se volvieron más accesibles. En un principio era casi todo muy interno. No había público, no había medios, eran solo procesos en la comunidad. El conocimiento era que fuese un aimara del Altiplano hacia la Amazonía. Estamos hablando de hace veinte años, de comunidades que no sabían que había otras comunidades indígenas, no es mucho tiempo. Había sido nefasto el papel de la educación, de la iglesia, de todo el sistema, para anular la posibilidad de contacto y de fortalecimiento de lo propio. Poco a poco pasas de eso a pensar en cómo articular experiencias amplias, con una base política. Se hicieron muchas películas sobre mitos, tradiciones e historias. En cierto momento la sociedad se enteró, porque ya había algo que mostrar fuerte, aunque había mucha gente en contra. Y se creó la primera televisión indígena comunitaria en Bolivia, en 2003.

El acceso a la tecnología es un derecho, no un privilegio. Pero hay que ver cómo se usa, cómo se da un uso social, hacia el interior también de las organizaciones y en beneficio de todas las personas. Con un sentido político descolonizador de la práctica y también del mensaje. Ahora está en la Asamblea Legislativa una nueva ley del cine y del audiovisual, que reconoce que el Estado tiene que fomentar el cine indígena, priorizar a los sectores más vulnerables. La anterior es de 1991, de la época neoliberal. ¡Es una lucha de años!

– La Red Tz’ikin, de la que formas parte, Marta, es mucho más joven. ¿Qué os llevo a crearla?

– Marta. El proceso lo iniciaron varias personas no indígenas. Fueron a las comunidades a dar talleres a jóvenes que nunca habían tenido la posibilidad de agarrar una cámara, que apenas hemos terminado sexto grado de primaria y apenas escribimos ni leemos. Por más simple que sea una cámara, si le ponemos amor, dedicación, sin interés económico, eso se siente en el mensaje, rompe barreras. Nos dimos cuenta de que teníamos que contar las historias a nuestra manera, hablar de lo que pasaba en las comunidades, de las injusticias… Vimos que lo audiovisual es una manera de llegar a más personas, que la cámara es un arma de transformación. Yo soy de la región Xalalá, donde quisieron construir una gran hidroeléctrica y no lo han logrado.

– Comentabais antes el riesgo real de pérdida de diversidad, de lenguas. ¿Podríais hablarnos más de vuestro trabajo en esta línea?

– Marta. Tz’ikin es el guardián de los comunicadores en diferentes pueblos de Guatemala, un pájaro que comunica. Desde el principio nos planteamos de qué manera queríamos hacer comunicación comunitaria también teniendo en cuenta los idiomas, y utilizamos q’eqchi’, uno de los idiomas más grandes de Guatemala.

– Iván. Hace unos veinte años en Bolivia no había experiencias de articulación como esta, entre diferentes culturas, lenguas y organizaciones. En 1996 se decide comenzar a articularse entendiendo la comunicación como herramienta de fortalecimiento de la identidad, de encuentro entre diferentes culturas, entre occidente, oriente, la amazonía. Primero fortalecer la raíz, que tiene que ver con el idioma. Si ahora hay muchos idiomas en peligro de desaparecer, en ese momento estábamos mucho peor. Con Evo Morales se avanzó mucho en el fortalecimiento identitario, de dignidad de los pueblos indígenas. Se llegaba a lugares donde el idioma estaba incluso “negado”, donde los habitantes decían: “no, si nosotros ya no hablamos eso”. ¿Por qué? Porque durante mucho tiempo se ha dicho que “eso” era negativo, que era un retraso, que entorpecía el desarrollo… Y los comunicadores y comunicadoras indígenas comenzaban a trabajar con la población anciana y a hacer producciones audiovisuales. Reflexionaban y nos decían: “bueno, sí, la verdad es que yo hablo un poquito”, “sí, bueno, mi abuela, mi madre…”. Te dabas cuenta de que es posible propiciar procesos interesantes a partir de una herramienta comunicacional.

– Aunque ya nos habéis ido hablando un poco de ello, ¿cómo están respondiendo los gobiernos de Bolivia y de Guatemala a estos procesos?

– Marta. El caso de Guatemala es contrario al de Bolivia. En vez de ayudar como Estado, viene la represión, la censura a los diferentes medios. Es un compromiso grande el que asumimos.

– Iván. El caso de Bolivia es diferente, sí, pero no ha sido sencillo. Antes había que hacer comunicación desde la persecución, como pasa en Guatemala, desde la amenaza. Hemos sido parte de la Plataforma por el Derecho a la Comunicación. En el gobierno previo a Evo Morales, de Eduardo Rodríguez Veltzé, se da el primer decreto, que reconoce los medios comunitarios. Después, en 2006, llega el decreto con Evo y un trabajo muy fuerte en la Asamblea Constituyente. Se incluye en la Constitución el compromiso del Estado de apoyar a los medios y sistemas de comunicación propia de los pueblos indígenas. En 2011 llegó la Ley de Telecomunicación, para la que también hubo que pelear bastante incluso en el ámbito de Evo Morales. La ley separa medios indígenas y comunitarios. Si se juntan, ya lo habíamos visto con el decreto previo, se benefician sobre todo las radios evangélicas, cristianas, los sectores que tienen mayores posibilidades económicas dentro del contexto comunitario.

Hay iniciativas incluso a nivel estatal como la Red de Radios de los Pueblos Indígenas Originarios. Se quiere que estos medios se consoliden, que puedan tener un trabajo independiente mayor. Estamos avanzando mucho en la creación de medios propios, por ejemplo con la Agencia Plurinacional de Comunicación, o con Plurinacional TV, un espacio de televisión, con alianzas con el Estado. Pero no es suficiente que esté Evo Morales para que todo se desarrolle, porque la estructura es muy pesada. El ordenamiento institucional, la forma en la que la sociedad se ha movido durante siglos, no se cambia por decreto. Hablamos de descolonización, de esa estructura mental, no física, de cómo se hacen las cosas.

– En el contexto general de auge de la derecha en América Latina, ¿cuáles son los principales retos de los medios comunitarios?

– Marta. Creo que uno de los principales retos es precisamente continuar. Tenemos que seguir con estas formas de comunicación que salen del corazón, que son parte del buen vivir. Ante la situación de represión en todas las comunidades vemos que es muy importante trabajar en conjunto, complementarnos. La Red Tz’ikin no es una fuente de ingresos, nos cuesta apartar nuestro rato para la articulación, para el trabajo comunitario.Lo malo es que también es habitual el divisionismo, se da entre las personas de los equipos de trabajo y entre las organizaciones. Además, algunos colectivos no se mueven si no hay dinero, si no se reconoce su trabajo. Tenemos que desintoxicar nuestras mentes de estas ideas.

– Iván. Actualmente hay un gran peligro a nivel mundial y retrocesos en el continente. En Bolivia seguimos avanzando, pero hay problemas con las alianzas con Brasil y Argentina. Con Ecuador en teoría se mantienen, pero veremos qué pasa. Y este presidente innombrable que hay en Estados Unidos… Son peligros reales y tenemos que tener estrategia de conjunto. Estados Unidos no va a estar tranquilo hasta que Evo ya no siga, por ejemplo. Ahora está mirando a ciertos lados, pero mañana va a mirar a Venezuela, a Cuba, a Bolivia… La comunicación que queremos es lo contrario de la que quieren. Hay que fortalecer esos procesos, estos vínculos, antes de que el panorama se ponga más feo, o nos convertiremos en un gringo más o tendremos que volver a la clandestinidad.

– ¿Creéis que a nivel mundial la articulación entre medios comunitarios e indígenas latinoamericanos y europeos es posible?

– Marta. Sí, quitándonos de la cabeza las fronteras, dejando de sentir que el pueblo maya de Guatemala no puede articularse con el País Vasco, por ejemplo. Hay muchas personas que piensan, por ejemplo, “España está llena de invasores”, y lo que necesitamos no es eso, es intercambiar experiencias, construir, ver que las diferentes culturas y pueblos del mundo tenemos muchas cosas en común.

Iván. Es importante encontrar todas las formas posibles de multiplicar el trabajo a través de los medios digitales, de la televisión en internet, del satélite… También están los festivales y los premios, como el Anaconda, impulsado por la Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas (CLACPI) y la Fundación PRAIA, de Bolivia. Trabajan con jurados locales, en cada país, recorriéndolos, combinando iniciativas, que es lo interesante. A veces es difícil ver la importancia estratégica de la comunicación, su potencial.


Redacción Pueblos – Revista de Información y Debate.

Artículo publicado en el nº73 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2017.


NOTAS:

  1. www.mugarikgabe.org/campanas/komunikatuz-eraldatu

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