Medios de comunicación y democratización en África

Es conocida la asociación consolidada en las democracias occidentales entre libertad de expresión y una democracia digna de ese nombre. Por extensión, se incluye a los medios de comunicación como vehículos de la libertad de expresión y pensamiento y, por tanto, indicadores fidedignos del avance en las libertades en un determinado país. Unos medios libres, es decir, soportados en empresas con independencia económica, con autonomía frente al poder político al que vigilan, fiscalizan y exigen transparencia, y que ejercen su labor con rigor, respeto a los hechos y a sus protagonistas, así como audacia para investigar lo que mucha gente quiere mantener oculto, aparecen como requisito fundamental en las sociedades modernas para garantizar una democracia consolidada.
Fotografía: Sebastián Ruiz.
Fotografía: Sebastián Ruiz.

Ésta es la lógica que soporta la proyección de esta idea más allá de los países que la propugnan hacia el continente africano. Aproximadamente dos tercios de todos los Estados-nación independientes (117 de 195) son democracias electorales[1]. Desde principios de la década de 1970, a raíz de “la tercera ola de democratización”, más Estados han celebrado elecciones multipartidistas que nunca[2], y la mayoría de ellos están en África.

A pesar de la percepción general en cuanto a reconocer la importante contribución que los medios de comunicación podrían hacer a la causa de la democracia en África y, por extensión, lo que la democracia podría hacer para la mejora de la condición humana en todas partes, cabe preguntarse: ¿por qué se aprecian pocos avances significativos en los países africanos que formalmente son democracias, es decir, que han promulgado cartas constitucionales, reconocido las libertades básicas (incluida la de expresión), celebran elecciones periódicas y albergan diversidad de partidos políticos que dicen representar los intereses de los ciudadanos?

Para completar la pregunta quizá debamos cuestionarnos por qué en los países occidentales con democracias consolidadas la ciudadanía se muestra cada vez más reacia a confiar en sus representantes políticos (porcentajes menguantes de participación en elecciones), las instituciones que los gobiernan y los medios que los informan, y exigen “otra” democracia o una refundación de la misma.

Paralelismos peligrosos

Pocas personas podrían afirmar hoy que en África la democracia se comprende de forma diferente a otros contextos. Lo que sí es problemática es la transmisión e imposición de todo un modelo político determinado, “con poco respeto a las culturas, historias y la sociología de las sociedades africanas”[3].

Por ejemplo, la diferente concepción de la sociedad civil, la etnicidad y la pertenencia. Las organizaciones de la sociedad civil en África no siempre se han entendido como separadas del Estado y del gobierno, como se supone en las sociedades occidentales, ya que la colaboración con el Estado puede ser empleada por la población africana como un mecanismo estratégico de supervivencia a través del cual los grupos marginados son capaces de acceder a un grado de poder y a los recursos del Estado[4].

En relación a la etnicidad y la pertenencia, Ake[5] apunta que el sistema de partidos políticos de las sociedades liberales no tiene mucho sentido en las sociedades africanas, donde el desarrollo de la vida asociativa es rudimentario y los grupos de interés siguen siendo esencialmente los grupos primarios. En muchas ocasiones, por tanto, los partidos políticos tienden a apelar a lealtades étnicas en lugar de buscar una ideología política.

De la misma manera, la celebración de elecciones libres y justas es uno de los indicadores de democratización más importantes y generalizados. Sin embargo, este indicador ha sido criticado por su pretensión de traducir directamente concepciones occidentales de la democracia en el contexto africano[6]. Además, las elecciones han sido a menudo concebidas como el último paso en un proceso de consolidación de la paz. De la misma forma que el “kit de la democracia” se aplicó a África en la década de 1990, es posible hacer referencia a un “kit-proceso de paz”, creado por las Naciones Unidas, organizaciones multilaterales y embajadas, especialmente en situaciones de post-conflicto[7].

Los medios y la democracia en África

A pesar de los problemas que conlleva aplicar principios e indicadores limitados de democracia, como acabamos de ver, estos principios se han traducido en los marcos dominantes de las investigaciones sobre la relación entre los medios de comunicación, la democracia e incluso el desarrollo en África. De esta forma, se establece como normativo el análisis de políticas y regulación, así como la libertad de prensa, centrándose exclusivamente en el papel de la radio, los periódicos y la televisión (a menudo de propiedad estatal y controlada por el gobierno de turno). Sin embargo, se presta poca atención a las formas más informales y populares de comunicación[8].

Si realmente la democracia en África dependiera mayoritariamente del papel de los medios de comunicación convencionales, la democracia estaría en serio peligro de supervivencia. Y, a pesar de todo, es necesario anticipar que unos medios de comunicación dignos de ese nombre y genuinamente aculturados en las realidades africanas, podrían contribuir a promover procesos de democratización reales definidos por las y los propios africanos.

Mencionar algunas de las limitaciones a las que se enfrentan los profesionales de la comunicación en África nos ayudará a comprender la situación actual. Los periodistas africanos se enfrentan a múltiples obstáculos, sobre todo de las empresas propietarias de los medios de comunicación en los que trabajan, en relación con la alta vulnerabilidad a la corrupción y la negligencia en el cumplimiento de los valores éticos[9].

El panorama difiere en los países africanos de acuerdo a los patrones de lengua y colonización. De esta forma, los medios de las antiguas colonias británicas (Kenia, Nigeria, Ghana y Tanzania) responden al modelo liberal de empresas mediáticas fuertes y periodismo profesional; mientras que los medios en las antiguas colonias francesas y belgas sufren de profundas debilidades estructurales[10]. Es decir, los anglófonos siguen siendo inspirados por las tradiciones coloniales anglosajonas, mientras que los francófonos se han mantenido en el estilo francés o “latino”[11].

En la mayoría de los países africanos, los poderes políticos juegan en contra de los profesionales, pues son considerados impertinentes o demasiado curiosos cuando no alaban las bondades del partido en el gobierno o del líder en cuestión, lo que a menudo les granjea la cárcel o incluso ser asesinados[12]. De los diez países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, dos se encuentran en África: Somalia y Nigeria[13].

Además, se ha detectado la relación directa entre propietarios de medios de comunicación y partidos políticos. Así, los periódicos más críticos con el gobierno de turno son propiedad de personas que comparten los mismos orígenes étnicos/regionales que los líderes más destacados de la oposición. De la misma forma que los artículos más conciliadores con el gobierno también están en las manos de las personas del mismo grupo étnico o región que el presidente u otros miembros del gobierno. Este es el caso de Sierra Leona, Malí, Benín, Costa de Marfil, Nigeria, Camerún y muchos otros países de la subregión del África occidental[14].

En la mayoría de los países de África Central, cada partido/candidato ha tratado de controlar los medios de comunicación, en un entorno en el que la prensa privada nació sólo hace 20 años, al mismo tiempo que el pluralismo político. La cobertura mediática también está fuertemente influenciada por el tono utilizado por los candidatos políticos y sus declaraciones incendiarias[15].

El caso de Costa de Marfil, en África del Oeste, muestra igualmente las tendencias señaladas, pues presenta un escenario de medios muy concentrado en manos de figuras políticas conocidas y sus aliados. El diario Notre Voie pertenecía al ex presidente Laurent Gbagbo; el ministro del Interior, Ahmed Bakayoko, es el accionista mayoritario (475 acciones de un total de 500) de la editorial
Mayama et Producction. Las acciones del Grupo Cyclone SARL, editores de prensa pro-Laurent Gbagbo,
se dividían entre dos accionistas: Bamba Nadiani (segunda esposa de Gbagbo) y Gbagbo Koudou Al Rais David (su hijo)[16].

En este sentido, los medios de este país deben ser vistos más en términos de lugares en los que se adquiere capital social e influencia política que como plataformas para informar al público. Por lo tanto, la percepción occidental de los medios de comunicación como lugares en los que la información objetiva es canalizada hacia un amplio público puede ser un discurso no sólo demasiado idealista para ser aplicado a muchas sociedades occidentales, sino que se convierte en una explicación superficial y limitada de los medios en contextos reales, como el de la crisis electoral de Costa de Marfil[17].

Retos y escenarios para plantear la relación medios-democracia en África

Como hemos visto, la asociación directa entre medios y democracia en África parece no funcionar en la práctica. De hecho, es mucho más compleja de lo que los análisis al uso suelen mostrar. En la realidad diaria de muchos países africanos, el digno objetivo de construir sociedades más democráticas a menudo compite con el de contar con instituciones que funcionen, con una educación general digna, con un sistema de salud que proteja mínimamente y con un coste razonable a los ciudadanos; o con una policía o un ejército que no sean percibidos por la población como entes de los que hay que huir, en lugar de ofrecer protección y seguridad. Todos estos objetivos están presentes, al mismo tiempo que la necesidad de contar con políticos honrados comprometidos con el porvenir de sus pueblos, así como con periodistas responsables que den cuenta de los hechos y controlen la acción del gobierno.

Lo anterior no significa que haya que subordinar los objetivos de libertad de expresión y de información, así como la existencia de un sistema de medios y de formación de profesionales robusto, a la consecución de otros objetivos sociales igualmente loables. Tampoco pretende servir como justificación de la represión por parte de gobiernos autoritarios e ilegítimos hacia las y los ciudadanos y periodistas que buscan el aire fresco de la libertad. Estas líneas pretenden únicamente mostrar la complejidad de la tarea que se presenta y la importancia de realizar análisis contextualizados.

Por tanto, reclamar más democracia en África y aplicar recetas cortoplacistas como los “kit de democracia” mencionados, o contar exclusivamente el número de medios de comunicación existentes, puede ser tan erróneo como analizar el nivel de desarrollo de los países teniendo en cuenta únicamente su Producto Interior Bruto (PIB)


José Carlos Sendín Gutiérrez es profesor en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Cátedra UNESCO de Investigación en Comunicación y África.

Artículo publicado en el nº63 de Pueblos – Revista de Información y Debate, cuarto trimestre de 2014.

Euskaraz:


NOTAS:

    1. Freedom House, 2012. Ver: www.freedomhouse.org.
    2. Norris, Pippa, ed. (2010): Public Sentinel. News Media & Governance Reform, Washington, The World Bank.
    3. Nyamnjoh, Francis (2005): Africa’ s Media, Democracy and the Politics of Belonging, London, Zed Books.
    4. Ibíd.
    5. Ake, Claude (2000): The Feasibility of Democracy in Africa, Senega, CODESRIA.
    6. Berger, Guy (2002): “Theorizing the Media- Democracy Relationship in Southern Africa”, International Communication Gazette, Vol. 64.
    7. Frere, M.-S: (2011): Elections and the Media in Post-Conflict Africa. Vote and Voices for Peace?, London/New York, Zed Books/Panos.
    8. Wasserman, H. Ed. (2011): Popular Media, Democracy and Development in Africa, London/New York, Routledge.
    9. Beckett, Charlie; Kyrke-Smith, Laura (eds.) (2007): Development, governance and the media: The role of the media in building African society, Londres, LSE- Polis. Disponible en: www.lse.ac.uk.
    10. Ver nota 6.
    11. Nyamnjoh, Francis (2005); Op. cit.
    12. Ver nota 6 y la web del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), www.cpj.org.
    13. Ver: www.cpj.org.
    14. Nyamnjoh, Francis (2005), Op. cit.
    15. Frere, M.-S (2007): The Media and Conflict in Central Africa, Boulder, Lynne Rienner Publisher.
    16. Moussa, Zio (2012): The Media and the Political Crisis in Côte d’Ivoire, Legon, Ghana, Media Foundation for West Africa. Disponible en: www.mediafound.org.
    17. Sendín J. C. (2013): “Côte d’Ivoire 2010–2011 post electoral crisis: An approach from the media”, Journal of African Media Studies, 5.

Print Friendly, PDF & Email

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *