Claves para una solidaridad con mayor capacidad de incidencia en el conflicto del Sáhara Occidental

A la hora de plantear una posible estrategia de la acción solidaria con el pueblo saharaui merece la pena establecer, al menos en cierta medida, los parámetros en los que se desarrolla últimamente la lucha por la autodeterminación del Sahara Occidental y examinar la capacidad actual tanto de la acción solidaria como de las propias organizaciones saharauis. Este artículo sólo pretende contribuir a la reflexión profunda y animar el intercambio entre los actores que citaré a continuación, para generar espacios en los que podamos compartir análisis y conclusiones como base de las nuevas propuestas de acción que vienen reclamándose desde hace mucho tiempo.

El mal llamado Plan de Paz

Desde una óptica externa, está claro que la estrategia puesta en marcha hace casi 30 años para solucionar el conflicto a través de la ONU ha sido un fracaso. El alto el fuego, el despliegue de la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental), el proceso de identificación de votantes, los acuerdos de Houston, el Plan Baker II, las conversaciones de Manhasset o la actual diplomacia itinerante de Christopher Ross, aunque han supuesto avances importantes para la diplomacia saharaui y han contribuido a un cierto bienestar y estabilidad de la población saharaui en los campamentos, paralelamente han arrojado un penoso balance de frustración y es que el inmovilismo de la comunidad internacional y la intransigencia de Marruecos ha dejado en evidencia que las organizaciones internacionales, al igual que la inmensa mayoría de los gobiernos, operan más de acuerdo con sus intereses estratégicos y económicos que en base a principios éticos, como los de derechos, la justicia o la demanda social.

Durante estos años, la política del Consejo de Seguridad (CS), impulsada principalmente por Francia, España y Estados Unidos, ha consistido en tratar el problema como un asunto de desacuerdo entre dos partes, el Frente POLISARIO y Marruecos (lo que correspondería al capítulo VIII de la Carta de las Naciones Unidas) en lugar de aceptar la realidad de una ocupación ilegal del territorio y actuar en consecuencia (capítulo VII de la Carta). Esta es la razón por la que en las sucesivas resoluciones del CS aparezca un reiterado llamamiento a “lograr una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable, que prevea la libre determinación del pueblo del Sahara Occidental”, algo así como la cuadratura del círculo en versión diplomática. En la práctica se trata de alargar hasta el infinito el actual statu quo caracterizado por la ocupación y el expolio ilegal del territorio, la discriminación y represión de la población autóctona, el exilio de cientos de miles de saharauis y la inacción de la comunidad internacional justificada con el falso argumento de preservar la colaboración de Marruecos en la lucha contra el terrorismo yihadista y el control de la inmigración ilegal.

Cabe insistir en que no es una fórmula propuesta ni defendida por el Frente POLISARIO pero, al margen de su evidente inutilidad, el Frente ha transmitido la sensación de no oponerse frontalmente a la misma y de aceptar globalmente el programa de la ONU, bien porque no veía una alternativa real, bien a la espera de una correlación de fuerzas más favorable en el CS. Esto ha hecho que sean cada vez más las voces, tanto en los campamentos como en los territorios ocupados (TTOO), y especialmente entre la juventud, que reclaman una estrategia más autónoma y una acción más contundente. Esto incluye, por supuesto, al sector que siempre ha abogado por mantener la lucha armada y que va ganando, día a día, en adeptos y legitimación.

El movimiento de solidaridad internacional

Este grado de desconcierto y desencanto también se ha ido trasladando a los grupos e instituciones hasta ahora más activos en la solidaridad con el pueblo saharaui.

Si hubiera que caracterizarla diríamos que durante muchos años la estrategia solidaria pasaba por apoyar al pueblo saharaui con ayuda humanitaria y cooperación al desarrollo, acompañadas por acciones de protesta y presión política, pero confiando el grueso de la acción política al Frente POLISARIO quien, a su vez, desplegaba (especialmente en el estado español) un importante contingente diplomático de carácter eminentemente institucional. En el seno del movimiento la discusión se ceñía a la primacía de las acciones reivindicativas frente a las cooperativas o al papel más o menos relevante de los agentes institucionales, partidos políticos, etc. frente a las asociaciones y organizaciones de base. La consolidación de la RASD (República Árabe Saharaui Democrática) y la situación en los campamentos de refugio constituían el discurso vertebrador del conjunto.

Pero desde el estallido de la Intifada en 2005 y, sobre todo, desde el levantamiento y desmantelamiento del campamento de Gdeym Izik en 2010, el foco de atención se ha desplazado progresivamente hacia los TTOO y a los diversos grupos que ponen cara a la resistencia activa a la ocupación. Algunas de las características de esta resistencia serían: el papel protagonista de la juventud y de las mujeres; la capacidad para implicar a grupos y organizaciones, tanto a nivel estatal como internacional, que hasta ahora se mantenían un tanto al margen de la acción solidaria con el Sahara Occidental; cierta espontaneidad organizativa que, a veces, parece chocar con la rigidez del Frente POLISARIO; y el surgimiento de figuras mediáticas de referencia, como Aminetu Haidar.

Sin embargo, ni la movilización en los TTOO, ni la solidaridad que esta ha generado, han supuesto la ruptura del impasse que impone la política conjunta de España, Francia y Estados Unidos. Eso sí, un nuevo discurso basado en el respeto a los derechos humanos ha servido para relanzar la cuestión del Sahara Occidental más allá de los parámetros políticos tradicionales y ha llegado, incluso a poner en riesgo la unanimidad mostrada en el CS por el mal llamado “Grupo de Amigos del Sahara Occidental”[1] el encargado de fijar el contenido de las resoluciones del Consejo al respecto.

Al contexto general hasta ahora descrito habría que sumar los vaivenes políticos de los países que juegan un papel importante en el conflicto. En este sentido, la estabilidad representada por el apoyo incondicional de Argelia al derecho de autodeterminación y en sentido contrario por el régimen bipartidista español puede verse modificada por los procesos políticos en marcha en ambos países. A esta incertidumbre podemos añadir la de las próximas elecciones presidenciales en EEUU y Francia.

La solidaridad en el estado español

Pero no son sólo factores externos los que condicionan las acciones y estrategias del movimiento solidario. Sin ánimo exclusivo, me limito ahora a presentar un esbozo del panorama de la solidaridad con el Sahara Occidental en el estado español ya que es aquí donde se concentra el mayor esfuerzo solidario. Entre otras podríamos incluir:

  • Asociaciones y grupos que trabajan prácticamente en exclusiva la cuestión del Sahara Occidental y que se agrupan en la órbita de la Coordinadora Estatal de Asociaciones de Solidaridad con el Sahara Occidental (CEAS-SAHARA), de las que un número importante tienen un ámbito de actuación muy local y cuya labor se centra en uno o varios proyectos anuales de ayuda, principalmente “Vacaciones en Paz”[2] y caravanas de ayuda humanitaria. Unas pocas entre estas priorizan las acciones de sensibilización, movilización o incidencia política frente a las acciones humanitarias o combinan ambas cuestiones y la cooperación al desarrollo. Su atomización, el alto grado de dependencia de las instituciones públicas locales y las distintas relaciones que mantienen con las delegaciones del Frente POLISARIO caracterizan a estos colectivos mucho más que cualquier ideología o una estrategia conjunta que se hace muy difícil identificar.
  • Organizaciones que dedican también exclusiva o preferentemente sus esfuerzos solidarios a la cuestión del Sahara Occidental pero cuya prioridad se centra en la situación política, en particular en la denuncia de la represión en los territorios ocupados y la defensa de sus activistas. Grupos que como Sahara Thawra, surgen, sobre todo, en torno a los acontecimientos de la Intifada y que tienen un público y componente mayoritariamente juvenil. Destacan por su actividad en las redes sociales y las acciones de calle.
  • La sección española de Western Sahara Resource Watch (WSRW), cuya actividad se centra en el análisis y denuncia de la explotación de recursos en el Sahara Occidental; o el trabajo específico de la Asociación Internacional de Juristas por el Sahara Occidental (IAJWS) y de diversos observatorios de Derechos Humanos, podrían conformar un grupo dedicado a aspectos concretos del problema.
  • ONGs y organizaciones que, aunque no en exclusiva, dedican una parte importante de sus proyectos y recursos a apoyar la causa, bien a través de proyectos de cooperación, bien a través de acciones de sensibilización. Sería el caso de la ONG Mundubat.
  • Ayuntamientos y otras instituciones de carácter local o regional como los parlamentos autonómicos que mantienen presupuestos y programas de cooperación y solidaridad a partir de hermanamientos con entidades saharauis o asociaciones locales.

En cada una de las comunidades autónomas las opciones anteriores aparecen más o menos distorsionadas y en combinaciones específicas para cada una, ofreciendo un aspecto muy diverso entre unas y otras realidades.

En cualquier caso, todo lo dicho refiere un panorama algo confuso. Por una parte, la cantidad y calidad de las entidades solidarias sugiere un potencial que no se corresponde en absoluto con la falta de atención que tiene la cuestión tanto en el ámbito político como en los medios de comunicación e incluso en la agenda de los principales agentes políticos y sociales.

Hitos para mejorar la incidencia del movimiento solidario

No sería sensato plantear aquí una batería de propuestas para mejorar esta situación. Al contrario, debe ser el conjunto de protagonistas quien establezca una agenda que, desde mi punto de vista, podría pasar por los siguientes hitos:

  • El establecimiento de una estrategia política clara del Frente POLISARIO para con los organismos internacionales y los estados más relevantes, muy especialmente para con el estado español, que sirva de guía para el conjunto de acciones dirigidas a los mismos. Puede que el XIV Congreso del Frente POLISARIO a celebrar el próximo mes de diciembre sea un marco apropiado pero, en todo caso, no bastan las actuales referencias genéricas; es necesario un mayor grado de concreción y claridad.
  • Consensuar un proceso de discusión entre los diversos actores de la solidaridad (participantes, tiempos, procedimientos…) para la consolidación de un órgano de coordinación capaz de agrupar los intereses comunes y dirigir una serie de acciones políticas conjuntas y transcendentes frente al gobierno español y a algunos organismos internacionales.
  • Establecer un sistema para la contribución de esfuerzos (económicos, humanos y de otro tipo) entre los diversos actores que nos haga sentirnos partícipes de un proyecto común y proporcione eficiencia al órgano de coordinación.
  • Reforzar la coordinación entre las representaciones locales del Frente POLISARIO estableciendo mecanismos sistemáticos de comunicación y discusión interna.
  • Reforzar la coordinación entre la delegación del Frente POLISARO y el órgano de coordinación estableciendo un sistema que asegure una comunicación entre las dos partes fluida, segura y de confianza mutua y que incluya mecanismos para la resolución de posibles diferencias o conflictos.

Nuestro objetivo fundamental es conseguir que el estado español o los organismos internacionales desarrollen un mecanismo político que, en un plazo concreto, culmine en la celebración del referéndum de autodeterminación y el posterior reconocimiento del resultado por parte de la comunidad internacional. Aunque esto último puede requerir de una nueva y larga lucha.


 Jesús Garay forma parte de la Asociación de Amigos y Amigas de la RASD de Araba. 


NOTAS:

[1] El grupo de amigos está constituido por Francia, Rusia, Reino Unido, USA y España.

[2] El proyecto consiste en la acogida de niños y niñas de los campamentos durante los meses de verano. En 2015 4.700 menores saharauis fueron acogidos en el conjunto del estado.

 

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3 pensamientos en “Claves para una solidaridad con mayor capacidad de incidencia en el conflicto del Sáhara Occidental”

  1. Me parecen interesantes las reflexiones de Jesus. Sería conveniente convocar una reunión para compartir inquietudes, entre las personas interesadas y poner propuestas concretas de Acción conjunta sobre la mesa para poder afrontar conjuntamente una Solidaridad activa, efectiva y con unos objetivos concretos con el Pueblo Saharaui que puedanabocar a la celebración del Referéndum YA…!!!.
    No se puede seguir esperando a que se convoque “de mutuo acuerdo con Marruecos”…!. Habrá que celebrarlo!; y luego exigir a la Comunidad Internacional que vaya aceptando los resultados…!

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