México, ¿hasta cuándo?

No se mata la verdad matando periodistas

Este verano decidí emplear horas libres a indagar sobre las redes de trata y violencia sexual comercial. Eso, inevitablemente, me llevó a devorar con pasión y dolor el trabajo de la periodista Lydia Cacho. El último libro que leí suyo fue ‘Memorias de una infamia’, en el que la periodista detalla cómo fue su lucha contra el miedo que implica denunciar en el México actual un caso de corrupción contra uno de los empresarios más poderosos, aun siendo el objeto de la denuncia un caso tipificado como delito: la pederastia.

Terminé el libro, cerré los ojos y me imagine un México libre de miedo, de violencia, amargura y represión. Como sería ese México en el que las y los periodistas pudieran expresar libremente todos sus pensamientos, compartir todas esas imágenes llenas de colores, de vida, y publicar todas sus propuestas de cambio desde las que imaginan un país libre de corrupción. Pero la realidad de México queda fuera de los márgenes de la realidad, lo inimaginable ocurre y ese instante de cotidianidad se convierte en una noticia, en una mala noticia. Esa noticia volvió a ocurrir este fin de semana, ocupando gran parte de las noticias de la sección internacional. Desde lejos hemos leído como cinco personas han sido asesinadas en un México en el que el periodismo se vuelve a teñir de negro.

De nuevo el nombre de un periodista ha sido el que más ha resonado en todas las cabeceras y noticias, sección internacional, a lo largo de este fin de semana. Dicen que fueron a por él por ser periodista y por denunciar con fotografías un caso de corrupción, una vez más. Pero, ¿qué hay de las otras cuatro personas asesinadas con él? Todas ellas mujeres. Silencio. Un sábado en la noche, en una zona céntrica del gran Distrito Federal, en un edificio acomodado en el que las cámaras de vigilancia estaban averiadas… Ha vuelto a ocurrir. Una vez más, periodistas; una vez más, mujeres. Miles de personas han salido a las calles a denunciar lo ocurrido. Una vez más, la lista se vuelve larga: Regina Martínez, Moisés Gregorio, Armando Saldaña… ¿cuál será la última gota que hace rebasar el vaso? ¿Cuál será el último nombre por el que nos manifestemos?

“Hay que seguir trabajando, denunciando y ejerciendo el periodismo para que sus muertes sirvan, para saber que es posible”. Lo repiten entre lágrimas periodistas mejicanas y tiemblo porque no soy capaz de imaginar el miedo que recorre su cuerpo cada vez que publican una noticia, cada vez que desean denunciar un acto de corrupción y el temor les paraliza. Lydia Cacho, en el blog Aristegui Noticias, se pregunta si realmente vale la pena asumir el riesgo, vivir con el miedo a que te maten, por desvelar una tropelía más en un país de indignos gobernantes. Me pregunto lo mismo cuando pienso lo duro que es ejercer el periodismo en el México querido.

Siempre he creído que el periodismo debe ser la profesión más libre que pueda existir; por eso admiro a todas las personas que son capaces de llevar este pensamiento a la práctica, día a día, enfrentando sus miedos desde diferentes lugares del mundo, denunciando atrocidades, evidenciando realidades que hablan de verdades, de esas que resultan tan incómodas que sirven como pretexto para la muerte. Pero para lo que estos clientes de la muerte no están preparados es para saber que el trabajo que cada periodista que ellos asesinen es una semilla que se expande por todo el mundo y que permite conocer cuál ha sido ese secreto descubierto, ese secreto por el que tanto han sido capaces de hacer o de mandar hacer. En muchos rincones del mundo se conoce hoy el trabajo en detalle de periodistas asesinadas por contar la verdad, por tratar de mejorar un país o, al menos, hacer cambiar a esas personas que cada día, con el mal uso de su poder, convierten la tierra mejicana en una tierra fértil para la muerte.

Como bien retruena en todo México, no se mata a la verdad matando periodistas. Y ello, de nuevo, ha quedado bien claro, porque ahora más gente sabe en todo el mundo por qué siguen matando periodistas en México.


Rene Salhas es periodista.


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