China ante la crisis ecológica

En la actualidad, la sociedad china afronta importantes retos medioambientales de cara a la consecución de una mejora generalizada de la calidad de vida de sus habitantes. Desde la proclamación de la República Popular China en 1949, y aun considerando los enormes costes humanos y ecológicos del fallido ‘Gran Salto Adelante’, los logros de la etapa maoísta en campos tales como la salud y educación públicas fueron innegables (Lin Chun, 2006). Durante las tres últimas décadas de reformas, el esfuerzo se ha concentrado principalmente en el incremento de la renta per cápita, lo cual no ha estado exento del surgimiento de nuevas desigualdades socioeconómicas y deterioro de la calidad general del medio ambiente.

En este breve artículo se analizan la problemática socio-ecológica de China y las medidas aportadas hasta la fecha, especialmente, aquellas destinadas al ámbito del medio rural-forestal. Al mismo tiempo, también se presenta la complejidad de los conflictos socio-ecológicos internacionales sobre los que China está adquiriendo un reciente protagonismo, al haberse incorporado con fuerza a la sociedad global de consumo. En la última sección, se recupera la necesidad de reconfigurar y dar impulso a una alternativa universalista, igualitaria y ecológica al modelo ‘desarrollista’ actual, tanto chino como occidental.

Problemática ecológica en China

Debido a sus gradientes altitudinal (desde las montañas del Tibet en el oeste hasta las llanuras aluviales del este), de pluviosidad (desde los desiertos de Xinjiang en el noroeste hasta la extensa zona húmeda del sureste) y latitudinal (desde el extremo boreal de Heilongjiang en el noreste hasta el extremo meridional de la isla de Hainan), China aparece como uno de los países con mayor diversidad de ecosistemas. En lo relativo a los bosques, estos se concentran principalmente en las tres regiones administrativas-forestales del país (noreste, sureste y suroeste), presentando también una importante variación con muestras de bosque boreal, templado y la mayor superficie de bosque subtropical de la Tierra.

Sin embargo, debido a la orientación ‘desarrollista’ e ‘industrialista’ iniciada ya en la década de 1950, la carga impuesta sobre el medio ambiente ha tenido como efecto enormes pérdidas en términos de integridad de los ecosistemas (Ruiz Pérez, 2006). La deforestación producida durante el ‘Gran Salto Adelante’, originada en la extracción de leña como fuente de energía para los hornos de acero, fue posteriormente continuada con la expansión agrícola durante la etapa de la ‘Revolución Cultural’ (1966-1976) y el desmantelamiento de las ‘Comunas Populares’ tras la toma de poder por Deng Xiaoping en 1978. Desde que en este año se pusiera en marcha el proceso de reforma, en el Tercer Pleno del 11º Congreso del Partido Comunista de China, la degradación medioambiental se ha acentuado gravemente en una etapa reciente caracterizada por la transición hacia una ‘economía socialista de mercado’, eufemismo que frecuentemente ha venido acompañado de privatizaciones de empresas estatales o colectivas, y la pérdida de derechos laborales y puestos de trabajo. Las altas tasas de crecimiento económico, asociadas al rápido incremento generalizado de los niveles de consumo, no obstante han supuesto la causa de la profundización de las desigualdades sociales ligadas a importantes conflictos socio-ecológicos.

En consecuencia, podemos resumir dichos conflictos en el agravamiento de la desertificación y erosión del suelo, la limitación de los recursos hídricos (especialmente en el norte y noroeste), la alta dependencia energética del carbón, la contaminación del aire y aguas, la pérdida de suelo fértil asociada a la rápida expansión urbanística y la incidencia de los desastres naturales (Ministerio de Medio Ambiente de la República Popular China, 2009). Todo ello, estando asociado a la creciente brecha económica entre las ciudades y el campo, entre rentas bajas y altas, entre mujeres y hombres, entre la etnia mayoritaria Han y las etnias minoritarias, y entre las regiones oriental y occidental del país. La crisis ecológica en China se manifestó de forma dramática, primero con la sequía del río Amarillo (1997) y después con las inundaciones de los ríos Yangtsé y Songhua (1998). Ello supuso la cristalización de la concienciación medioambiental de la sociedad, lo cual quedó plasmado con la nueva orientación de la política rural-forestal.

Después de las inundaciones, se produjo una reflexión crítica que como causa desencadenante apuntaba directamente a la deforestación y conversión agraria en las laderas de las principales cuencas hidrográficas del país. Como resultado, y como parte de la nueva política forestal, se pusieron en marcha el Programa de Conservación de Bosques Naturales (1998) y el Programa de Conversión de Agricultura de Laderas en Bosques (1999) (Li Yucai, 2004 2005). Ello ha permitido revertir el proceso de degradación forestal producido en los últimos siglos y agravado especialmente desde 1949 hasta la década de 1990, en un proceso que los especialistas denominan ‘transición forestal’. China se ha convertido en el primer país en lograr una rápida recuperación forestal (en términos de área y volumen) al tiempo que se ha incorporado a nuevos procesos de degradación ecológica, tanto internos como externos, directamente ligados a su mayor conexión con la economía mundial.

La incorporación de China
a la sociedad de consumo global

Como hemos dicho, la ‘Apertura y Reforma’ desde 1978 ha supuesto nuevos retos socio-ecológicos, manifestándose con la creciente huella ecológica tanto en términos per cápita como agregados para el conjunto de la sociedad china. Esto significa que, desde la década de 1970 el consumo de materiales y energía por habitante chino se ha venido incrementando gradualmente, superando la disponibilidad ‘sostenible’ por habitante chino de materiales y energía (o ‘bio-capacidad’). En resumen, la sociedad china consume 1.5 veces por encima de sus recursos disponibles, lo cual supone una carga ecológica considerable sobre los ecosistemas del planeta (WWF 2014). La principal causa de este fenómeno se debe a la rápida urbanización del país con unos índices de consumo mucho más elevados en las ciudades. Simultáneamente, se hace necesario subrayar aquí que los niveles de consumo per cápita de China son todavía considerablemente menores comparados con los niveles de consumo per cápita en Europa, Japón o EE.UU. La huella ecológica de China se debe pues fundamentalmente a su gran población, mientras que aquella de Europa o estos dos países se explica por las altas tasas de consumo individuales.

Hoy en día, China se ha convertido ya en el primer país en emisiones contaminantes siendo innegable su contribución al calentamiento global. Si bien, hay que precisar que dicha contribución es bien reciente mientras que las ‘emisiones históricas’ asociadas a la Revolución Industrial en Occidente han venido operando durante más de dos siglos. Por otro lado, el proceso de expansión de la huella ecológica en los países del arco occidental también ha sido espectacular desde la década de 1970. Se hace, por tanto, necesario y urgente el planteamiento de nuevas políticas sociales, económicas y ambientales dirigidas a la implantación de un modelo alternativo al desarrollismo capitalista, tanto a escala nacional como global, en China y Occidente.

Soluciones propuestas,
la necesidad de un modelo igualitario,
universalista y ecológicamente viable

La incorporación de China al modelo de acumulación capitalista ha supuesto la agudización de sus propias contradicciones socio-ecológicas y, sin duda, implica el cuestionamiento directo su reciente trayectoria ‘desarrollista’ como también de la propia viabilidad de las sociedades de consumo del ‘primer mundo’. A pesar del lanzamiento de la nueva política forestal a finales de la década de 1990, de la ‘construcción de un nuevo campo socialista’ (shehuizhuyi xin nongcun jianshe) con políticas de apoyo a las zonas rurales durante la década de 2000, de la promoción de una sociedad moderadamente próspera (xiaokang shehui) y una ‘Civilización Ecológica’ (shengtai wenming), parece que la ruta propuesta desde los líderes chinos no supone ruptura alguna con el proceso de urbanización y creciente demanda de materiales y energía (incremento de la huella ecológica).

No obstante, para quienes defendemos la necesidad  de un modelo alternativo basado en la igualdad social y los límites al consumo (en especial de las rentas altas), mantenemos la necesidad de la cooperación directa con una sociedad china consciente de su problemática ecológica y graves disparidades de renta. Dentro de la sociedad china, son precisamente tanto aquellos grupos desfavorecidos y excluidos como aquellos representantes de la crítica teórica social, los que pueden hacer una contribución significativa en el planteamiento de nuevas propuestas, alternativas y soluciones reales multidimensionales enfocadas a la mejora generalizada de la calidad de vida de la población y del medio ambiente, más allá de enfoques reduccionistas basados exclusivamente en el nivel de renta-consumo.


Lucas Gutiérrez Rodríguez. Doctor en Ecología por la Universidad Autónoma de Madrid y la Academia Forestal China (Instituto de Investigación Forestal Subtropical).

28 de Noviembre de 2014. Beijing. República Popular China.


Referencias:

  • Li, Yucai . 2004. zhongguo de tianranlin ziyuan baohu gongcheng. ‘Programa de Conservación de Bosques Naturales’ (en chino). China Forestry Press. Beijing. 297 páginas.
  • Li, Yucai. 2005. zhongguo de tuigeng huanlin gongcheng .‘Programa de conversión  de agricultura de laderas en bosques’ (en chino). China Forestry Press. Beijing. 267 páginas.
  • Lin Chun. 1992. The Transformation of Chinese Socialism. ‘La transformación del socialismo chino’ (en inglés). Duke University Press. 370 páginas.
  • Ministerio de Medio Ambiente de la República Popular China. 2009. Report on the State of the Environment in China. ‘Informe sobre el estado del medio ambiente en China’ (en inglés). 52 páginas.
  • Ruiz Pérez, M. 2006. China y el medio ambiente global. El Ecologista, Vol. 50: 20-27.
  • WWF. 2014. Ecological Footprint and Sustainable Consumption in China. ‘Huella ecológica y consumo sostenible en China’ (en ingles). 39 páginas.

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