En defensa de la solidaridad internacionalista

El Gobierno Vasco ha anunciado que su propuesta de borrador de presupuesto incluirá un recorte de más del 36% en la partida de cooperación internacional, financiando en 2013 fundamentalmente compromisos ya adquiridos de años precedentes, sin una apuesta clara por el apoyo a nuevas iniciativas. Esta noticia ahonda en una lógica institucional vasca de recortes muy duros en este ámbito, que ya iniciaron el Ayuntamiento de Gasteiz (revertido en 2013) y la Diputación Foral de Araba el año pasado, y que han continuado en fechas recientes el Ayuntamiento de Bilbao (30% de recorte) y la Diputación Foral de Bizkaia (50%).

En todos los casos, se trata de un recorte exponencial, muy por encima del corte medio (por ejemplo, el recorte del 36% en el Gobierno vasco se hace sobre un recorte general del 11%), lo que pone en jaque no sólo la consideración de política pública que la cooperación internacional había alcanzado en las últimas décadas, sino también la propia sostenibilidad de los procesos en marcha.

Lamentablemente, estos anuncios empatan perfectamente con un discurso muy básico, pero de eco creciente en medios de comunicación y ciertos ambientes políticos y sociales, que podría resumirse en la frase “primero los de aquí”. Según el mismo, lo que toca en época de crisis es priorizar el impacto sobre las personas nacionales, mientras que el resto (migrantes, personas y pueblos empobrecidos) deben desaparecer -o mantenerse en un plano residual- de las políticas públicas. De esta manera, se explicita que estas personas no son sujetas de derechos sino, en el mejor de los casos, simples beneficiarias de caridad para tiempos de bonanza económica.

Todo esta situación puede y debe ser mirada desde muy distintos puntos de vista, pero las y los abajo firmantes queremos incidir especialmente en el error no sólo ético, sino también político y estratégico que supone atacar de esta manera un principio global básico como es el de la solidaridad internacionalista -que es lo que se encuentra detrás de estos anuncios y discursos-.

Así, afirmamos de manera categórica que si esta crisis tiene su origen, sus causas estructurales, en el ámbito global, sólo podrá superarse desde una respuesta también global. En este sentido, el repliegue sobre uno mismo, más allá de las necesarias consideraciones éticas –olvidando compromisos con nuestros iguales, así como una historia marcada por el colonialismo-, no es sino un grave ejercicio de miopía política y estratégica, que genera y ahonda en las causas del fenómeno que supuestamente pretende enfrentar.

De esta manera, querer alcanzar soluciones locales y parciales a problemas estructurales y globales, no hace sino agravar la crisis y sus consecuencias más negativas. Las soluciones eficaces, muy al contrario, pasan por el aumento de la conciencia crítica internacional; por la articulación de actores y agendas comprometidas con la justicia y el bienestar global, y por las propuestas políticas que enfrenten de manera decidida los retos del cambio climático, el sexismo, la pobreza de personas y pueblos, la desigualdad y la vulnerabilidad sistémica. Por lo tanto, no necesitamos menos solidaridad internacionalista, sino mucha más.

Desde este punto de vista, consideramos que el anuncio del Gobierno Vasco es un error ético y político, cuya realización es necesario evitar, ahora que aún estamos a tiempo. Porque la cooperación es también una herramienta de solidaridad internacionalista, y juega un papel importante en este sentido. Por supuesto que hay que ser críticos –y autocríticos- con la cooperación internacional. Lo somos -sobre todo en su alejamiento de muchas otras luchas sociales- pero ello no nos lleva sino a querer fortalecer su potencial transformador. Porque, pese a todo, entendemos que la cooperación -y especialmente la vasca-, ha sido capaz de estrechar los lazos entre el pueblo vasco y otros pueblos empobrecidos en Sahara, Palestina, Cuba, Chiapas, Centroamérica, etc.; ha permitido la construcción de alianzas muy profundas entre agentes, instituciones y movimientos de aquí y de allá, que han dado frutos notables; y ha mantenido un nivel constante de crítica ante las crecientes asimetrías globales entre poseedores y desposeídas, entre mujeres y hombres, entre ricos y pobres.

Por todo ello, tenemos que defender la solidaridad internacionalista, en cualquiera de sus formas, también como cooperación internacional. Las personas y pueblos de este atribulado planeta somos como hermanas siamesas: nuestra suerte, nuestra realidad, nuestras vidas están indefectiblemente unidas. Esperemos que el parlamento vasco quiera superar esta crisis, y entienda que para ello es necesaria más solidaridad, no menos.


Firman: María Viadero (Mugarik Gabe), Eneko Calle (Paz con Dignidad-Bakea eta Duintasuna), Oskar Hernando (Bizilur) Mikel Diez (Herriarte-Entrepueblos), Eneko Viñuela (VSF Herrien Bidezko Elikadura), Iñaki Markiegi (Mundubat), Gonzalo Fernández (Hegoa), en nombre de la Plataforma de Movimientos Sociales y Cooperación.


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