Reforma agraria: un camino necesario para el proyecto de emancipación humana

La reforma agraria puede ser un asunto desconocido, o inadecuado en algunos países, o puede parecer que se trata de nada más que una reforma (en contraposición a la revolución). Cuando hablamos de reforma agraria popular estamos hablando de lucha de clases, de construcción de soberanías, de sueños de libertad.
Marcha a São Gabriel, en Rio Grande do Sul (2003). Fotografía: Leonardo Melgarejo.

 

De acuerdo con Jean Ziegler, vicepresidente del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, el planeta tiene condiciones para alimentar a 12 mil millones de personas, y aunque la población mundial es de poco menos de 7.500 millones, cerca de 750 millones sufren hambre en el mundo. El hambre del siglo XXI no resulta de la falta de alimentos. Es un hambre fabricado por la especulación financiera, la concentración de riquezas, la conversión de cultivos alimentares en producción de commodities.

La expansión del agronegocio contribuye con el hambre porque su objetivo no es la producción agropecuaria en sí misma, sino la obtención de ganancias, aunque eso implique di reccionar la producción agrícola para el alimento de ganado o agrocombustibles, atendiendo a mercados exteriores sin tener en cuenta las necesidades de la población local.

En otras épocas y lugares, cuando la estructura de propiedad y los usos de la tierra no fueron capaces de garantizar la producción de alimentos y materias primas necesarias, muchos Gobiernos llevaron a cabo procesos de reforma agraria. Es probable que los que más han impactado en el mundo de hoy fueran ejecutados por la burguesía industrial y la de servicios/comercio, la reforma agraria burguesa.

Ejemplos de reforma burguesa fueron los procesos de reordenamiento agrario que sirvieron de palanca para el desarrollo capitalista, principalmente en países del norte político, como EEUU cuando en 1862 Abraham Lincoln promulgó la primera ley de reforma agraria, los Homestead Acts, que en su primer decreto permitía a cada ciudadana o ciudadano que trabajaba en el campo recibir hasta unos 160 acres de tierra. La reforma agraria fue fundamental para el desarrollo en los países que la ejecutaron, porque generó puestos de trabajo, alimentos, materias primas locales y mercado consumidor para las industrias.

La reforma agraria burguesa[1] básicamente distribuye la tierra y ofrece algunas condiciones de producción a las personas asentadas. Su objetivo no es cambiar el modo de producción capitalista, sino darle un empuje. Siervos y esclavas no son consumidoras, pero las campesinas sí. Es una reforma que moderniza las relaciones en el campo.

Esos procesos de reforma agraria significaron una disputa interna entre la burguesía agraria contra las industriales y financieras; por ello el desarrollo en el campo, con la constitución de un campesinado productor y consumidor, ha tenido mejor éxito en los países del norte político, que desarrollaron su industria y servicios a la vez que expandían su dominación hacia el sur político.

Actualmente, la apropiación de tierras por el agronegocio y su modo de organizar la producción es un impedimento moderno para la reforma agraria, incluso para una reforma agraria burguesa.

El agronegocio

Hoy día el agronegocio domina la escena rural. Con el avance de la tecnología biomecánica es posible producir en largas extensiones con pocas personas trabajando. El saber fue transferido a la tecnología y el trabajo humano en el campo se resume a operar las máquinas, mientras que las decisiones se basan en un número limitado de protocolos desarrollados en centros tecnológicos a miles de kilómetros de la producción agrícola.

El modelo productivo del agronegocio[2] genera ejércitos de personas desempleadas, retira saberes del campesinado, y artificializa los productos, sean materias primas o alimentos. Esta artificialización se deriva de la estandarización de la vida producida en ese modelo: para ser parte del mercado de commodities los productos deben de ser homogéneos y así poder recibir un valor monetario global; por ello la estandarización, a través de transgénicos, clonación, etc. Esta es la agricultura industrial que cada vez se aleja más de los procesos naturales.

Obviamente, ese proceso tiene relevantes impactos en las personas, sea por el desplazamiento forzoso y enfermedades en el campo, sea por hacinamiento y problemas de salud[3] en las ciudades o la degradación ambiental, entre otros problemas sociales. Así, el agronegocio produce con un elevado coste para la sociedad y disminuye la capacidad de consumo de las poblaciones desplazadas hacia las ciudades. Esto constituye un problema para la industria y el comercio, ya que la falta de consumo paraliza mercancías ya producidas y ralentiza la economía. Hasta este momento la solución ha sido una expansión del consumo en zonas como China e India y guerras no declaradas, bien contra de grupos terroristas, bien guerras internas como en Congo, o bien mediante la violencia social con índices de guerra civil, como es el caso de Brasil[4]; la guerra suele ser un buen negocio para quemar productos y reactivar la producción industrial.

Al estar la reforma agraria clásica históricamente ultrapasada, y al ser el agronegocio un modelo dañino para la sociedad, los movimientos sociales campesinos articulados en La Vía Campesina proponen una reforma agraria popular. No se trata solo de la lucha por tierra, sino de construir un “nuevo sistema de organización social y económica de la producción agrícola. El enemigo ya no es solo el latifundio, sino también el gran capital monopolista y sus aliados, de modo general”[5]. La reforma agraria deja de ser una reforma para el fortalecimiento del sistema capitalista, y se torna el primer paso que puede llevar a su superación.

La reforma agraria popular

Al campesinado del siglo XXI no le basta con estar integrado en el mercado capitalista como consumidor y suministrador de productos agropecuarios. La reforma agraria debe ser parte de la lucha contra el capital y el patriarcado, debe ser parte de un proyecto de oposición a un modelo de sociedad opresor y explotador.

La transformación social, o el socialismo, es objetivo de movimientos campesinos como el Movimiento Sin Tierra de Brasil (MST); pero la reforma agraria popular por sí sola no lleva a ese cambio social, es parte del proceso de cambio, y la soberanía alimentaria es una importante conexión de la reforma agraria con otras categorías de la clase trabajadora.

La construcción de una reforma agraria en esos moldes exige la participación de toda la sociedad, puesto que implica distintas formas de relación campo-ciudad, con la ruptura de la dicotomía rural-urbano, y la construcción de nuevas formas de relación entre seres humanos y naturaleza.

Algunas de las bases de un proceso de reforma agraria popular indicadas por el MST[6] son:

  1. La tierra y todos los bienes de la naturaleza deben estar bajo control social y destinados al beneficio de todo el pueblo.
  2. El agua y los bosques autóctonos son bienes de la naturaleza que deben ser tratados como un derecho de todas las personas. No pueden tratarse como mercancías ni ser objeto de apropiación privada.
  3. Las semillas son un patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad, y no puede existir sobre ellas propiedad privada ni ningún tipo de control económico.
  4. Toda producción será desarrollada con el control de las personas trabajadoras sobre el resultado de su trabajo. Las relaciones sociales de producción deben abolir la explotación, la opresión y la alienación.
  5. Debemos construir la manera en que se desarrolle la soberanía popular sobre la energía en cada comunidad y en todos los municipios. Desarrollar de manera cooperativa la producción de energía a nivel local, con diferentes fuentes de recursos renovables para atender las necesidades del pueblo.
  6. El conocimiento debe ser un proceso de concienciación, liberación y permanente elevación cultural de todos y todas las que viven en el campo.
  7. Todas las personas trabajadoras deben tener derechos sociales garantizados, incluso el derecho a una vida sin violencia para todas y todos, independiente de edad, orientación sexual, género, etnia, cultura, etc.
  8. El campo debe constituirse en un lugar de buen vivir. Donde las personas tengan derechos, oportunidades y condiciones de vida dignas.
Marcha del VI Congreso Nacional del MST en Brasilia (2007). Fotografía: Leonardo Melgarejo.

Una reforma agraria con esas bases no es compatible con el modo de producción capitalista. No es posible hacer tal reforma agraria aislada de otros procesos sociales, y en coexistencia con la explotación y apropiación llevadas a cabo por las empresas transnacionales y el latifundio del agronegocio.

Una reforma agraria popular tendría impactos en toda la sociedad mediante la generación de puestos de trabajo, el aumento en la producción de alimentos saludables, el incremento en la apropiación y producción de conocimientos y un dinamismo en la economía de modo general, entre otros elementos.

En 1985 Jose Graziano da Silva[7] escribió que una reforma agraria no sólo solucionaría el problema del hambre, sino que sería la posibilidad de que miles de personas trabajadoras del campo se transformasen en ciudadanas. Además de esa estrecha conexión entre reforma agraria y democracia, Graziano da Silva asegura que la desigualdad en el acceso a la tierra es uno de los principales responsables de la pobreza estructural en el campo.

Luchar por la reforma agraria popular es hacer lucha de clase

La reforma agraria popular sólo puede ser posible si es acompañada de otras medidas de cambio en el modo capitalista de producción. La reforma agraria que el MST y La Vía Campesina traen al debate además de garantizar el acceso y control de las trabajadoras sobre la tierra, debe ser motor para la soberanía alimentaria para toda la población, siendo parte de la solución de problemas estructurales de toda la sociedad.

La reforma agraria popular es antagónica al agronegocio, es su opositora. No hay coexistencia entre agronegocio y un campesinado organizado, que aboga por la reforma agraria popular y la soberanía alimentaria.

El MST y La Vía Campesina lo tienen claro, las raíces de la reforma agraria popular brotan y crecen de un único lugar: el enfrentamiento de los sujetos trabajadores contra las fuerzas del capital. Es por esto debe ser parte de la lucha de clases y asumida por la clase trabajadora.

Aunque lleve el nombre de “reforma”, cuando tiene apellido “popular” su forma y contenido son opositores al capital, se trata de una de las piezas de un puzle revolucionario, donde se debe sumar la reforma urbana, la reforma de la previdencia, la reforma educacional, mirando la construcción de la libertad y de las soberanías de nuestros pueblos.


Janaina Strunzak es campesina y profesora de la ENFF/MST. Doctoranda de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), becaria Capes-Brasil. Miembro del GT Clacso “Investigación militante: teoría, práctica y método”, y del Grupo de Pesquisas “Modos de Producción y Antagonismos Sociales” de la Universidad de Brasilia (UnB).

 Artículo publicado en el nº72 de Pueblos – Revista de Información y Debate, primer trimestre de 2017.


NOTAS:

  1. En la historia del mundo evidentemente han existido otros procesos de reforma agraria llevados a cabo tanto en países capitalistas, en luchas independentistas, o en países con intentos de construcción de otros tipos de sociedad, como la URSS, China, Cuba, etc. Incluso hay noticias de una reforma agraria propuesta por Tiberius Graco en el Imperio Romano.
  2. Daza Cevallos, Esteban (2015): “Más agronegocio, menos Soberanía Alimentaria”. Disponible en http://porlatierra.org/docs/9aeb3186f1a965cae3d134a600ede652.pdf
  3. Veánse los trabajos de Marcia Riva: “Atenção à saúde de pequenos agricultores do município de Encruzilhada do Sul – RS” (2008), Departamento de Fonoaudiologia, Centro Universitário Metodista, Porto Alegre, Brasil; y de Alejandra Paganelli: “Glyphosate-Based Herbicides Produce Teratogenic” (2008).
  4. Malkes, Renata (2015): “A guerra diária do Brasil contra os jovens”, revista CartaCapital: http://www.cartacapital.com.br/sociedade/a-guerra-diaria-do-brasil-contra-os-jovens.html. Pereira Guimarães, Saulo (2013): “Com mais mortes que Iraque, Brasil está em guerra e não sabe”, revista Exame: http://exame.abril.com.br.
  5. Graziano da Silva, Jose (1981): A Modernização Dolorosa, Rio de Janeiro, Zahar Editores, p. 140.
  6. “Programa Agrario del MST”, diciembre de 2013.
  7. Graziano da Silva, Jose (1985): Para entender o Plano Nacional de Reforma Agrária, Editora Brasiliense, São Paulo p. 101.

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