Lecciones de las recientes elecciones en África

Tres escenarios. Tres contextos interesantes en doce meses. Uganda, la “Perla de África”, como bautizó Churchill al país cuando todavía era colonia británica; una 'gracieta del político que se granjeaba licores fuertes para prevenir la malaria en tierras que no eran suyas. Allí, Yoweri Museveni revalidó a comienzos del año 2016 sus 30 años en el sillón presidencial con acusaciones de fraude por parte de la oposición. En agosto el turno fue para Zambia. Edgar Lungu, candidato del Frente Patriótico, el partido gobernante, se impuso en las que resultaron unas controvertidas elecciones. Hubo protestas en unos comicios que se vieron amenazados después de 25 años de tradición pacífica.
Andrea López. http://andrealopezalvarez.blogspot.com.es/

Hace apenas unos meses fue Gambia. El entonces presidente Yahya Jammeh declaró el estado de emergencia después de negarse a aceptar los resultados de unas elecciones que perdió contra el líder de la oposición, Adama Barrow. Al final, Yammeh cedió después de un espectáculo lamentable dejando su país tras 22 años.

En conjunto, estos tres episodios podrían conducir a una falsa sensación de que la democracia africana está en declive. Sin embargo, otras tendencias sugieren una narrativa diferente. En febrero, Abdullahi Mohamed, conocido como “Farmajo”, era elegido el nuevo presidente de Somalia. Un resultado particularmente alentador ya que su sucesor, Hassan Sheikh Mohamud, solo había cumplido una legislatura. El escenario se repitió en Ghana unos meses antes, en diciembre: el veterano abogado de 72 años, Nana Akufo-Addo, derrotaba a John Mahama.

El foco se debe poner también en el gigante africano: Nigeria, el país más poblado del continente, con más de 170 millones de habitantes. Con múltiples desafíos políticos, económicos y de seguridad, Muhammadu Buhari se impuso con su programa político al entonces presidente Goodluck Jonathan, que pugnaba por su segundo mandato en 2015. Todos estos presidente salientes (y hombres) aceptaron el veredicto de los votantes. Otros traspasos ordenados y similares, pero que rara vez tienen el foco mediático, se han producido en las islas de Seychelles, Cabo Verde o Santo Tomé y Príncipe.

A continuación apunto cuatro claves para entender los recientes cambios políticos en África.

Contextos difíciles que gritan cambios

Mantener el poder en países donde la combinación del declive económico y la fuerza de la sociedad civil cada vez se hace notar más (con el uso de herramientas como Twitter o Facebook) es más difícil. Ejemplos: Gambia, Ghana, Nigeria y Somalia. También la aparición de las comisiones electorales más creíbles ha socavado la capacidad de los líderes que pretendían retener el poder.

La oposición juega bien las cartas

El hilo común que une a Gambia, Ghana y Nigeria, por ejemplo, es que los partidos que representaban a la oposición han aprendido de sus errores. Esto fue particularmente notable en Gambia y Nigeria, donde la principal oposición demostró un nuevo sentido de unidad. Pero no solo. Evidentemente también los fracasos del partido en el poder allanaron el camino para el cambio.

La voluntad de los partidos de la oposición de dejar de lado sus diferencias con el fin de maximizar sus posibilidades de éxito tuvo dos consecuencias importantes: en primer lugar, el voto no estuvo tan polarizado, por lo que los presidentes lo tuvieron más difícil para negar a sus rivales el pulso; y, en segundo lugar, esta unión potenció la aparición de una máquina política más coherente y eficaz con respecto a los escasos recursos. El caldo para la esperanza ya estaba preparado.

Paradojas del poder

No todos los partidos de gobierno responden de la misma forma a las derrotas. Por cada Ghana, hay un Uganda. Por cada Nigeria, un Zimbabue. En los países en los que las instituciones democráticas son más fuertes y los líderes están más comprometidos con los principios democráticos, se ha favorecido la apertura de nuevas políticas. Sin embargo, donde los presidentes están decididos a conservar el poder a cualquier precio, las implicaciones para la democracia son muy diferentes. Partidos de gobierno autoritarios recurrieron a la represión y a la censura para mantener el control: detención de líderes de la oposición en Uganda; prohibición de manifestaciones en Etiopía; brutalidad de la policía en Burundi.

A la tercera, ¿va la vencida?

Son varios ejemplos los que lamentablemente están cambiando el surco de la historia reciente y de las elecciones multipartidistas en África al sur del Sahara. Cuando un presidente decide postularse a un tercer mandato bajo una contraindicación de la Carta Magna, las alertas se disparan. Los análisis actuales se concentran en la República Democrática de Congo.

Su turno tenía que haber llegado a finales de 2016, fecha en la que su dirigente, Joseph Kabila, debía haber renunciado. Esto era en diciembre, pero tras una serie de estrategias todavía permanece en el cargo. Cuando los esfuerzos para cambiar la ley fracasaron, Kabila hizo descarrilar la preparación de las elecciones generales, que debían celebrarse en noviembre, razonando que no podía esperarse que se retirara si nadie era elegido para reemplazarlo. Cuánta dulzura inoperante…

También alegó que el gobierno no podía desarrollar unas elecciones si no podía hacer llegar las urnas a todas las partes del Congo. Y en esto tiene razón. Para no simplificar demasiado, el territorio que ocupa este país inmenso sería como si trazáramos una línea en diagonal desde Algeciras hasta Berlín; con ausencia de carreteras en muchas zonas interiores y por lo tanto infranqueables para depositar las famosas urnas. Una fotografía del que es uno de las naciones más ricas en recursos naturales del mundo. Y más empobrecidas.

A pesar de esto, un control limitado de Kabila sobre el panorama político de su país está complicando mucho la situación social en el país, donde los brotes de violencia se suceden de forma recurrente. Especialmente en el este. Paul Kagame también se postula en agosto para su tercer mandato en Ruanda, con la salvedad de que la oposición es prácticamente inexistente.


Sebastián Ruiz es periodista e investigador especializado en medios de comunicación y cine en el África subsahariana. Doctorando por la Universidad de Sevilla. Coordinador de la sección Cine y Audiovisuales en el portal sobre artes y culturas africanas www.wiriko.org. Analista político sobre actualidad africana en la revista Mundo Negro. Forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate.


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