De Michelle Bachelet en Guatemala

Me pregunto si después de la reunión que sostuvo a finales de enero Michelle Bachelet, presidenta de Chile, con Otto Pérez Molina, presidente de Guatelama, la llevaron ante Maximón a hacerse "una limpia", porque era sumamente necesaria. Requiere valor dar la mano y conversar con un genocida que no sólo ha evadido la justicia sino que además desde una presidencia dirige bandas criminales que tienen un país sumido en la pobreza y el terror, como una dictadura militar.

Una limpia con agua florida y ruda, lo mínimo. Esa imagen de una mujer pro justicia y de izquierda, y un perpetrador de crímenes de lesa humanidad de ultraderecha, bien puede estar salida de un cuento de ficción. Fue un enorme privilegio para Guatemala haber tenido la visita de Michelle: aire fresco, ilusión, la claridad de un gobierno que apuesta por avanzar, por el cambio y la inclusión. Años luz separan a Chile de Guatemala: todo lo contrario hace un gobierno que, cual dictadura militar, excluye, intimida, soborna, oprime y estanca el progreso del país. En Chile existe un Nunca Más; en Guatemala, la constante desmemoria colectiva y la negación rotunda del genocidio.

El gobierno de Otto Pérez Molina está desmoronando el país: lo vende, lo calumnia, lo transgrede, lo silencia, lo desmenuza, lo desaparece y lo ha vuelto terror de feminicidios, trata de personas con fines de explotación sexual y esclavitud laboral. Abre las puertas al narcotráfico y le facilita la vías a las grandes mafias del crimen organizado. Echa a patadas a las personas más vulnerables y las obliga a la emigración indocumentada. Beneficia a la oligarquía clasista y de ultraderecha.

El gobierno de Michelle no es perfecto, como no lo son los de Cristina, Maduro, Evo, Correa, Dilma, Mújica y Raúl. Ninguno lo es, pero, ¿qué es perfecto en esta vida? Son gobiernos que apuestan por la independencia absoluta, a ya no ser el patio trasero de Estados Unidos. A ya no dejar a Latinoamérica en manos de oligarcas, de estafadores, de corruptos, de detestables vendepatrias.

Más allá de la generalización del avance en conjunto, del camino bolivariano, en Chile se avance en Derechos Humanos. Se acaba de aprobar la unión civil, lo que representa un enorme avance. Se ha aprobado la reforma del sistema educativo, con lo que existe la posibilidad de que las desigualdades estructurales pasen a la historia. Michelle firma el proyecto de ley para la despenalización del aborto.

Mientras tanto, en Guatemala las escuelas públicas se caen a pedazos, no se paga el salario justo a maestros y maestras, y encima llega con retraso de tres o seis meses. En el Congreso se pretende presentar un proyecto de ley para que el estudio de la Biblia sea obligatorio en las escuelas, pero a ningún pelele se le ha ocurrido presentar un proyecto de ley que vuelva obligatoria la clase de educación física y formación musical. Ni, claro, un proyecto de ley que obligue al gobierno a no faltarle el respeto a la infancia guatemalteca y que facilite los recursos necesarios para que todos y todas puedan acceder a la educación formal.

Mientras que en Chile se lucha por la despenalización del aborto, con el apoyo de la misma presidenta, en Guatemala Otto Pérez Molina ni se mosquea con la cantidad alarmante de niñas violadas y embarazadas producto de violaciones. Aprueba los matrimonios forzados de niñas y, por si fuera poco, se da tres golpes de pecho junto a religiosos y oligarcas para negar rotundamente la aprobación del aborto y las matrimonios entre personas del mismo sexo. Chile avanza; Guatemala retrocede y se hunde con su pueblo sumiso y cómodo.

Es importante el encuentro empresarial que se dio entre Chile y Guatemala, con la visita de Michelle. Pero más importante aún es aprender del pueblo chileno, de su dignidad, su memoria histórica, su unidad, su lucha constante por avanzar en áreas que en Guatemala nunca lograremos si como sociedad seguimos en la indiferencia y la doble moral. Mientras Chile da pasos certeros en cambios estructurales y de relevancia, en Guatemala seguimos negando que hubo genocidio y, cómodamente, con los brazos cruzados, nos conformamos con un gobierno que cada día nos hunde más.

Ojalá un día Guatemala aprenda de países como Chile, Argentina, Cuba, Bolivia, Venezuela, Ecuador, Uruguay y Brasil, que le apuestan al socialismo, a un verdadera democracia, a tener dignidad, identidad, inclusión y memoria histórica. Para ir empezando…


Ilka Oliva Corado, @ilkaolivacorado. Febrero de 2015. Estados Unidos.


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