Arantzazu Santos, directora de Cooperación de la Diputación Foral de Gipuzkoa: “La crisis no debe ser una excusa para desmantelar las políticas sociales ni la cooperación internacional”

Comenzó a dirigir el área de Cooperación de la Diputación Foral de Gipuzkoa en 2011, en un momento en el que se agudizaban a pasos agigantados los recortes en cooperación en otras administraciones del Estado. En la actualidad, en el marco de una crisis que califica de civilizatoria, Arantzazu Santos Ciriquiain defiende la necesidad de unas políticas de cooperación que fortalezcan a los agentes que trabajan por la transformación social y persiguen paradigmas emancipadores como la economía feminista, el buen vivir o el decrecimiento.

– El Plan Foral de Cooperación para el Desarrollo 2013- 2016 de la Diputación de Gipuzkoa define el contexto actual como “especialmente difícil”. ¿Es una crisis? ¿Una estafa? ¿Un punto de inflexión que o bien profundizará en el modelo neoliberal o bien dará paso a otro sistema?

Arantzazu Santos, fotografiada por Andrea Gago. Donostia - San Sebastián, 2013.
Arantzazu Santos, fotografiada por Andrea Gago. Donostia – San Sebastián, 2013.

– En el Plan Foral no le hemos querido dar demasiada relevancia al uso de los términos y hemos usado la palabra crisis porque es la que se usa habitualmente para describir el momento por el que estamos pasando. Es cierto que la palabra crisis se puede entender como un bache cíclico por el que hay que pasar para que las cosas sigan funcionando como antes; pero lo que queremos dejar claro es que el problema es el propio sistema capitalista, que desde hace muchos años está teniendo repercusiones muy negativas en otros países y continentes.

Ahora que los recortes sociales están llegando a Europa, que se está perdiendo cohesión social, que el Estado de Bienestar está en peligro, parece que nos estamos empezando a dar cuenta de que el sistema no funciona, pero evidentemente es algo que viene de largo, que es intrínseco al sistema.

Pensamos que se trata de una crisis civilizatoria que abarca todos los ámbitos de la vida; es una crisis ecológica, de cuidados, energética, social… Personalmente, pienso que el sistema capitalista ha quebrado, pero no sé cuánto tiempo tardará en descomponerse, ni si se descompondrá completamente… También es posible que el capitalismo coexista junto a nuevos sistemas de organización social.

– El discurso dominante equipara crecimiento económico con bienestar y desarrollo. ¿De qué se olvida esta argumentación?

– Sí, de hecho esta es la crítica principal que el Plan Foral hace a la agenda de cooperación oficial, que equipara crecimiento económico y desarrollo. El Plan Foral parte del paradigma del desarrollo humano sostenible pero desde una concepción amplia del mismo, en el que, por supuesto, tienen cabida los nuevos paradigmas emancipatorios, entre los que se puede encontrar el buen vivir, el decrecimiento, la economía feminista, etc.

– En el contexto del que hablamos, ¿tiene futuro la cooperación internacional para el desarrollo?

Arantzazu Santos, fotografiada por Andrea Gago. Donostia - San Sebastián, 2013.
Arantzazu Santos, fotografiada por Andrea Gago. Donostia – San Sebastián, 2013.

– Pensamos que la cooperación corre el gran riesgo de resultar totalmente despolitizada. Que se limite a la satisfacción de necesidades básicas y no busque la confrontación a escala local ni global. Es muy importante estar alerta con lo que ahora se llama “capitalismo inclusivo”. Hay transnacionales que se han dado cuenta del nicho de mercado tan grande que suponen los millones de personas en situación de pobreza en todo el mundo. Hay empresas que se están valiendo de agentes de cooperación para, por ejemplo, bancarizar a poblaciones o extender el uso de libros electrónicos y de diferentes aplicaciones móviles, más con la intención de expandir su negocio que de satisfacer las necesidades de esas poblaciones, a pesar de que se valgan de esa justificación, desde nuestro punto de vista, perversa.

– ¿Podremos seguir pensando en la cooperación como una política pública de solidaridad internacional con perspectiva transformadora?

Arantzazu Santos, fotografiada por Andrea Gago. Donostia - San Sebastián, 2013.
Arantzazu Santos, fotografiada por Andrea Gago. Donostia – San Sebastián, 2013.

– Esa es la apuesta de la Diputación de Gipuzkoa. Como se dice en el Plan Foral, debe ser decisión de cada gobierno mantener o no la cooperación. En el caso de mantenerla, debe decidir qué tipo de cooperación llevar a cabo. Si quiere ser una cooperación que se alinee con las empresas y que busque abrir mercados; si se opta por la transformación social o si se deja que sea simplemente una cooperación asistencialista. Desde nuestro punto de vista, es una decisión política. Cada gobierno o institución, con el apoyo y aportes de los agentes sociales, deberá decidir por qué tipo de políticas de cooperación opta.

La crisis no debe ser una excusa para desmantelar las políticas sociales ni la cooperación internacional, como hemos demostrado en Gipuzkoa. Dentro de poco vamos a presentar los presupuestos de la Diputación en las Juntas Generales y no habrá ningún tipo de recorte en políticas sociales. Por lo tanto, tampoco en cooperación. Pensamos que ni gobiernos ni instituciones deben usar como excusa un “no se puede”, porque hay gobiernos que están demostrando que sí es posible. Una vez más, se trata de voluntad política.– Frente a la visión hegemónica de la agenda oficial, ¿otra cooperación es posible?

– Como Diputación nos hemos sumado al manifiesto por una cooperación transformadora que está impulsando Hegoa[1]. Estamos de acuerdo en que vivimos momento de bifurcación histórica. A la vez que el sistema está llegando al extremo, están resurgiendo debates que quizás estaban latentes en los últimos años, como el bienestar, el buen vivir, la democracia…

Frente a esos sujetos que están intentando ahondar en la lógica capitalista y que, sin duda, van a utilizar la cooperación como una herramienta más para su propósito; existimos agentes que, ya seamos instituciones, gobiernos, ONGD, universidades o movimientos sociales, proponemos nuevas formas de sociedad, de convivencia. Estas formas se basan en la sostenibilidad de la vida, en la democracia participativa, la defensa de lo común. Estamos intentando confrontar el sistema y el orden actual de las cosas, ya sea desde la institución, la universidad o el movimiento social.

Creemos que es posible “otra cooperación” y apostamos por ella. La cooperación va más allá de los proyectos y de la transferencia de fondos. El modelo, efectivamente, está en crisis, y tal vez no vuelva a ser lo que fue. Sin embargo, están surgiendo otras formas de solidaridad internacionalista, como las alianzas globales y regionales por la soberanía alimentaria, el feminismo, la comunicación alternativa… Además, la cooperación Sur-Sur está también afianzándose, superando, además, lógicas eurocéntricas y relaciones de poder Norte-Sur.

– ¿En qué medida afectará la reforma de la Ley de Bases de Régimen Local a la cooperación?

– Por ahora desconocemos el impacto que va a tener esta Ley. No sabemos cómo va a ser su desarrollo normativo ni exactamente cómo afectará a la cooperación, pero sí creemos que supone un ataque por parte del Gobierno español a los entes locales y a las políticas sociales en su conjunto.

La supervivencia de la cooperación descentralizada dependerá de la voluntad política de los gobiernos locales. Bildu y la Diputación de Gipuzkoa han hecho una apuesta clara, aunque somos plenamente conscientes de que una Diputación y unas decenas de ayuntamientos no tenemos la capacidad de mantener todo un sector. En el caso de la Comunidad Autónoma Vasca, la persistencia o no de la cooperación descentralizada está, principalmente, en manos del Gobierno Vasco. Si éste y las otras dos diputaciones siguen por el camino de 2013, en pocos años la cooperación vasca habrá, prácticamente, desaparecido.

– En cuanto a las ONGD, ¿cuál debería ser su papel? Hay campañas como, por ejemplo, Somos así, que vinculan directamente empresas y ONGD. ¿Qué opinas de esto?

– La campaña Somos así [2] es un ejemplo de lo que no queremos que sea la cooperación. ONGD que legitiman la imagen o el quehacer de las grandes multinacionales, cuyo respeto por los derechos humanos en los países en los que van a cooperar es muy dudoso, y con la connivencia de los medios de comunicación de masas y de personajes públicos. Nos parece una campaña peligrosa, que despolitiza la cooperación, que no ahonda en las causas de la pobreza, de la violencia o de la vulnerabilidad, y que aborda los problemas desde un enfoque meramente asistencial. Además, lejos de contribuir al afianzamiento de la cooperación como política pública, la relega a la financiación a través de donativos privados. Se habla del retorno económico de cada euro invertido, cuestión con la cual no estamos en absoluto de acuerdo, ya que la cooperación tiene que estar basada en la solidaridad desinteresada.

Afortunadamente, los principales agentes de la cooperación descentralizada de Gipuzkoa no están participando en este tipo de campañas. Pero la consideramos un riesgo porque, dado el momento que están atravesando las ONGD, alguna que otra, pensando más en su subsistencia que en el propósito de su trabajo, se puede ver tentada a entrar. Las ONGD tienen que elegir el tipo de cooperación por el que optan, igual que las instituciones. Posicionarse.

– La palabra “transformación” parece un talismán en el Plan Foral de Cooperación. ¿Qué plantea la Diputación transformar y cómo?

– El Plan Foral no es más que una herramienta para ordenar la política de cooperación internacional que desde la Diputación se va a llevar a cabo entre 2013 y 2016. Partiendo de las muy limitadas posibilidades de la Dirección de Cooperación, frente al complejísimo entramado que sostiene el sistema capitalista y patriarcal, desde la Diputación de Gipuzkoa queremos que la cooperación sea una herramienta útil para contribuir al fortalecimiento de sujetos de transformación social.

Hoy existen diferentes movimientos sociales que, cada uno desde su ámbito, aprovechan las grietas del sistema para intentar cambiarlo. Desde la cooperación directa la Diputación está apoyando al movimiento campesino, a la Vía Campesina, en el plano internacional, y a Etxalde, en el ámbito local, que es el movimiento por la soberanía alimentaria en Euskal Herria; así como a la Marcha Mundial de las Mujeres y Euskal Herriko Emakumeon Mundu Martxa. Apoyamos estos movimientos para que se fortalezcan e impulsen el cambio social. Los dos primeros, mediante la soberanía alimentaria, y los segundos, desde el feminismo, tratan de subvertir el sistema y proponer nuevas formas de convivencia y de sociedad.

A través de la cooperación indirecta, es decir, mediante la que se ejecuta a través de las ONGD, tratamos de que la cooperación sea verdaderamente transformadora. La vía que nos ha parecido más adecuada para garantizar este aspecto es la exigencia de unas determinadas líneas transversales.

– ¿Crees que los apoyos de las instituciones podrían terminar “institucionalizando” a los movimientos sociales?

– Pensamos que el dinero público también tiene que estar disponible para los movimientos sociales y que estos tienen que saber valerse de él sin pervertir sus idearios.


Andrea Gago Menor edita Pueblos – Revista de Información y Debate.

Artículo publicado en el número 59 de Pueblos – Revista de Información y Debate, especial cooperación, noviembre de 2013.


NOTAS:

  1. Manifiesto por una Cooperación Internacional vinculada al fortalecimiento de los movimientos sociales emancipadores. Ver: http://mmssycooperacioncritica.wordpress.com.
  2. Web de la campaña: www.somosasi.org.

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