Mbuyi Kabunda: “Francia tenía que intervenir en Malí para salvaguardar sus intereses, pero no se pueden perder de vista también los aspectos políticos”

Mbuyi Kabunda es director académico del Observatorio sobre la Realidad Social de África Subsahariana, profesor de Relaciones Internacionales y Estudios Africanos, miembro del Grupo de Estudios Africanos (GEA) de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y profesor y miembro del Instituto Internacional de los Derechos Humanos de Estrasburgo. Recientemente ha coordinado el libro “África en movimiento. Migraciones internas y externas (Los libros de la Catarata, 2012).
1304_sem_mali_mbuyi_kabunda
Mbuyi Kabunda en Tas-Tas Irrati Librea (Bilbao). 2013. Fotografía: Andrea Gago Menor.

– Francia inició en enero de este año una intervención militar en Malí. ¿Cómo ha defendido esta intervención Hollande?

– Desde el principio, Francia, a través del presidente François Hollande, quiso justificar esta intervención por dos razones fundamentales: la primera, para parar el avance de los movimientos yihadistas hacía Bamako; la segunda, para salvaguardar la integridad territorial de Malí y, por extrapolación, la soberanía de este país y evitar su división en dos partes.

– ¿Esto coincide con lo que dice la Organización de Naciones Unidas (ONU)?

– A raíz de lo que sucedió en Costa de Marfil, en 2011, la ONU inicialmente quiso favorecer una intervención africana. Pero, ante la lentitud del despliegue de las tropas africanas, que deberían intervenir en septiembre u octubre, terminó dando un acuerdo tácito a la intervención de Francia.

– Pero la secuencia suena parecida a la previa a otras intervenciones. Por ejemplo, hay muchos intereses económicos de Francia en Malí. ¿Cuánto ha tenido esto que ver en la intervención?

– Yo creo que es una parte muy importante que no se puede pasar por alto, máxime cuando, desde la independencia de Malí, Francia tiene importantes multinacionales además del interés del algodón y el oro en el norte. Últimamente, con el uranio entre la frontera de Malí y Níger, explotado por la empresa francesa Areva, estos intereses económicos resultan evidentes. Francia tenía que intervenir en Malí de una u otra forma para salvaguardar estos intereses pero, fundamentalmente, no se pueden perder de vista los aspectos políticos, la recuperación de la soberanía y de la integridad territorial de este país.

– ¿En qué medida tiene que ver lo que está pasando en Malí con lo sucedido en Libia?

– Es la consecuencia directa de la crisis de Libia en 2012, que desestabilizó todo el Sahel. El material militar del coronel Gadafi, que estaba en manos de las milicias tuareg, terminó llegando al norte de Malí. Por otra parte, Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) estaba luchando al lado del régimen de Gadafi. La OTAN destruyó parte del arsenal militar del coronel y AQMI se aprovechó para regresar con parte de este material al norte de Malí. Por lo tanto, se habían creado todos los ingredientes para reunir las armas en el norte de Malí y favorecer el ataque tanto del Movimiento Nacional para la Liberación del Azawad (MNLA) como de sus socios: los movimientos fundamentalistas o yihadistas.

– ¿Qué ocurre con otros actores como China? ¿Cuál es la posición de China antes la intervención?

– China apoya totalmente la intervención de Francia porque tiene intereses en este país y necesita la estabilidad y la seguridad para rentabilizarlos. Está actuando desde hace más de diez años en Malí y su desestabilización hubiera dañado de una u otra forma sus intereses. Por lo tanto, todos están actuando para mantener y salvaguardar sus intereses económicos.

– Si ahora se retirasen las tropas, ¿qué sucedería?

– No veo esta retirada a corto plazo sino a medio o largo plazo, porque lo que han hecho los islamistas derrotados era refugiarse en zonas inasequibles. Han encontrado una especie de madriguera en las montañas del norte de Malí, que es una zona que recuerda, más o menos, a las montañas de los talibanes en Afganistán. Por tanto, conocen mejor el terreno que nadie y han apostado por la guerrilla. Estamos ante una guerra que podría tomar varios años. Una retirada pronta de las potencias que han intervenido, tanto francesas como africanas, dejaría a Malí totalmente desarmado, porque no tiene un ejército que pueda por el momento hacer frente a esta agresión.

– En otras ocasiones has apostado por olvidar para África el modelo de Estado-Nación, ¿crees que un cambio en este sentido podría ser positivo tanto para Malí como para África en su conjunto?

– Es una solución, y la más idónea. Desde los 50 años de las independencias africanas se vendió e impuso el modelo jacobino de Estado-Nación: un Estado, una nación, una cultura… Y esos 50 años son de fracaso, han opuesto durante mucho tiempo el Estado a su sociedad, con distintas legitimidades excluyentes. Un Estado con una filosofía, unas prácticas centralizadas y unitarias y la legitimidad política y jurídica externa; por otra parte, una sociedad plural, tanto del punto de vista étnico como cultural con su propia legitimidad sociológica e interna, la verdadera… De ahí que el Estado esté en guerra permanente con su sociedad. Se tiene que acabar de una vez por todas con estas prácticas reconociendo, por parte del Estado, el pluralismo de la sociedad. Hay que ver qué manera, si a través de la federación, confederación o de una u otra forma de descentralización, se puede permitir a los grupos étnicos gestionar sus propios asuntos o llevar a cabo un modelo de desarrollo y de gobierno que mejor les convenga, según sus lenguas y sus recursos. Es lo que venimos llamando “etno-desarrollo” y el “afrofederalismo”, y que necesitan Malí y otros países africanos.


Leire Pérez Fuentes es estudiante de Periodismo en la UPV-EHU y colaboradora de Pueblos-Revista de Información y Debate.


Print Friendly, PDF & Email

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *