Productos del campo a la mesa: una cadena local y ecológica cada vez mejor engrasada en Extremadura

Extremadura cuenta con, al menos, una decena de grupos de consumo ecológico, uno por cada ciudad o población de tamaño medio de la región. Con diferentes modelos de organización, todos se basan en facilitar el acceso a productos de calidad sin intermediarios: quiénes producen y quiénes consumen de manera responsable se unen en un mismo espacio.

Juan Carlos no falta a su cita semanal con los productos ecológicos en Plasencia. Chemo reparte casa por casa verduras y frutas recién cogidas del campo en Cáceres. Marisa gestiona los pedidos del grupo de consumo ecológico ECOBA en Badajoz. Son parte del engranaje que la sociedad civil organizada de Extremadura ha construido durante la última década en las principales poblaciones de la región. En Badajoz, Zafra, Cáceres, Plasencia, Don Benito-Villanueva y Mérida podemos encontrar grupos de consumo ecológico bien organizados. Además, en zonas rurales del norte extremeño como la Vera, ya cuentan también con un grupo que apuesta por una alternativa de consumo con un canal directo o de corto recorrido frente a las estructuras de mercado establecidas y mayoritarias que en nada benefician un modo de vida sostenible que garantice un acceso a alimentos de calidad para estas generaciones y las venideras y que no ataquen de frente al medio ambiente.

Instante en que una socia de ECOBA recoge su encargo de uno de los productores, miembro de este grupo de consumo de Badajoz. Fotografía: Elizabeth Masero Visiga.
Instante en que una socia de ECOBA recoge su encargo de uno de los productores, miembro de este grupo de consumo de Badajoz. Fotografía: Elizabeth Masero Visiga.

“Los grupos de consumo ecológico son grupos de gente que se une para pedir productos de forma colectiva”. Así los definen Daniel López García, biólogo y Beatriz Fadón Junyet, química agrícola en el Manual Canales Alternativos para la Comercialización de los Alimentos Ecológicos en Mercados Locales, editado en 2014. Y continúan describiendo que “agrupar la demanda permite abaratar los costes de distribución de los alimentos”. Este sistema está teniendo una expansión muy rápida y actúa como un “agente dinamizador del consumo ecológico” concluyen. Los datos a nivel nacional lo confirman. La entidad Ecological en su informe “El sector ecológico en España 2016” señala que la venta directa, es decir, la que se produce sin intermediarios entre personas consumidoras y productoras, se ha elevado significativamente pasando de representar entre el 5-15% en 2011 al 15-20% en 2013. Este aumento es mucho mayor al consumo de productos ecológicos que se realiza a través de grandes superficies o tiendas especializadas, que ronda el 5%. Este mismo informe señala que el consumo y el sector ecológico han experimentado un notable crecimiento en aquel mismo periodo, si bien en el Estado español estamos aún lejos de las cifras del sector en países como Alemania, Suiza o Dinamarca. En Extremadura está tendencia se cumple y ya cuenta con más de una decena de grupos de consumo ecológico, con una media de 60 familias o unidades de consumo (pedidos) cada uno. Estos grupos poseen características similares: apuesta por un comercio local y justo de productos frescos, preocupación por el medio ambiente, reuniones periódicas, son autogestionados, se aporta una cantidad anual o mensual para su mantenimiento, utilizan la tecnología para organizarse y las decisiones se toman de forma asamblearia.

Grupos de consumo ecológico en Extremadura: buenas prácticas

En la ciudad de Plasencia funciona un grupo de consumo en el que participan 116 personas que desde hace un año han tomado el relevo a un grupo que existió con anterioridad, Verdolaga, y que funcionó durante otros 10. Juan Carlos Herrero es una de esas personas que apuesta por esta filosofía de consumo. De esas 116 personas, 20 producen frutas, verduras, huevos, miel o carne, además de mermeladas, conservas vegetales e incluso se ofrece comida para llevar, todo ello de producción local cercana a la ciudad. A través de un grupo de mensajería instantánea se realizan los pedidos y todos los martes se hace el reparto. “Está creciendo bastante el interés en cuanto a una alimentación saludable y por fin está calando, ahora hace falta consolidar a clientes no continuos”, explica Juan Carlos.

De Plasencia nos vamos hasta La Vera, donde El Berenjenal lleva 10 años funcionando en clave rural. “Somos un grupo de amigas y amigos que vivimos en La Vera y pensamos que consumir fruta y verdura a nivel local y en ecológico podía ser factible, y así nos juntamos y pusimos en marcha el grupo”, recuerda María Luisa Yuste Salazar, socia de El Berenjenal. Empezaron 15 unidades de consumo (número de pedidos) y ahora son 23. Cada una de ellas se encarga de gestionar el pedido de un determinado producto, compartiendo así responsabilidades, y se realiza a través de aplicaciones informáticas. Si en un grupo de consumo urbano la confianza entre quien consume y quien produce es alta, aquí es máxima puesto que “nos vale con la palabra dada de que tu producto es ecológico porque sé que tienes una tierra donde por ejemplo produces naranjas sin pesticidas”, señala María Luisa. Además, “la mayoría de quienes consumen son a su vez  productores”, algo que no suele ocurrir en un grupo de consumo urbano.

José María Araujo Tena, Chemo para sus amistades, convirtió su afición en su profesión. Investigador sobre el desarrollo rural sostenible y la agroecología, tras quedarse en desempleo, comenzó hace cuatro años un proyecto piloto de huerta ecológica en Arroyo de la Luz, cerca de Cáceres. Formaba parte de uno de los dos grupos de consumo que existían en aquel momento como consumidor. Pero pronto pasó al otro lado, al de quién abastece de alimentos ecológicos a esos grupos. Desde Huerta La Mangurria tienen ya su propio grupo de consumo, con 30 familias a las que cada martes o jueves les entrega una cesta semanal con productos recogidos en el mismo día. “Como productor el mayor beneficio es que es una actividad muy gratificante y hemos conseguido poner en valor el trabajo de hortelano, pero también es un reto constante darle vueltas para que la huerta sea eficiente y nos genere un sueldo digno”, señala Chemo. Su presencia en Arroyo de la Luz ha animado a otras personas productoras a seguir sus pasos: “también la clientela se acostumbra a comer productos de temporada y por nuestra parte hemos ido adaptando la producción a los gustos de esa clientela”, destaca Chemo.

Existe una gran variedad de producción ecológica. Prácticamente
cualquier producto se puede cultivar o producir bajo este prisma. En Badajoz, también se realizan encargos de aceite de oliva, cosmética, productos de higiene o de limpieza del hogar que tienen una periodicidad mensual o trimestral, en función de la demanda. La organización de ECOBA, la Asociación de Consumo Ecológico de Badajoz, se realiza a través de un blog donde los productores y productoras, que se encuentran a no más de 50 kilómetros de la ciudad, exponen el fin de semana los productos disponibles y sus precios, y hasta el martes se realizan los pedidos que se entregan todos los miércoles por la tarde. “No tenemos la necesidad de consumir kiwis que recorren 2.000 kilómetros cuando los tenemos a 20”, recuerda Joaquín Agamas, Presidente de ECOBA, para señalar que el gasto energético y el concepto de justicia social son los que movieron los inicios de ECOBA, que surgió hace 10 años y a día de hoy cuenta con más de 100 personas socias.

¿Quién forma parte de los grupos de consumo ecológico?

El perfil de las personas que forman parte de los grupos de consumo ecológico es heterogéneo, si bien hay un alto porcentaje de personas de renta media-alta y con estabilidad laboral. Además, cada vez más “gente joven con hijos e hijas y cierta sensibilidad social se preocupa por proporcionar otro tipo de alimentación a sus familias y apoyar la agricultura de cercanía” señala Beatriz Fadón, con más de 15 años de experiencia en el sector y Presidenta de Red Calea, una entidad que trabaja promoviendo el desarrollo de estrategias para impulsar la agricultura ecológica como una alternativa real en el campo extremeño. Además, un porcentaje importante de las personas que se acercan a los grupos de consumo ecológico lo hacen por motivos de salud o por su concienciación en el respeto al medio ambiente (aquí Beatriz nos recuerda que las prácticas agrícolas en cultivos ecológicos benefician la absorción del dióxido de carbono).

El papel de los grupos de consumo ecológico

“Quien consume en un grupo de consumo ecológico es una pieza clave para la recuperación de semillas porque también decide qué se siembra en la huerta, existe un feedback constante y tiene mucha fuerza”, afirma Ester Rodríguez García, integrante de la Red de Semillas de Extremadura. Esta red se creó hace nueve años con el objetivo de conservar las variedades de semillas locales de Extremadura, variedades antiguas de las que no se ha realizado una selección, “consideramos que las semillas son un bien común”, determina Ester. “La variedad local está muy ligada a la producción ecológica y a las personas de los grupos de consumo le gustan más las variedades locales, tradicionales”, asegura. La red tiene un proyecto piloto con Hortolab, el inicio de un reto: hacer un banco vivo de semillas con el que reproducir y renovar semillas año a año. Sin duda, un paso importante frente a la inquietante noticia de final de verano de la unión empresarial entre la farmacéutica Bayer con el agronegocio de Monsanto, que supondrá que sólo cuatro firmas controlen la producción de semillas en todo el mundo.

Por otro lado, los grupos de consumo ecológico pueden llegar a desempeñar un papel dinamizador de la economía. La demanda que no puede ser cubierta por los grupos puede suplirse con las tiendas especializadas en venta de productos ecológicos, cada vez más frecuentes en todas las ciudades extremeñas. Incluso gracias a la existencia de los grupos de consumo ecológico “se presenta una oportunidad a medio plazo para quienes producimos, ya que podemos ofrecer nuestra producción a las fruterías de barrio que están tendiendo a proveerse de alimentos locales y ecológicos ante la demanda de la sociedad” señala Chemo.

Actividades divulgativas

Los grupos de consumo ecológicos en Extremadura son mucho más que un acto de compra y venta, son una apuesta por otro mundo más justo y sostenible. En esa apuesta los grupos realizan una actividad pedagógica, educativa y divulgativa fundamental para afianzar y difundir el conocimiento sobre el consumo ecológico. Chemo organiza dos veces al año visitas a su huerta. En Plasencia la intención es ofrecer servicios de restauración en determinados eventos, y en Badajoz organizan charlas y talleres. Un ejemplo de ello fue la jornada de producción ecológica y mercado de intercambio de productos, organizada por ECOBA el pasado 21 de septiembre, donde se abordó la agricultura ecológica, el potencial de las plantas medicinales y se realizó un taller de elaboración de pan, todo ello a cargo de las socias y socios del grupo de consumo pacense.

Retos del consumo ecológico

“El gran reto es convertir este modelo de consumo en algo cotidiano y generalizado”, afirma Beatriz Fadón. “Extremadura tiene unas características buenísimas para convertirse, de hecho lo fue en algún momento, en una región avanzada en lo ecológico y los grupos de consumo tienen un papel fundamental para apoyar a los pequeños agricultores y fijar población”, destaca Beatriz. Pero tenemos el reto de garantizar a quienes consumen un volumen, una regularidad y una variedad similar a la que puedan encontrar en el mercado convencional. A su juicio también falta que se consolide la fidelidad de los consumidores y consumidoras y darle solución a la complejidad normativa de ciertos productos como la carne.

A nivel externo, el papel de la administración pública como facilitadora de una producción y un consumo ecológicos no está siendo el esperado por el sector. Las ayudas regionales se limitan a la ganadería, pero no van dirigidas a la horticultura ecológica. “Los políticos saben que los grupos de consumo ecológico existimos pero no nos ayudan, sólo legislan para limitar pero no se les ocurre impulsarlos y esta mentalidad tiene que cambiar por completo. Tienen que darse cuenta de que se apoya el microempleo cuando se consume ecológico”, explica Chemo como productor. Para después poner en valor iniciativas de administraciones locales que sí han apostado por la producción ecológica como en los municipios de Carcaboso y Saucedilla en la provincia de Cáceres y Mengabril en la de Badajoz, donde se han impulsado huertas municipales ecológicas.

Superando estos retos y siguiendo la senda de las buenas prácticas, se podrá ir revirtiendo la paradoja de que más del 90% de la producción ecológica de Extremadura se exporte y no se consuma en la propia región.


Elizabeth Masero Visiga es periodista y técnica de proyectos de la delegación en Extremadura de Paz con Dignidad.

Artículo publicado en el nº71 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2016.


Print Friendly, PDF & Email

Un pensamiento en “Productos del campo a la mesa: una cadena local y ecológica cada vez mejor engrasada en Extremadura”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *