Una solución para el Sáhara

El conflicto del Sáhara Occidental se enmarca dentro del proceso de descolonización llevado cabo en los años sesenta del pasado siglo por la organización de las Naciones Unidas en el continente africano. En todos los países de África se ha llevado a cabo este proceso de forma satisfactoria, siendo el Sáhara Occidental la única excepción en el continente, el único lugar en donde a sus habitantes no se les ha dado la oportunidad de decidir sobre su futuro. El derecho internacional contempla como única vía para la descolonización la celebración de un referéndum en el que los habitantes del territorio colonizado tendrían tres alternativas de voto: independencia, autonomía e integración en el estado colonizador. Ésta es la solución que contempla el derecho internacional para poner fin a una lacra como el colonialismo, incompatible con los principios que consagra la carta constitutiva de las Naciones Unidas.

A principios de 1960 las Naciones Unidas solicitaron al régimen franquista que debía empezar un proceso que conllevase la descolonización del territorio. La lentitud española para llevar a cabo dicho proceso hizo que los países vecinos del Sáhara Occidental viesen en el territorio El Dorado para satisfacer sus necesidades económicas y sus ansias de expansionismo, siendo en 1975 invadido el territorio por la denominada Marcha Verde llevada a cabo por el rey de marruecos Hasan II con la connivencia del régimen moribundo franquista y la ayuda inestimable del régimen de ould Daddah de Mauritania, apoyados por Francia y EEUU.

Con la salida de las tropas españolas, los saharauis, organizados en torno al Frente Polisario, empezaron una guerra desigual contra los ejércitos invasores marroquí y mauritano para reafirmar su derecho de autodeterminación. Pronto se vieron la eficacia de las estrategias del ejercito saharaui, haciendo una guerra de guerrillas cuyo objetivo fue el desgaste del enemigo, lo cual provocó que Mauritania reconociera en 1978 la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y que supuso pérdidas inmensas para las arcas del Estado marroquí.

Entonces llegaría el año 1990, cuando el régimen marroquí se da cuenta de que no puede dominar el Sáhara occidental por la fuerza y solicita la intermediación de la ONU para lograr un alto el fuego entre el F. Polisario y Marruecos. Ambas partes firmarían en 1991 un acuerdo de paz que contemplabla la celebración de un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental.

Una vez conseguido el alto el fuego pronto se vería la poca voluntad marroquí de celebrar este referéndum, haciendo malabares para bloquear las listas del censo o inflarlas de colonos marroquíes. En este sentido, con el propósito de seguir bloqueando la celebración de un referéndum, Marruecos ofreció como alternativa a los saharauis y al mundo una propuesta de autonomía. Pero Marruecos sabe que no procederá, ya que el derecho internacional es muy claro en este sentido y sólo contempla un referéndum de autodeterminación para descolonizar un territorio.

Es evidente que Marruecos está gobernado por una monarquía cuya supervivencia está vinculada, según la concepción de la misma, a la ocupación del Sáhara Occidental, pues el mayor enemigo de la monarquía es el ejército y cuanto más lejos se encuentre éste del palacio, mucho mejor. Además, Marruecos tiene infinidad de problemas tanto sociales (con una sociedad tremendamente joven y un paro juvenil que llega al 40% y grandes capas sociales que carecen de los más mínimos servicios esenciales para vivir de forma digna) como económicos (dependiente de la agricultura y del turismo sin mucha diversificación). Para colmo, el rey es el primer empresario, el primer exportador y también el primer importador del reino, pues la familia real marroquí ocupa casi el 60% de los sectores de la economía.  El país necesita de los recursos saharauis tanto para aliviar su ineficiente economía como para tener al ejército lejos de palacio.

El conflicto sigue hoy estancado en unas negociaciones que  no parece vayan a dar lugar a una solución, debido principalmente a la intransigencia del régimen marroquí y la ausencia de voluntad para negociar de forma duradera. Hemos de recordar que desde 1975 todas las resoluciones de las Naciones Unidas han ido en el mismo sentido, es decir, todas piden una solución que respete el derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación.

Ante este panorama, el Frente Polisario está en la disyuntiva entre seguir embarcado en unas negociaciones que no llegarán a buen puerto debido a la poca voluntad del gobierno marroquí y la vuelta a las armas que solicitan cada vez con más ahínco la juventud saharaui.

El Frente Polisario debe tomar una decisión valiente y ser consecuente con ella. Por una parte, debe decidir si le interesa alargar el conflicto y con ello seguir embarcado en unas negociaciones que, para nadie es un secreto, están destinadas al fracaso (una de las partes lo único que dice en la mesa es que quiere negociar sólo una autonomía). Por otra, el Polisario puede tomar una decisión realista y consecuentemente que sirva a los intereses a largo plazo del pueblo saharaui, abandonar las negociaciones e iniciar la lucha armada. La alternativa de la guerra es la más trágica por el coste humano que conlleva pero el pueblo saharaui conoce la guerra y sus estragos. Así mismo, es hoy un pueblo preparado con instituciones de Estado y la RASD es reconocida por más de 80 países, miembro cofundador de la Unión Africana y posee un ejército que ha demostrado la experiencia que tiene en el campo de batalla (sus tácticas militares fueron en su tiempo estudiadas y aplaudidas por la CIA y bastantes ejércitos del mundo).

En cuanto al ámbito interior, la República Saharaui debe consolidar aún más si cabe sus instituciones democráticas; hacer una regeneración social que elimine de forma paulatina la lacra del tribalismo, enemigo de toda organización denominada Estado; y dar respuestas a los jóvenes, que cada vez piden más transparencia en la administración de lo público y modernizar el sistema político. No digo que tengamos que constituir partidos, pues a esa fase sólo se llegará cuando se haya retomado el territorio ocupado y por tanto la total independencia del Sáhara Occidental. La República Saharaui hace bien consagrándose en torno al Frente Polisario, púes éste es el único y legítimo representante del pueblo saharaui en el que están representadas todas las sensibilidades saharauis (comunistas, liberales, izquierdistas, conservadoras, etc). Una vez conseguido el objetivo nacional, la independencia, cada cual se irá con el partido que vea más afín a sus inquietudes políticas.

En conclusión, hoy la pelota está en el tejado saharaui, son las autoridades saharauis los que tienen que decidir sobre el curso de los acontecimientos en el conflicto y deben tomar una decisión trascendental y profundamente estudiada, pues a la otra parte le interesa el statu quo actual.


Nayib Ahmed Salam estudia Derecho en la UPV/EHU.


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