El Black Power, ¿más que nunca?

Una ola de racismo parece haber copado titulares después de numerosos incidentes en Europa, el Caribe, África y, sobre todo, Norteamérica. Pero movimientos como Black Lives Matter subrayan que el camino para su erradicación todavía no ha acabado y que la lucha continúa.

1510_desigualdades_africa_Juan_FenderHace poco más de un mes, el 1 de agosto, se celebraba el Día de la Emancipación de los esclavos negros en las antiguas Indias Occidentales Británicas. Un día que cada año marca la fecha del fin de la esclavitud impuesta durante siglos por el colonialismo británico en países como Trinidad y Tobago, Bermudas, Barbados, Guyana o Jamaica. Fue exactamente en 1833 cuando Thomas Buxton presentó en la Cámara de los Comunes de Londres el proyecto de ley de Emancipación que sería aprobado el 1 de agosto de 1834. Ese día, miles de esclavos se convirtieron en hombres y mujeres libres.

Pero no fue tan hermoso. La letra pequeña seguía condenando a todas las personas africanas mayores de 6 meses a seguir bajo las órdenes de sus dueños pasando a denominarse “aprendices” de las diferentes industrias y manufacturas. A esta “nueva” mano de obra prácticamente gratuita se les exigía y forzaba a trabajar de sol a sol y obligados a pagar altos impuestos que los seguían condenando al estatus de esclavo. Así que el 1 de agosto sirve para conmemorar a las víctimas de la esclavitud, para celebrar los logros de las y los africanos emancipados y para reflexionar en qué punto se encuentran los africanos de la diáspora en 2015.

La elección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos en 2008 provocó la euforia en el mundo africano con su campaña de marketing “Yes, We Can”. En el momento de su elección las condiciones eran halagüeñas en todo el continente, los siempre tenidos en cuenta indicadores del PIB crecían, se reducían los índices de mortalidad y aumentaban los de alfabetización, nuevas empresas se creaban y los conflictos se reducían.

Lamentablemente, esto parece haber sido un falso amanecer si se analizan los indicadores sociales. De Ferguson a Baltimore, la policía continúa maltratando a personas afro-americanas que siguen siendo consideradas ciudadanas de segunda clase. La República Dominicana ha retirado la ciudadanía a un total de 250.000 descendientes de Haití. En Israel, judíos africanos de origen etíope han estado protestando contra el racismo abierto al que se enfrentan. Incluso en el continente africano se han anotado ataques xenófobos en Sudáfrica, o ataques violentos en Mali, Libia, Sudán del Sur o la República Centroafricana.

Sin embargo, en este punto de la historia están siendo muchos los y las africanas o con orígenes en África las que luchan y crean nuevos movimientos de masas muy activos en las redes sociales como “I Can’t Breathe”, “Black Lives Matter” o “I Am An African”. Los lemas utilizados por los nuevos movimientos también reflejan la complejidad de esta nueva corriente de ataques racistas. Hace veinte años las consignas se habrían dirigido contra el racismo blanco y sus estructuras de poder pero cada vez los movimientos detrás de las consignas están más matizados.

Reconocen que, incluso liberados nominalmente, las estructuras de poder negro pueden reproducir lo peor del viejo orden colonial y esclavista. Obama es el primer presidente negro pero las fuerzas de seguridad de Estados Unidos siguen reproduciendo el racismo. Los africanos están en el gobierno de Sudáfrica, pero la xenofobia persiste. Y así un largo etcétera.

El Estado de la cuestión en Norteamérica

El partido Republicano y sus medios de comunicación afines están tratando de satanizar al movimiento “Black Lives Matter” (Vidas negras importan) como si fuera un movimiento inflamatorio contra los blancos sin ningún tipo de trasfondo por los derechos civiles. Por ejemplo, la gobernadora de Carolina del Sur, Nikki R. Haley, los criticaba a finales de agosto duramente. Los pasos eran los mismos que siguió el candidato presidencial republicano Scott Walker de Wisconsin al declarar que “estoy alarmado por la tendencia preocupante de policías asesinados en el trabajo y por el aumento de la retórica anti-policial que ha acompañado el tiempo del presidente Obama en el cargo”.

Algo parecido se traducía de las palabras del candidato republicano por el Estado de Kentucky, Rand Paul, quien afirmaba que: “Creo que deberían cambiar su nombre, tal vez a ‘todas las vidas importan’ o ‘las vidas inocentes importan’”. El antiguo gobernador de Arkansas Mike Huckabee llegó a expresar hace unos días que si Martin Luther King estuviera vivo estaría horrorizado por el calado que está adquiriendo el movimiento “Black Lives Matter”: “Cuando escucho a la gente gritar estas señas pienso, por supuesto que sí. Pero todas las vidas son importantes. Ninguna vida es más importante que otra”.

Estos argumentos revelan una indiferencia inquietante o en el mejor de los casos, una profunda ignorancia de la historia en general, y del movimiento de los derechos civiles, en particular. Desde los orígenes del movimiento, los y las activistas se centraron en poner fin a la violencia contra las personas afroamericanas y los actos de racismo que eran sancionados por el Estado. Su principal objetivo era el de unir a los y las afroamericanas que estaban siendo asesinadas con impunidad por delitos como tratar de votar y que tenían derecho a la vida y a la igualdad de protección ante la ley. Efectivamente, el movimiento buscó una llamada a la cruzada racial para describir la muerte y la desestructuración a la que estaba siendo sometida la población negra. Porque eran personas negras las afectadas.

Son muchos los casos y leyes racistas promulgadas no hace mucho en los Estados Unidos e imágenes para la memoria colectiva que los aspirantes republicanos parecen haber olvidado por un brote de amnesia repentina y cabalgante. Corría el agosto de 1963 y el reverendo Luther King levantaba el puño ante 250.000 personas en el Lincoln Memorial de Washington para recitar uno de los discursos más famosos de la historia: “¡Hoy yo tengo un sueño! Yo tengo un sueño que un día en Alabama, con sus racistas viciosos, con su gobernador con sus labios goteando palabras de interposición y nulificación, un día allí en Alabama los pequeños negros, niños y niñas, podrán unir las manos con pequeños blancos, niños y niñas, como hermanos y hermanas”.

Un año después, en 1964, también en verano, miles de activistas por los derechos civiles con pantalones de campanas, chalecos de punto, pelos afros, blancos y negros, llegaban a Misisipi para una campaña de registro de votantes. Fue conocido como el Verano de la Libertad. La lucha no había hecho más que comenzar. Al reverendo, sin embargo, le apagarían rápido su voz. Fue abatido por un disparo en la cabeza el 4 de abril de 1968, en Menphis. Muchas personas han alzado la voz como él. Y muchas han perecido también en este intento siempre silenciado de mostrar cómo el sistema capitalista se basa en una lucha de clases desiguales.

De esta forma, el movimiento “Black Lives Matter” tiene un mensaje pacificador y al mismo tiempo hiriente: la ley no es igual para todos y todas, y la ciudadanía negra ha sido –durante mucho tiempo de la historia reciente– propensos a la muerte a manos de la policía blanca. Los y las manifestantes que gritan el eslogan en Ferguson o en cualquier otra latitud de los Estados Unidos parecen reproducir una filosofía no lejana a la del Ohio de 1964.

Una solución africana: el regreso a “casa”

No se trata de hacer mutis por el foro ante la violencia xenófoba que tiene lugar en el siglo XXI pero el ejemplo es cuanto menos inspirador. Ghana se ha convertido en el primer país del África subsahariana en hacer una ley en la que se favorece el derecho de residencia a los ciudadanos y ciudadanas extranjeras que tengan ascendencia africana. Según estimaciones de 2014, más de 3.000 personas afroamericanas y ascendencia caribeña viven en Ghana, un país de unos 26 millones de personas. De manera que después de 58 años de independencia se ha convertido en el destino preferido para la diáspora que buscan un hogar espiritual y una conexión ancestral en África. Sin embargo el proceso de obtención de un estatus de residente permanente es largo.

Ghana, desde cuyas costas partieron al menos 15 millones de africanas y africanos esclavos (las estimaciones varían mucho en función de las fuentes), ha invitado a sus descendientes en la diáspora a regresar a casa. El país ha tenido una larga historia, desde los días en el que su primer presidente, Kwame Nkrumah, fomentara el retorno de las personas de ascendencia africana para ayudar al desarrollo del continente. Recientemente (2014), el presidente John Dramani Mahama creó una Oficina de Asuntos de la Diáspora en el marco del Ministerio de Relaciones Exteriores para proporcionar un vínculo sostenible y lograr las metas de desarrollo e inversión.


Sebastián Ruiz es periodista e investigador especializado en medios de comunicación y cine en el África subsahariana. Doctorando por la Universidad de Sevilla. Coordinador de la sección Cine y Audiovisuales en el portal sobre artes y culturas africanas www.wiriko.org. Forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate. Actualmente reside en Nairobi (Kenia).


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