Más allá de Boko Haram

Nigeria: dinamita en las urnas

Nigeria, la primera economía del continente, celebra el 14 de febrero las elecciones presidenciales en un clima de terror por Boko Haram y el desconcierto internacional. En juego, el control del país más poblado en el continente africano, de sus recursos y del destino de más de 173 millones de personas.

Todavía resuena en las redes sociales la campaña con millones de seguidores de #BringBackOurGirls (en realidad, un grito de protesta de la sociedad civil y no de las celebrities) donde más de 200 niñas fueron secuestradas por la banda fundamentalista de Boko Haram en Chibok (norte del país). Una primera dama, Patience Jonathan, implorando la intervención extranjera, y un presidente, Goodluck Jonathan, que buscaba sombra bajo la metáfora de su siempre sombrero negro. Oscuro.

Detrás, queda la marca Nigeria. Desgastada, desdibujada y desprovista de cualquier serenidad aparente en los medios internacionales. Un país que desde lejos se presenta borroso y difícil de explicar a los ojos contaminados de sobreinformación. Una nación dentro de varias realidades y poderes donde los de casa buscan cobijo fuera y los de más allá (léase Estados Unidos) aprovechan la parte del pastel negro: petróleo y dólares. Y en unas semanas, en juego el sillón presidencial y unos 173 millones de vidas (según datos del Banco Mundial). Porque al final, todo se reduce a esto: vidas.

El próximo 14 de febrero Nigeria decidirá el futuro de su nación. Y más allá de las incertidumbres provocadas por el terror, los datos. Nigeria es el país más rico de África según las informaciones que coparon las portadas nacionales e internacionales por delante de la que, hasta entonces, había sido el motor del continente: Sudáfrica.

Nigeria es uno de los países más vivos culturalmente. Prueba de ello es que su industria cinematográfica (Nollywood) está considerada la segunda del mundo en niveles de producción por detrás de la de la India (Bollywood) y por delante de Hollywood. Por poner también el foco en el necesario campo literario, varios nombres han servido de bandera a esta nación: Wole Soyinka, primer africano en recibir el Nobel de Literatura (1986); Chinua Achebe, considerado el padre de la literatura contemporánea nigeriana, que falleció en 2013, o la actualmente aclamada Chimamanda Ngochi Adichie, que forma parte de una nueva generación de autores nigerianos.

Nigeria es también uno de los estados africanos más dinámicos a nivel de telecomunicaciones: en el año 2000, Internet World Stats contabilizó unos 200.000 usuarios; las últimas cifras son de 2011 y se estimaron unos 45 millones.

Pero Nigeria también es uno de esos países donde el despropósito del sistema-mundo se hace presente en todo su esplendor. La Oficina Nacional de Estadísticas dijo que en el 2010, el 60,9% de los nigerianos vivían en la pobreza absoluta. Y la cifra ha ido en aumento ya que la estimación en el 2004 fue de un 54,7%. La otra cara de la moneda tiene que ver con el petróleo. Nigeria es el mayor productor de África lo que ha atraído a una de las tasas de multimillonarios más elevadas del mundo (dos de los cinco top millonarios africanos son nigerianos y hombres). Dos ejemplos para ilustrar. Porsche abría en 2012 en Nigeria su segundo concesionario en el continente tras Sudáfrica, esperando unas ventas anuales de 300 deportivos que rondan entre los 95.000 y 140.000 euros. El otro caso es el proyecto Eko Atlantic City, la construcción de una auténtica ciudad paralela a Lagos, que pretende anidar a un cuarto de millón de personas, en su mayoría, multimillonarios.

Algunas claves para entender las elecciones del 14 de febrero

La tradición marca que las elecciones en el país son reñidas, aunque la cita del 14 de febrero venga precedida de riesgos de violencia particularmente altos. Estos serán los primeros comicios nacionales esencialmente entre dos facciones desde el retorno de un gobierno civil en 1999: el partido del actual gobierno, el Partido Popular Democrático (PPD) y el de la oposición, Todos los Progresistas del Congreso (APC), formado en 2013 por una fusión de los cuatro partidos de la oposición más grandes.

Al igual que en los enfrentamientos de 2011, la situación podría repetirse en algunos estados del norte si el APC, cuyos principales candidatos son todos los norteños, pierde las urnas. Aunque existe igualmente un alto riesgo de violencia si el PPD pierde la presidencia, en particular en el delta del Níger, la región de origen del presidente Goodluck Jonathan.

La insurgencia Boko Haram y el estado de emergencia en Borno, Adamawa y Yobe podrían impedir la votación en partes de los estados del noreste. Si esto ocurre, la oposición de APC, que tiene muchos seguidores en los estados del norte, podría perder un número significativo de votos y rechazar el resultado de las elecciones presidenciales cuestionando la legitimidad del gobierno electo. Igualmente preocupante es el aumento de la disponibilidad de armas de fuego, el aumento de la violencia entre comunidades en el norte desde 2013 y la profundización de la criminalidad en el delta del Níger.

Resumiendo: la presidencia del país en 2015 será para aquél partido que controle la mayoría de los 36 gobernadores de los estados de Nigeria. Si no se consigue en una primera vuelta, el desempate en una segunda vuelta sería un evento histórico bajo el actual sistema electoral de Nigeria.

Porque no todo es Boko Haram. Breves apuntes sobre el Islam en Nigeria

Últimamente se habla mucho del Islam. Es casi un imperativo informativo debido a los casos de extremistas que han perpetrado crueles ataques en Nigeria y, más recientemente, en París. Pero la distinción se vuelve también imperativa: de un lado, unos pocos extremistas y, del otro, el 90% del resto de musulmanes. No entra en el debate, por lo tanto, que el Islam sea o no una religión de paz.

Con una población estimada de 173 millones de personas, por lo menos la mitad, con toda probabilidad, son musulmanes, el 40% son cristianos y en torno a un 10% profesan su fe a dioses locales. El Islam ha estado continuamente presente en lo que es la actual Nigeria, al menos desde el siglo XI, cuando los primeros gobernantes musulmanes del reino de Kanem (más adelante sería llamado Borno) se convirtieron a la religión. Fue también en el norte donde tuvo lugar un acontecimiento trascendental: el movimiento reformista liderado por Dan Fodio y el posterior establecimiento del califato de Sokoto, afectando profundamente las dinámicas culturales y políticas de la religión en toda la subregión de África Occidental.

Estas raíces, combinadas con la importancia demográfica, económica y política del país, ha hecho que el Islam en Nigeria tenga una vitalidad cultural y social inequiparable a cualquier otro lugar al sur del Sahara. Fue también en Nigeria, más precisamente en Kano, en los años 1950 y 1960, que el movimiento sufí más genuinamente transnacional de África del siglo XX, el Fayda Tiyaniyya del senegalés Sheik Ibrahim Niasse, estableció su capital simbólica (‘asimat al-Fayda). Un par de décadas más tarde se estableció Izala, probablemente el movimiento mejor organizado y dinámico de reformismo de inspiración salafista en el África occidental. Las muertes, incomprensiones y convulsiones que estos movimientos desencadenaron son otro capítulo de la historia del país.

Y es en Nigeria que, en los últimos años, uno de los grupos extremistas más violentos conocidos por su apodo en lengua hausa Boko Haram (“la educación no islámica está prohibida”) ha desatado el pánico con más de 7.000 muertes a sus espaldas. Secuestros, ayudas de otros grupos terroristas o los lazos con algunos políticos nigerianos ha hecho que, también, Boko Haram se convierta en un negocio.

El lamentable mutis por el foro de los refugiados nigerianos

Tras la violencia en muchas zonas del norte unida, a los ataques de Boko Haram, son muchos los nigerianos que se han visto obligados a desplazarse. Más de 4.000 personas han buscado refugio en Camerún desde mediados de enero, mientras que unas 1.500 personas han huido a Níger. Con esta nueva afluencia, en la actualidad hay unos 12.428 refugiados nigerianos en Camerún, según las autoridades locales del país. De ellos, unos 2.183 hasta el momento han sido trasladados a un campamento de ACNUR en Minawao, a 130 kilómetros al interior. Junto con los organismos asociados, la Agencia de la ONU para los Refugiados está proporcionando a los refugiados vivienda, servicios de salud, saneamiento, educación, alimentos y otro tipo de ayuda.


Sebastián Ruiz (Bujumbura, Burundi).


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