María Elena Alvarado, activista salvadoreña: “Nos une la denuncia y la construcción de alternativas a un modelo que nos violenta de manera sistemática”

“Mujeres mesoamericanas que actúan en un espacio político diverso, autónomo, articulado en resistencia frente a un sistema capitalista globalizador y patriarcal, definiendo propuestas que fortalezcan la construcción de un proyecto político emancipador”. Así se definen las integrantes de Mesoamericanas en Resistencia por Una Vida Digna, un colectivo que lleva más de diez años en activo y que agrupa a unas cien organizaciones y a más de 16.000 mujeres de seis países diferentes[1].
María Elena Alvarado fotografiada en Barcelona por Sonia Herrera.
María Elena Alvarado fotografiada en Barcelona por Sonia Herrera.

María Elena Alvarado (El Salvador), activista de Mesoameriacanas en Resistencia por una Vida Digna, ha estado de visita en España por vez primera para “socializar” sus conocimientos y aprendizajes en materia de economía feminista. En esta entrevista abordamos el nacimiento de este colectivo y nos acercamos al que es su principal proyecto a nivel regional: la Escuela de Economía Feminista.

– Mesoamericanas en Resistencia por una Vida Digna nace en 2003 en torno a las luchas contra el Plan Puebla Panamá (PPP) y el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Centroamérica, República Dominicana y EEUU. Once años después nos encontramos ante un escenario similar en Europa, a punto de firmar un tratado de inversiones y comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos. ¿Qué significó para vosotras la oposición a esos acuerdos?

– Para nosotras los tratados son un instrumento más del sistema capitalista neoliberal para extraer nuestras riquezas y explotar nuestros recursos naturales y nuestras vidas. Siempre los definimos como proyectos de muerte y destrucción.

– La oposición al TLC y al PPP se canalizaba a través de los Foros Mesoamericanos por la Autodeterminación de los Pueblos, espacios de lucha colectiva de diferentes movimientos sociales. En este marco, ¿cómo nace Mesoamericanas en Resistencia?

– Los Foros se inician en el 2000 y durante los tres primeros años son espacios de lucha mixta con otros movimientos sociales. En 2003 nosotras nos sentimos violentadas al darnos cuenta de las carencias e insuficiencias de la incorporación de la perspectiva de género en estos escenarios. Vimos cómo la oposición a los tratados de libre comercio no incorporaba la lucha contra el patriarcado, cómo éramos invisibilizadas por parte de los hombres y cómo se sucedían los gestos patriarcales.

– Es en ese momento en el que veis la necesidad de contar, como diría Virginia Woolf, con un “cuarto propio” para estructurar vuestra lucha.

– Así es. Fue entonces cuando vimos que la opresión patriarcal se reproducía en un movimiento social de izquierdas y progresista, y que entornos en los que tratábamos temas en común, como la defensa de nuestro territorio frente a los proyectos de muerte y destrucción del TLC y el PPP, no incluían necesariamente un rechazo a otras formas de opresión, como la discriminación de género. Esto hace que empecemos a pensar en la idea de construir un espacio de alianzas políticas entre mujeres diversas, que es el germen del I Encuentro de Mesoamericanas en Resistencia y su apuesta por desarrollar planteamientos y posicionamientos propios. Poco a poco vamos ganando más autonomía hasta estructurar nuestros propios ritmos y calendarios.

– ¿Mantenéis algún tipo de relación con los Foros Mesoamericanos?

– No hay relación. Ellos están trabajando con lógicas machistas y por eso nos desvinculamos. Hay objetivos que son comunes pero siguen sin plantar cara al sistema patriarcal. Esto acentúa nuestra necesidad de tener más autonomía con respecto al capitalismo, el neoliberalismo, al familismo, la heterosexualidad obligatoria…

– ¿Cómo se estructura a partir de esa ruptura Mesoamericanas en Resistencia?

– Somos un colectivo muy diverso que engloba a mujeres que procedemos desde Chiapas hasta Panamá, pasando por Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica. Nicaragua estuvo presente también en los primeros encuentros pero, debido a su coyuntura interna, abandonó Mesoamericanas en Resistencia.

El primer ámbito de actuación es el nacional. En cada país se conforma una estructura de trabajo que se integra, a su vez, en un comité regional que agrupa a las participantes de los seis países. En el caso de El Salvador, que es el que conozco mejor, somos alrededor de quince entidades de ámbito local que agrupamos a más de 2.000 mujeres.

Trabajamos a partir de procesos de “auto-centramiento, des-centrándose”, es decir, abriéndonos más allá de los centros urbanos, de las ciudades, y buscando el encuentro con mujeres que vienen de los entornos rurales, mujeres jóvenes, de pueblos originarios… Tanto en el ámbito nacional como en el regional se suceden las actividades de formación, los encuentros sectoriales y territoriales, las jornadas de estudio y lectura, las investigaciones…

– 16.000 mujeres procedentes de seis países y decenas de pueblos, alrededor de 100 organizaciones, mujeres mestizas y afrodescendientes… Entre tanta diversidad, ¿cuáles son los nexos de unión para una lucha compartida?

– Nosotras somos mujeres campesinas, artesanas, ambientalistas, del ámbito rural, heterosexuales, trabajadoras del sexo, más jóvenes y más adultas… Lo primero que nos une es la oposición a los tratados de libre comercio, esos proyectos que nosotras consideramos de muerte y destrucción y que afectan de manera directa a las mujeres. Pero también tenemos en común otras cuestiones como la defensa de nuestro cuerpo y de nuestros territorios, la liberación de la opresión que significa el patriarcado, la lucha contra un neocolonialismo que viene a hacer pedazos la vida de las mujeres, la oposición a la violencia que vivimos en Mesoamérica… Es el espacio compartido de la denuncia y la construcción de alternativas a un sistema que nos violenta de manera sistemática. Vencer esta situación ha sido y es nuestro objetivo.

– Dentro de Mesoamericanas en Resistencia también se observa una diversidad en cuanto a pertenencia al movimiento feminista.

– Así es, somos un colectivo amplio y plural de mujeres en el que unas nos consideramos feministas y otras no. Hay organizaciones sociales como las ambientalistas que no se declaran abiertamente feministas, pero sí compartimos una lucha en común como es la lucha contra la privatización del agua. Esta experiencia es la que nos ha permitido ir construyendo a lo largo de estos años relaciones políticas entre mujeres diversas.

– La resistencia está implícita en vuestro nombre, en vuestro día a día, e impregna buena parte del discurso del colectivo, ¿qué significa para vosotros este concepto?

– Hablamos siempre de resistencia no como negación, sino como una afirmación que se ha fortalecido a través de la construcción de nuestros propios procesos de producción del conocimiento. Sabemos que somos mujeres empoderadas, que valemos mucho y que debemos plantar cara al capitalismo neoliberal y al patriarcado. No queremos vivir oprimidas por un sistema que, hasta ahora, nos ha tenido arrinconadas.

– ¿Y el concepto de poder?

– Siempre decimos que otro poder es posible y tratamos de ejercerlo y construirlo con nuestras acciones diarias, en nuestros entornos. El poder actual está infectado por el capitalismo y el patriarcado y nosotras pretendemos construir otro desde la vida cotidiana de las mujeres. Un poder construido desde lo que se considera “no trabajo”, situado generalmente en el entorno privado. Ha de ser un poder que surja de la producción de un nuevo conocimiento por parte de las mujeres.

María Elena Alvarado fotografiada en Barcelona por Sonia Herrera.
María Elena Alvarado fotografiada en Barcelona por Sonia Herrera.

– Uno de esos proyectos de “construcción colectiva de conocimiento” es la Escuela de Economía Feminista que impulsáis. ¿Cuál es su objetivo?

– Se trata de un eje de formación y producción de conocimiento que pretende fortalecer la capacidad de análisis y reflexión crítica de las mujeres mesoamericanas de cara a convertirlas en sujetas políticas empoderadas. Así mismo, se trata de ayudarlas a construir alternativas transformadoras que les garanticen unos derechos y una vida digna.

Es, sin lugar a dudas, uno de los logros más grandes y significativos del movimiento en todos estos años porque nos ha permitido, a partir de su experiencia cotidiana, formar a numerosas mujeres. Yo misma soy parte de esa Escuela, pues en ella me formé y hoy estoy sorprendida porque puedo estar aquí, haciendo esta entrevista, participando en encuentros con mujeres feministas del Estado español y socializando con ellas mi conocimiento.

– ¿Cómo fue tu experiencia?

– Cuando fui por primera vez a la Escuela me preguntaba si tenía que llevar una calculadora, si íbamos a trabajar con grandes números… Hasta que estuve allí no me di cuenta de que todo lo que yo hacía cada día en mi casa era economía. ¡Yo partía de cero! No sabía, hasta entonces, que cuando hacía las tortillas para comer estaba aportando a la economía, lo mismo que cuando salía a lavar. ¡Si le pusiésemos un valor a lo que hacemos las mujeres durante todo el día, nos haríamos ricas! A partir de mi paso por la Escuela y de los conocimientos allí adquiridos puedo luchar y combatir, sabiendo por lo que lucho, en los temas que nos afectan a las mujeres.

– ¿Cómo se articula la formación en la Escuela de Economía Feminista?

– La formación se divide en cinco módulos en los que se abordan cuestiones tales como la definición de los conceptos de economía feminista y patriarcado, la división sexual del trabajo, cómo afecta el neoliberalismo a la vida de las mujeres, el consumismo, la armonía con la naturaleza, la apuesta por el buen vivir… Hay una cosa bien curiosa, y es que en El Salvador buena parte de las mujeres cuando llegaron a la Escuela sólo bebían Coca Cola, y tras debatir y discutir sobre cómo el sistema nos había hecho consumistas, llegamos a la conclusión de que era mucho mejor optar por el agua o los refrescos naturales.

– ¿Qué significa para vosotras la economía feminista?

– Para nosotras hablar de economía feminista es reivindicar y visibilizar el trabajo del cuidado, es apostar por la recuperación y la defensa de la Madre Tierra, destruir la visión mercantilizada del cuerpo de las mujeres… Asímismo, hemos incorporado a los planteamientos de la economía feminista hasta aspectos que tiene que ver con los pueblos originarios, como los conceptos de buen vivir, el vivir bien y la vida digna.

– Estos diez años de aprendizaje colectivo y de experiencia de la Escuela, ¿han supuesto alguna evolución? 

– En los primeros años del colectivo entendíamos lo económico en su versión puramente neoliberal, de manera tradicional: producción de bienes y servicios para el mercado. En ese momento nuestro mayor objetivo era la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo para obtener unos ingresos con los que sustentar la vida de sus familias. Con el tiempo hemos comprendido que las alternativas pasan por la defensa y la recuperación del territorio, la gestión de la Madre Tierra. Están en las luchas por la defensa del agua, por los minerales, el aire… Se trata de alternativas económicas que modifican las relaciones de poder al tiempo que reconocen y valoran el trabajo de las mujeres y fortalecen su construcción como sujetas políticas.

Tras diez años hicimos un balance de lo realizado entre 2003 y 2012 a partir de la experiencia vivida por parte de mujeres diversas en resistencia, que son las que integramos Mesoamericanas. Nos hemos planteado este proceso como un espacio para que, desde la voz, los pensamientos y los cuerpos de las protagonistas, aflorasen los planteamientos que querían ser abordados. Lo vimos también como un proceso de producción de conocimiento que nos ayudó a visibilizar que otra vida para las mujeres es posible.

– Tras este tiempo de reflexión, ¿en qué momento se encuentra ahora Mesoamericanas en Resistencia por una Vida Digna?

– En primer lugar es muy importante mantener la Escuela de Economía Feminista y hacerla llegar a todos los rincones de cada uno de los países. Muchas mujeres han podido rescatar sus vidas gracias a la Escuela. Es fundamental que continúe como proyecto común. Además de esto, tenemos una lucha común contra la opresión del patriarcado y del modelo económico neoliberal.

– ¿Cómo incorporáis, en medio del discurso económico, cuestiones como el aborto o la sexualidad?

– Ha sido precisamente a partir de los debates surgidos en la propia Escuela de Economía Feminista que las mujeres han podido empezar a debatir sobre lesbianismo, sobre el aborto,  trabajo sexual, maternidades impuestas… Hasta entonces se nos había hecho creer que, en temas del cuerpo de la mujer, eso no se habla y eso no se toca. Nos habían dicho, incluso, que somos sucias porque menstruamos. A raíz de la Escuela nos hemos formado, debatido, concienciado y sensibilizado en estos temas. Hemos creado un espacio en el que las mujeres hablamos de nuestra propia sexualidad con normalidad, intercambiamos impresiones sobre ella y nos empoderamos también en este ámbito. A mí cuando me quedé embarazada no me dieron elección. No pude escoger. Si hubiese sido ahora, yo determinaría cuándo, dónde y cómo tengo un hijo o una hija, si es que así lo deseo. ¡Hoy por mí decido yo! es el lema que utilizamos las Mesoamericanas en Resistencia.

– Durante tu estancia en el Estado español has podido visitar y mantener encuentros con diferentes integrantes del movimiento feminista. ¿Cuál ha sido tu impresión?

– Tienen muchas mujeres organizadas y eso es bueno e importante porque es la primera clave para establecer una resistencia contra un modelo opresor. Otra cuestión positiva es que saben la teoría, tienen mucho conocimiento. Ahora hace falta que la pongan en práctica.


Sonia Herrera Sánchez (sonia.herrera.s@gmail.com) es comunicadora audiovisual y especialista en educomunicación, periodismo y conflictos armados y género.

Suso López (susolpz@gmail.com) es comunicador audiovisual y especialista en gestión de la comunicación política.

Artículo publicado en el nº64 de Pueblos – Revista de Información y Debate, primer trimestre de 2015.


NOTAS:

    1. El Salvador, Honduras, Panamá, México, Costa Rica y Guatemala.

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2 thoughts on “María Elena Alvarado, activista salvadoreña: “Nos une la denuncia y la construcción de alternativas a un modelo que nos violenta de manera sistemática””

Utzi erantzuna

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