El papel de los medios alternativos en la lucha por la justicia climática

En el proceso de toma de conciencia colectiva acerca de los desafíos del cambio climático hacemos frente a un gran obstáculo: ¿cuál es la articulación adecuada entre la escala global y la local (e incluso individual) para hablar de estos problemas y de sus soluciones? El enfoque de los medios llamados 'mainstream', muy convergente y consensual para promover “buenas prácticas”, se opone al enfoque de los medios alternativos y ciudadanos, que intentan repolitizar el tema. En este artículo ofrecemos, a través del caso de Francia, algunos elementos para la reflexión.

Un tratamiento mediático de consenso
que responde a los imperativos
de la industria de la información

En un sistema mediático concentrado y dependiente de los recursos publicitarios, la primera cuestión que se plantea es la posibilidad de informar libremente sobre el cambio climático, es decir, sobre un tema directamente vinculado al modelo económico, al impacto de las actividades de grandes grupos industriales (sean propietarios o no de medios de comunicación) y al consumo de sus productos. Es difícil conocer de manera precisa la incidencia de este conflicto de interés sistémico sobre los contenidos que se abordan, algo que también ocurre con otros temas. A pesar de que el reciente dieselgate[1] en Europa haya generado fuertes sospechas de chantaje sobre los mercados publicitarios por parte de empresas del sector del automóvil, los efectos son difusos y se traducen más por la autocensura. Como ha demostrado el largo conflicto en el canal francés I-Télé frente a la injerencia del accionista Bolloré[2], las asociaciones de periodistas cuidan su independencia.

El cambio climático no es un tema excluido de las redacciones, sino que, por el contrario, desde el año 2000 se observa una especialización del periodismo ambiental y cierta institucionalización del tema[3]. Esta especialización ha hecho nacer una comunidad de la información muy competente sobre el conocimiento de fondo e influyente en las redes sociales. Pese a esto, además de lo que supone “encerrar” un tema transversal en una sección especializada, este incremento del conocimiento en las redacciones con respecto al tratamiento del tema climático no ha permitido sobrepasar varios obstáculos inherentes al funcionamiento mediático.

El primero de estos obstáculos hace referencia a la obsesión de la división. A partir de 2006, los medios franceses han dado, con el pretexto de la controversia científica, un espacio desproporcionado a los escépticos y negacionistas a pesar de que su influencia en la comunidad científica estaba decayendo. De igual manera, los medios de comunicación estadounidenses hacen que la comunidad científica se vea en una postura defensiva desde la que deben responder a los ataques y encontrar estrategias para hacer entender lo que está en juego con el cambio climático[4].

El segundo de los obstáculos es el llamado tiempo mediático. La eterna carrera para las noticias que caracteriza a los medios tradicionales en su conjunto no es compatible con los tiempos del cambio climático, cuyos impactos se miden a medio o largo plazo. El cambio climático se aborda sobre todo a través del prisma de la actualidad directa, como por ejemplo cuando tienen lugar las conferencias de las Naciones Unidas sobre el tema o, también, cuando sus impactos se hacen sentir mediante un huracán, una sequía, un tifón o inundaciones.

En tercer lugar, podemos hablar de una narrativa enfocada hacia las consecuencias. Las catástrofes naturales, ampliamente ilustradas en los medios, son uno de los síntomas de los desajustes climáticos, y la comunidad científica, empezando por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, según sus siglas en inglés), ha demostrado sus causas antropocénicas. Es decir que el impacto de las actividades humanas es tal que sus efectos se hacen sentir y se materializan en catástrofes naturales, alza progresiva de las temperaturas del planeta y extinción de especies animales.

Ahora bien, estos efectos son el resultado de decisiones políticas y económicas, una realidad que los medios mainstream no facilitan ver. Pocos son los artículos o reportajes que apuntan hacia esas responsabilidades o que describan las opciones políticas o las decisiones posibles. En lugar de eso, se observa un fuerte enfoque sobre los síntomas.

Además de por las razones ya mencionadas, este enfoque centrado en los impactos también se explica por la voluntad de llegar al “público en general”, es decir, al público no especializado al que se dirigen los medios de comunicación de masas. Para el “público en general”, el cambio climático sigue siendo un concepto vago, alejado de la vida cotidiana y cuyas consecuencias palpables no se hacen sentir demasiado. Para volverlo real, estos medios eligen destacar las intemperies y los fenómenos naturales extremos, con gran uso de imágenes.

Al ilustrar la realidad del cambio climático con ejemplos dramáticos, los medios pretenden concienciar acerca de la gravedad de lo que está en juego, pero también crean las condiciones para una percepción dramática, lo que conlleva el riesgo de generar un distanciamiento del problema, que se puede ver como inevitable.

En paralelo al enfoque sobre las consecuencias se observa una narrativa positiva acerca de la capacidad de actuar de cada persona, es decir, se presenta la individualización de las soluciones como respuesta principal. Muchos son los reportajes que siguen el recorrido de ciudadanas y ciudadanos comunes que han decidido consumir solamente comida local y orgánica, reducir sus desplazamientos en coche o cambiar de proveedor de energía. La valorización mediática de estas opciones de vida conscientes, en el sentido de que son más respetuosas con los límites del planeta, pretende convencer al “público general” de que puede hacer lo mismo sin ningún problema. Este enfoque que valoriza los procesos de compromiso individuales, sin señalar los responsables contra los que también es necesario movilizarse, permite que cada uno se sienta actor implementando acciones a su alcance que no perturban ni su marco ni su nivel de vida.

Este doble ángulo (alerta angustiante sobre las consecuencias dramáticas del cambio climático, por un lado, e incitación a las prácticas individuales virtuosas, por otro) es transmitido por muchas asociaciones e iniciativas de la sociedad civil, como demuestra el éxito de la película El día de mañana (The Day After Tomorrow, 2004). A pesar del resurgir de las corrientes escéptica y negacionista, este enfoque está a punto de lograr inscribir de forma duradera la preocupación por el clima en la conciencia colectiva.

La despolitización del debate

Como ya hemos ido viendo, este tratamiento del cambio climático plantea varios problemas: contribuye a ocultar las causas sistémicas, simplifica radicalmente las relaciones internacionales haciendo responsables a todos los seres humanos de manera uniforme, y atribuye primero a la ciudadanía la responsabilidad de hacerse cargo de los impactos de las desregulaciones climáticas a través de la acumulación de gestos virtuosos.

Puede resultar obvio, pero hay que recordar que no todos los seres humanos están al mismo nivel con respecto a sus impactos sobre el cambio climático: ocho personas poseen tanto como la mitad más pobre de la población mundial[5]. Además, este discurso no plantea la existencia de responsabilidades colectivas por parte de los gobiernos, los bancos ni las empresas, cuando precisamente son 90 empresas las responsables de dos tercios de las emisiones globales de CO2[6].

En este sentido, el psicosociólogo Harald Welzer expone lo siguiente: “No sólo existe una desproporción grotesca entre este tipo de propuestas [eco-gestos] y la magnitud de la tarea, sino que, además, reducen radicalmente el nivel de complejidad de las responsabilidades y de las obligaciones vinculadas al cambio climático, individualizándolas. La idea, errónea pero fácil de sugerir, según la cual los cambios sociales comienzan con pequeños actos, se vuelve ideología cuando exime de sus obligaciones a los actores corporativos y políticos, y se vuelve irresponsable cuando pretende que uno puede atacar […], a través de precauciones tomadas de forma individual, problemas que se deben al principio del crecimiento económico vía explotación de los recursos”[7].

¿Cuál puede ser el rol de los medios alternativos?

Poco sujetos a las presiones políticas y comerciales, así como a las limitaciones de la industria mediática, muchos medios alternativos y ciudadanos pueden proponer un marco de análisis diferente. Su objetivo de tener peso en el debate público difundiendo las acciones y valores de asociaciones, colectivos y grupos ciudadanos comprometidos les permite cuestionar los límites y las contradicciones del sistema productivo, especialmente los de su dimensión consumista.

El reto para los medios alternativos es contribuir a incrementar la conciencia colectiva centrando el enfoque en la dimensión del cambio climático, creando fisuras en el debate habitual.

Por supuesto, la tentación de adoptar un enfoque definido únicamente por la oposición al mainstream (o al sistema) existe entre los medios alternativos. Esta cuestión lleva a veces a la simplificación o al maniqueísmo (la ciudadanía, por un lado, inocente; los gobiernos y sus aliados del sector privado, culpables), omitiendo tanto la complejidad de las relaciones de poder, del juego geopolítico, como la responsabilidad de cada persona de actuar para no ser cómplice de un sistema económico predador.

El interés de estos medios proviene de su capacidad para completar, a veces contradecir, la narrativa binaria (catástrofes/ buenas prácticas) que vehiculan los medios mainstream. Por lo tanto, los medios alternativos producen un discurso más complejo, con responsabilidades diferenciadas, pero también más incómodo, pues cuestionan el modo de vida de una minoría y la posibilidad de mantenerlo con arreglos menores. Los medios alternativos se esfuerzan en respaldar lo dicho con cifras, señalar responsables y designar los públicos, etapa indispensable para la construcción de resistencias y de alternativas para la justicia climática.

Asimismo, los medios alternativos deben convertirse en medios especializados al servicio de una educación popular climática.

Los medios alternativos tienen la oportunidad de liberarse de las limitaciones de las exclusivas o primicias, de las notas de prensa de las agencias de información y de la información espectáculo. Su relación con el tiempo les permite construir una información distanciada de la actualidad inmediata, más investigada y analizada, que puede servir de referencia, así como la de las rúbricas especializadas de los medios mainstream.

Los medios alternativos también tienen un papel de educación popular, ya que aportan claves de comprensión sobre temas y situaciones complejas. Por una parte, democratizan los informes y los datos científicos sobre el cambio climático; por otra, tienden un puente entre las y los militantes, los colectivos locales, los llamados whistleblowers[8] y el “público general”, explicando el marco de estas luchas militantes[9]. Dicho en otros términos, sobrepasan el enfoque de la sensibilización y su aporte puede permitir a la ciudadanía entender por qué ciertas personas eligen opciones de movilización más radicales, bloqueando proyectos climaticidas.

Cuando los medios de masa relatan una manifestación contra la construcción de grandes proyectos inútiles, una acción contra una central nuclear o el bloqueo de una reunión de grandes empresas petroleras, el énfasis está en los desbordes o los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden. A las personas que se manifiestan se las considera violentas, conflictivas. En esta era de los smartphones y de las redes sociales, muchos son los y las militantes que filman o toman fotos de estas movilizaciones para tener pruebas de las políticas represivas, a veces violentas. Los medios alternativos transmiten estos testimonios, cuestionando el poder mediante el control ciudadano.

Los medios de masas también reducen a la ciudadanía más comprometida a su papel de “críticos” y descalifican las palabras “militante” o “activista”, mientras que los medios alternativos favorecen la expresión de una verdadera contra-experiencia ciudadana. Su rol es cuestionar la relación con la autoridad a partir de una información comprobada, basada en fuentes militantes de terreno, pero a la cual se suma su indispensable trabajo de verificación.

Durante la COP 21, que tuvo lugar en diciembre 2015 en París, bajo el estado de emergencia en vigor desde los atentados de enero 2015 y reforzado después de los de noviembre, estuvieron prohibidas parte de las movilizaciones ciudadanas. Las y los militantes ecologistas no pudieron manifestarse, fueron reprimidos a veces de forma violenta[10]. En el libro Un président ne devrait pas dire ça (Un presidente no debería decir eso), publicado en octubre 2016 y que reúne cinco años de confidencias, François Hollande ha reconocido haber utilizado el estado de emergencia para mantener a las y los ecologistas “en orden”[11].

Por último, porque los riesgos climáticos no amenazan a todas las personas de la misma forma y los desajustes climáticos apuntan ante todo a los modos de producción y de consumo, los medios alternativos tienen también el papel de hacer de vínculo entre las luchas ambientales y las luchas sociales.

Actualmente hay acercamientos entre las y los activistas sociales y ambientales dentro de un amplio movimiento internacional por la justicia climática, acercamientos que quedan patentes durante movilizaciones fuertes como las de la COP 21 o la lucha contra el aeropuerto de Notre-Damedes- Landes. Entre las últimas movilizaciones destacan las realizadas contra el grupo empresarial Vinci bajo el lema “Vinci y su mundo”. Con un mismo eslogan se denuncia a la empresa y la lógica global de crecimiento destructora, que permite hechos como la destrucción, en octubre de 2016, por parte de Vinci, de la Jungla de Calais y la construcción de un parking y de un muro, obras que conllevaron la expulsión de 10.000 migrantes. En Estados Unidos, la reciente elección de Donald Trump ha unido a organizaciones de la sociedad civil que saben que tendrán que enfrentar políticas racistas, homofóbas, sexistas y climato escépticas[12].

Los medios alternativos, que difunden las actividades y propuestas de estos movimientos, actúan, por tanto, de puente entre luchas ambientales y sociales, planteando propuestas para alcanzar sociedades sostenibles basadas en la justicia social, es decir, en la igualdad y el acceso a los derechos a todas las personas.


Viviana Varin y Bernard Salamand forman parte de Ritimo, una red francesa de información y documentación para la solidaridad internacional y el desarrollo sostenible (www.ritimo.org).

Artículo publicado en el nº73 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2017.

Ver en la página de Ritimo aquí.


NOTAS:

  1. Ver, por ejemplo, “Volkswagen a-t-il tenté de faire pression sur des journaux français?”, 30/09/2016, www.francetvinfo.fr.
  2. En octubre de 2016, los periodistas de I-Télé (canal del grupo Canal+ cuyo accionista mayoritario es el empresario francés Vincent Bolloré) se pusieron en huelga para protestar contra el nombramiento de un columnista acusado en un caso de corrupción de menores. Los periodistas pedían su retirada en nombre de su independencia frente a los intereses de los accionistas.
  3. Comby, Jean-Baptiste, “Quand l’environnement devient ‘médiatique’. Conditions et effets de l’institutionnalisation d’une spécialité journalistique”, en Pratiques journalistiques, Réseaux n°5, La Découverte, Paris, 2009. Disponible en www.cairn.info.
  4. Ver “Climate of fear”, Nature (International Weekly Journal on Science), n°464/141, 11 de marzo de 2010. www.nature.com.
  5. Ver el último informe de Oxfam sobre la desigualdad (13/01/2017): “Davos 2017: huit personnes possèdent autant que la moitié la plus pauvre de la population mondiale”. Disponible en www.oxfamfrance.org.
  6. “Which fossil fuel companies are most responsible for climate change?”, The Guardian, 20/11/2013, en www.theguardian.com.
  7. Welzer, Harald (2009): Les Guerres du climat. Pourquoi on tue au XXIe siècle, Paris, Gallimard.
  8. Alertadores o reveladores de hechos que pueden constituir un delito, peligro o fraude. Son whistleblowers Erin Brockovich, Edward Snowden y Hervé Falciani, por ejemplo.
  9. Ver la intervención de Jade Lindgaard en el programa Los medios, el medio ambiente y nosotros, en Radio Escapades, 19 de noviembre de 2016.
  10. Ver por ejemplo los artículos de Basta! (www.bastamag.net): “L’état d’urgence face au terrorisme tourne à la répression des mouvements sociaux”, “Les 40 marches pour le climat ont été interdites, des écologistes assignés à résidence” o “Y a plus de caméras, ferme ta gueule sinon je vais te saigner comme un cochon”.
  11. Ver Arrêt sur Images, programa del 23 de octubre 2016: “Etat d’urgence/ COP 21: l’aveu de Hollande que personne n’a relevé”, en www.arretsurimages.net.
  12. Ver, por ejemplo, la declaración de la organizacion 350: “Le mouvement pour la justice climatique et le Muslim ban”, en 350.org.

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