24-M: Algo más que unas elecciones municipales

La visceral, desproporcionada y sistemática reacción del aparato mediático del régimen ante el affaire Zapata no deja lugar a dudas: las elecciones municipales del pasado 24 de mayo han supuesto la primera confirmación, fuera del etéreo y siempre manipulable mundo de las encuestas, de que la hegemonía del constructo ideológico vinculado al bipartidismo y la ransición del 78 está siendo objeto de un cuestionamiento social y ciudadano sin precedentes en la historia reciente del Estado español. No habiendo transcurrido ni 24 horas desde las tomas de posesión en los ayuntamientos, el asedio y la estrategia de desgaste frente a las posiciones ganadas a través de las distintas formas de articulación de candidaturas vinculadas a la defensa de los derechos de las mayorías se pusieron en marcha con la precisión de un reloj suizo.

La intensidad de esta reacción obedece y corre en paralelo al grado de erosión que las instancias tradicionales de poder han sufrido en este proceso electoral. Durante los últimos cuatro años, y en un contexto quizá singular o diferenciado, la estrategia de cerco mediático que en distintos municipios de Gipuzkoa se ha vivido frente a los intentos de EH Bildu por llevar a cabo propuestas alternativas en materia de tratamiento de residuos nos ha venido dando algunas pistas sobre la magnitud que puede llegar a alcanzar la respuesta de un poder que siente temblar el suelo bajo sus pies, siquiera parcialmente.

En cualquier caso, el éxito de las candidaturas de unidad popular en ciudades como Madrid, Barcelona, A Coruña, Santiago de Compostela o Zaragoza constata la existencia de un espacio político contrahegemónico en ascenso, que supone la consolidación de ámbitos de poder institucional cada vez más abundantes e importantes, traduciendo en términos políticos la movilización social que ha canalizado en los últimos años el rechazo ciudadano a las consecuencias de la crisis-estafa.

La cercanía en el tiempo con las elecciones generales invita a pensar en la apertura de una ventana de oportunidad como no se había visto en décadas para el avance de posiciones de ruptura efectiva con el modelo neoliberal que, en nuestro contexto, tiene dos expresiones fundamentales: el sistema político emanado de la Constitución del 78 y la Unión Europea. Sin duda, la forma y fondo que deberá adoptar la candidatura que enfrente este reto serán objeto de un intenso debate en los tiempos que vienen, pues estamos ante una cuestión de vida o muerte para amplios sectores de la población, que ven con perplejidad cómo se les priva de derechos fundamentales conquistados.

Por otra parte, el entusiasmo despertado por los triunfos alcanzados el 24-M no debe suponer un abandono de los espacios de movilización articulados a lo largo de los últimos años. No podemos olvidar que los triunfos de hoy son consecuencia directa de las luchas en la calle, que han ganado para la transformación social espacios cada vez más amplios del discurso público socialmente aceptado. El caso de Ada Colau es sumamente ilustrativo a este respecto. Además, los retos y, por qué no decirlo, las amenazas que se ciernen sobre los nuevos procesos (los ya existentes y los que pudieran venir en el futuro cercano) hacen de la movilización permanente en defensa de las posiciones ganadas una exigencia insoslayable, como demuestra el caso griego y su pugna frente a una Troika que, podemos decirlo  claramente, no busca tanto la defensa de los derechos de los acreedores del país heleno como una derrota política de las posiciones defendidas por éste. Por tanto, como reza la consigna: ¡un pie en las instituciones y mil en las calles!


Editorial del nº66 de Pueblos – Revista de Información y Debate, tercer trimestre de 2015.


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