La Copa Africana de Fútbol y sus contradicciones

Sonrío y le recito el once inicial del Real Madrid y del Barcelona en un posible derbi asomando mi aliento por la ventanilla de la aduana. Sé que hay jugadores que ahora están más cerca de Manolo el del Bombo que de la línea de mediocampo, que ahora son entrenadores o que han montado un casino en su pueblo. Me hago el erudito aunque no cuela mezclar a Roberto Carlos y Benzemá en la alineación titular. Son los comodines –ahora desgastados– que me han aligerado los malos tragos en alguna que otra frontera terrestre africana.

Es cuando te acuerdas del “no le / sí le” y de los intercambios de cromos debajo de la terraza por la tarde. Cuando pedías prestado cinco duros y apostabas el todo o nada a un sobre que el quiosquero sacaba de una caja mugrienta de Panini confiando en que tuviera algún fichaje bis. Eran los más caros en el trueque y los que te aseguraban cierta fama en el barrio. La gente te conocía por la cantidad de futbolistas desconocidos que eras capaz de recitar de memoria.

Joder, el tiempo pasa.

El policía me mira con compasión, me estampa el sello nacional de Burundi en el pasaporte y de carrerilla me suelta 22 nombres que juegan en el Madrid, 22 en el Barcelona, 22 en el Sevilla y hasta los mejores del Nástic de Tarragona. Y cabizbajo entro en el país no sabiendo si comprar la guía de los mejores jugadores del año o un billete de vuelta a Barajas.

Nuevos escenarios para el fútbol en África

La anécdota no es casual. El fútbol es sin duda el deporte más popular de África. Millones de africanos sintonizan cada semana las televisiones y radios para ver cómo las estrellas de los clubes más importantes del mundo compiten en la Premier League inglesa, la Bundesliga alemana, la Liga A italiana o la BBVA española. Es difícil encontrar una oficina, restaurante o bar en el continente que no está transmitiendo fútbol los fines de semana. Una final de la Champions crea la misma expectación que en Europa y es capaz de hacer olvidar en igualdad de condiciones a la propia celebración de la independencia de la metrópolis.

Andrea López.http://andrealopezalvarez.blogspot.com.es/
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Sin embargo, las ligas nacionales de África están muy por detrás de las de Europa en términos de desarrollo de los derechos de televisión o del patrocinio. Las perspectivas de esta industria en crecimiento están en alza después del campeonato del mundo en Sudáfrica (2010) donde más allá de los éxitos de la selección nacional española que se llevó el preciado trofeo, la especulación urbanística irrumpió: miles de personas tuvieron que ser desplazadas de sus barrios viéndose empobrecidas aún más. Algo parecido ocurrió en los Juegos Olímpicos celebrados en Pekín (2008), los Juegos de la Commonwealth en la India (2010), los Juegos Olímpicos de Invierno en Rusia (2014), la Copa del Mundo (2014) y los Juegos Olímpicos (2016) en Brasil y, presumiblemente, algo parecido ocurrirá de cara a la celebración en 2018 del mundial de fútbol que se celebrará en Rusia.

Pero un detalle es diferente: el reciente acuerdo de patrocinio durante más de ocho años entre la multinacional petrolera francesa TOTAL y la Confederación Africana de Fútbol (CAF). Si la industria del fútbol puede superar los problemas de Gobiernos que no invierten en deporte, detener la migración de jugadores con talento y encender de nuevo el interés en las ligas nacionales, el fútbol puede desempeñar un papel importante en el impulso del desarrollo económico y social de África. Eso sí, la construcción de una exitosa industria va a resultar difícil si no se cuida la materia prima.

Esclavos del balón

Hace 17 años, la BBC publicó un reportaje que pasó desapercibido en las esferas deportivas, pero que apuntaba con el dedo al negocio de unos a costa de otros. O, para ser justos, la dinámica de cómo algunos quieren participar de la fuerza de trabajo de otros para cambiar su punto de partida, generalmente empobrecido. “¿Está Europa robando los mejores jugadores de África?”.

La historia del fútbol en África encapsula muchas de las dinámicas sociopolíticas más amplias a lo largo del siglo pasado, y es sorprendentemente revelador cómo el balompié fue introducido en la región en los albores de la época colonial por los misioneros, soldados y administradores coloniales. Su rápido crecimiento en popularidad fue impulsado por los vientos modernizadores, en particular, por la aparición de centros urbanos que necesitaban espacios de entretenimiento para estos nuevos trabajadores –léase esclavos–.

En el libro African Soccerscapes: How a Continent Changed the World’s Game (2010) Peter Alegi sostiene que el fútbol jugó un papel importante en las luchas populares de finales del período colonial, alimentando el orgullo nacionalista contra los europeos y al mismo tiempo ayudó a levantar la identidad étnica. Alegi dedica menos atención a la época contemporánea donde se observa que hay cientos de equipos profesionales europeos que reclutan a jóvenes jugadores de África; un proceso que a menudo pasa por la explotación de adolescentes africanos por diversos agentes o entrenadores. Y es tentador ver el fútbol africano como una metáfora de su relación con Occidente.

Save The Children lanzaba la piedra en 2008: “El foco de atención sobre esta práctica se localiza actualmente sobre todo en África. Personas generalmente basadas en Europa suelen viajar a países africanos en busca de nuevos talentos. Otras veces son agentes o academias del propio país las que se encargan de buscar a los candidatos. El problema es que, cada vez existen más agentes y academias ilegales que tan solo buscan lucrarse a costa de los niños y sus familias. Los agentes tratan de conseguirles visados de corta duración para que estos jóvenes jugadores puedan salir de su país e intentar que sean fichados por un club extranjero. Las familias invierten cantidades enormes de dinero para conseguir el permiso que los jóvenes necesitan para emigrar”.

Andrea López. http://andrealopezalvarez.blogspot.com.es/
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Todo el mundo quiere un trozo de fútbol y la oportunidad de bañarse en sus glorias. Un negocio invisible el del tráfico de jugadores. Sin titulares. Sin embargo, todo el mundo habla de los magnates como el chino Wang Jianlin (presidente del grupo Wanda que adquirió el 20 por ciento del Atlético de Madrid), del jeque Al-Thani que se ha hecho dueño del Málaga, o de Peter Lim, el millonario de Singapur dueño del Valencia. Este es el mundo del espectáculo. Mientras, en calles empobrecidas de Ghana, Camerún o Costa de Marfil hay sueños que viajan en una alfombra mágica y dispuestos a pagar lo que haga falta por entrar a formar parte del negocio. En el libro The Lost Boys: Inside Football’s Slave Trade (2015) de Ed Hawkins, se explica en un trabajo cuidado de periodismo de investigación, los vericuetos de muchas hienas que se mantienen al acecho de los más indefensos. Y de sus familias que ven el fútbol como una oportunidad para escapar de la pobreza.

Según la ONG Foot Solidaire, unos 15.000 jóvenes jugadores se mueven fuera de África occidental cada año de manera fraudulenta aunque la falta de seguimiento significa que el número de niños objeto de trata en el extranjero podría ser mucho mayor. Pequeñas academias sin licencia están surgiendo en toda la región, a menudo dirigidas por hombres (sí, hombres) que se hacen pasar por agentes, con la esperanza de sacar provecho.

El torneo de 2017 (14 de enero-5 febrero)

Por segunda vez en cinco años, Gabón vuelve a acoger la Copa de Naciones de África. Esta vez los partidos de la oposición han declarado su intención de utilizar el mayor espectáculo del fútbol africano como una oportunidad para expresar sus quejas contra el presidente Alí Ben Bongo, quien después de una elección tensa en agosto pasado (que provocó cerca de 100 muertes en las calles) volvió a hacerse con el poder.

Gabón que tiene una población de más de un millón y medio de personas (1.737.400) de la que un 86,9 por ciento vive en entornos urbanos tiene como su principal industria al petróleo. Un país que ha sido elegido como reemplazo de Libia al que le tocaba acoger el campeonato y sobre el que pesa una ola de incertidumbre política y de infraestructuras inestables: 16 selecciones; 23 días (del 14 de enero al 5 de febrero); 4 sedes y 2 de ellas que apenas han visto ningún tipo de fútbol antes y, mucho menos, un campeonato internacional que involucra al top de las estrellas africanas en las ligas europea.

  1. Libreville, la capital que acoge al 40 por ciento de la población con una presencia de europeos destacada, es destino turístico por sus playas de palmeras bañadas por el Océano Atlántico y villas coloniales francesas y arboladas.
  1. Franceville, en lo profundo del interior de la selva y la última parada de la línea de ferrocarril que atraviesa el país. Ambas ciudades coorganizaron los juegos con Guinea Ecuatorial en 2012.
  1. Oyem, una ciudad en el extremo norte, rodeada de plantaciones de caucho, será el hogar del vigente campeón, Costa de Marfil, durante la fase de grupos. Eric Bailly, el marfileño y defensa del Manchester United, será uno de los focos mediáticos.
  1. Port-Gentil, la segunda ciudad del país con un importante puerto marítimo, es uno de los puntos calientes de la industria petrolera. Tanto Oyem como Port-Gentil tienen estadios que se han construido limando segundos al día tope: el 14 de enero.

Este año, los observadores se preguntan cómo las fuerzas de seguridad de Gabón reaccionarán si hay protestas contra Bongo, que sucedió a su padre como presidente y cuya familia ha gobernado Gabón desde la década de 1960. Un buen cóctel en un evento de fútbol como ningún otro en el que la Confederación Africana de Fútbol (CAF) sigue oponiéndose a la tendencia de otros torneos importantes y apuesta por celebrarlo cada dos años, no cada cuatro (Mundial o Eurocopa). Entre los candidatos al título: Costa de Marfil, Marruecos, Argelia, Senegal o Egipto.

Pero hay otras selecciones interesantes. Como Zambia que en 2012 se convirtió en el campeón de forma inesperada en Libreville, casi 20 años después de un accidente de avión en esa ciudad que trágicamente acabó con todo el equipo. Guinea Bissau, por ejemplo, conseguirá que algunos de sus jugadores que trabajan en segunda y tercera división en Portugal y Rumania tengan su oportunidad. Y Uganda que está de vuelta por primera vez desde que perdió la final de 1978. El dato: cuando Uganda jugó por última vez la Copa de África, Pelé se había retirado y Diego Armando Maradona era un pibe que con 17 años le daba la espalda al tango para apostar por la pelota. No se equivocó. No.

Descartes informativos a la española

Camerún y Marruecos son los países con más representación de jugadores de equipos españoles siendo el Málaga y el Nástic de Tarragona (que juega en Segunda división) los que verán más ausencias debido a la Copa de África en su once inicial, 3 y 4 bajas respectivamente. El periódico ABC firmaba una noticia el 9 de enero en la que subrayaba que la competición continental “robará a la Liga española un total de 19 jugadores”. La historia es más bien al revés como reflejó la película de Miguel Alcantud Diamantes Negros (2013). Si quieres hacer un mayor seguimiento de los africanos que juegan en el estado Español aquí tienes más información.


Sebastián Ruiz es periodista e investigador especializado en medios de comunicación y cine en el África subsahariana. Doctorando por la Universidad de Sevilla. Coordinador de la sección Cine y Audiovisuales en el portal sobre artes y culturas africanas www.wiriko.org. Analista político sobre actualidad africana en la revista Mundo Negro. Forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate.


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